El peligro en ciernes es enorme. En medio de una exasperante pasividad oficial, el malestar enorme del campo no retrocede. Tal vez esté sucediendo todo lo contrario. Es que el Gobierno no cumplió con el acta firmada hace apenas cinco días, mediante la cual se comprometía a reabrir inmediatamente las exportaciones de carne.
"No cumplir con este acuerdo es una provocación a los productores, que sienten que se les está mojando la oreja", dijo el vicepresidente de la Sociedad Rural, Hugo L. Biolcati.
Lo notable es que ese acuerdo fue firmado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y los representantes del campo, y debía tener vigencia el viernes, con la emisión de los Registros de Operaciones de Exportación (ROE), sin los cuales los frigoríficos no pueden embarcar. La industria de la carne trabaja actualmente al 30 por ciento de su capacidad instalada y gran parte de sus trabajadores fueron suspendidos y sólo cobran 600 pesos mensuales.
Las cuatro organizaciones agropecuarias de nivel nacional ratificaron antes de este fin de semana su estado de "alerta y movilización", pero sin cortes de rutas, pero los ruralistas no sabían si entre ayer y hoy domingo su llamado a no bloquear caminos rutas sería superado en los hechos.
"Sabemos que hay un porcentaje de independientes importante y que puede haber lugares en los que la bronca sea mayor, pero las entidades estamos pidiendo una actitud firme y digna de movilización permanente para defender lo que nos están prometiendo y no nos dan. La gente entiende que estamos en estado de vigilia", advirtió Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
No es inimaginable que en algunas localidades del Interior los productores independientes impidan la circulación de camiones que transporten granos, tal como trascendió el viernes en una asamblea realizada en la ciudad bonaerense de 25 de Mayo.
"Hasta ahora, no vemos ningún tipo de reacción de lo que se promete. Mucho habría ganado el país en su conjunto si cuando se dieron cuenta de que se habían equivocado hubieran vuelto para atrás con la medida", dijo Llambías.
Con la tregua agraria finalizada el 1º de mayo, el campo reagrupó fuerzas y trazó sus primeros planes para afrontar los embates del Gobierno. En la Casa Rosada, sin embargo, se siguen imaginando que pueden ponerlo de rodillas sin mayores costos.
La Sociedad Rural, la Federación Agraria, Confederaciones Rurales y Coninagro marchan ahora juntas a una "etapa de movilización", tras un mes de debates bastante estériles con el Gobierno. Nadie piensa en el campo que las espinas principales fueron extirpadas: diversas cuestiones centrales siguen aguardando solución.
Eduardo Buzzi, el presidente de FAA, piensa que lo importante es desarrollar de ahora en más, una campaña de movilización y desenmascaramiento de "quiénes son los que ganan en la Argentina".
Es que la propaganda gubernamental satura con la tesis de que una torva "oligarquía" manda en el campo argentino. Con un lenguaje clasista reminiscente de la retórica tercermundista de hace 35 años, los publicistas de Balcarce 50 se enardecen contra de lo que califican como avaricia de una burguesía rural rapaz y emborrachada de dólares, primitiva y retardataria.
La campaña oficial prendió entre algunos intelectuales. La cineasta Albertina Carri, por ejemplo, dice en un reciente reportaje que el reclamo del campo es "injusto y desmesurado" y asegura que la protesta rural fue protagonizada por "patrones fantasmas que defienden sus casas de la Recoleta".
Carri, cuyos conocimientos sobre la problemática del campo argentino eran hasta ahora desconocidos, es hija de un sociólogo montonero desaparecido en los años Setenta.
Pero en la calle es sencillo advertir que los alegatos de la propaganda oficial no son creídos y además suscitan una fuerte irritación.
Las entidades agropecuarias no se han dividido y siguen de ahora en más cursos de acción complementarios. Asambleas de pequeños productores y cónclaves locales y regionales apenas detectados en la hosca y despreciativa Buenos Aires marcan el período que arranca este fin de semana.
El desenlace de las negociaciones del campo con Alberto Fernández es un albur. El campo aguarda la audiencia de pasado mañana, aunque sabe que el atribulado Alberto F. abarca más asuntos y conflictos de lo que conviene y corresponde.
Últimamente, ha cargado con inusual amargura contra la oleada de versiones pesimistas que rodea su accionar. Habla todo el tiempo de disparates, imbecilidades mediáticas y estupideces en su contra, ardides que –asegura- se proyectarían contra él.
Prevalece un sistema de toma de decisiones absurdamente centralizado y, lo más grave, personalizado, todo lo contrario a un sistema razonable de decisiones tomadas en equipos y operadas de manera institucional.
En el Congreso nada importante acontece. Ha sido relegado merced al apoyo obediente de una mayoría que ha resuelto automarginarse de la historia en aras de la lealtad a la Casa Rosada. Basta comparar a los actuales capataces parlamentarios del oficialismo con figuras parlamentarias de los últimos 25 años para sacar conclusiones deprimentes.
Lo que se percibe en la Argentina es una pulseada constante, dura y sistemática, entre el desnudo poder ejecutivo de los que mandan y una galaxia de categorías sociales, económicas y políticas que lo desafían.
Los productores agropecuarios ya no están protestando con cortes y desabastecimiento. Permanecen en estado de alerta y avalan a sus dirigentes en la negociación. Nadie quiere bloquear rutas, pero el problema es que Cristina Kirchner quisiera dejar de lado el absurdo de las retenciones móviles, pero no quiere que se sospeche que ha aflojado o que confiese haberse equivocado.
En Venezuela, el régimen del teniente coronel Hugo Chávez estatizó la planta de acero Sidor, el 60 % de cuyo capital es de la argentina Techint, mientras que en Bolivia, el gobierno de Evo Morales anunciaba que controlaría las empresas de hidrocarburos en su país, empezando con la estatización de Repsol YPF y la expropiación de las otras tres petroleras.
Dijo Chávez que "vamos a transformar a Sidor en una empresa socialista, del Estado socialista, de los trabajadores socialistas para impulsar la revolución bolivariana". Sidor es la mayor acería de Venezuela y había sido comprada en 1997 por Techint a un precio de 1.200 millones de dólares.
Con la Venezuela de Chávez teñida ideológicamente de rojo, Bolivia sigue los pasos. Morales y Chávez demuestran el rumbo ideológico de una parte minoritaria de la región, aunque Evo Morales admite que "no es posible, a veces por muchos factores, abolir las normas que forman parte de un sistema capitalista".
Las restatizaciones y la ofensiva tenaz de un poder estatal manejado por caudillismos unipersonales dibujan una América Latina marcada por nacionalismos similares a los intentados por las Fuerzas Armadas en los inicios de los Setenta.
Si ese recalentamiento ideológico encarnado por estos casos tiene peso específico indudable, también hay prudencia y seriedad llamativas en gobiernos democráticos y populares, como los de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, mientras que el presidente electo Fernando Lugo ya advirtió que Paraguay no se alineará por la ruta del chavismo.
Si los regímenes de Caracas y La Paz se proyectan como símbolo de excesos y desequilibrios históricamente ya reprobados, no resulta claro en cambio determinar hacia donde se dirigen los Kirchner, si al pasado al futuro.
Jugando con fuego
El periodista Pepe Eliaschev hace un profundo análisis de la semana que se fue y de la que se viene.