Por Pepe Eliaschev
En las últimas semanas, al gobierno de Cristina Kirchner le vienen pegando con dureza desde ámbitos de izquierda o militantes que antes se identificaban con ella y con el "modelo". No es la palabra de los enemigos, ni siquiera de los adversarios. Tampoco es el discurso opositor, ni integra una "operación basura" montada desde los Estados Unidos.
Es preciso tenerlos en cuenta, aunque en la Casa Rosada aseguren que a ellos nadie los corre "por izquierda", aunque desde luego no les importa que lo hagan "por derecha". Hay un inicial diagnóstico temible: dicen que "el proyecto que llevamos adelante en estos años desde el kirchnerismo está en problemas, tanto en el terreno económico como en el social y el político".
¿Las razones? Hay que responder a esa pregunta que enferma a un gobierno que hizo polvo la estadística de costo de vida: "a pesar del crecimiento de estos años y de que las cuentas de la macroeconomía están en orden, la inflación no se detiene, y -peor aún- aumenta. Se deterioran con ello los ingresos de amplios sectores y en particular de los más humildes, crece poco a poco de nuevo la pobreza, se revalúa también el peso y se afectan con ello sectores expuestos a las importaciones, etc.".
Estas son palabras que no provienen de la Unión Cívica Radical ni de la Coalición Cívica. Tampoco las firma PRO, ni la Sociedad Rural. Las suscribe Humberto Tumini, jefe del Movimiento Libres del Sur, subrayando el vacío político ante el cual se maneja el oficialismo: "Disminuye el consenso político hacia la administración de Cristina Kirchner, en particular en las clases medias; y se hace más pasivo el apoyo en los trabajadores y los humildes. No andan bien las cosas".
La propia Hebe de Bonafini, socia activa y reconocida beneficiaria de la generosidad de los Kirchner, hasta anduvo escupiéndole el asado al Gobierno. Hace 72 horas denunció desde la Plaza de Mayo que Alfredo D’Angeli, uno de los dirigentes de la Federación Agraria, es el actual dueño de las tierras del suicidado Alfredo Yabrán.
"Las siembra, las hace producir, se agarra (sic) la plata, la reparte, nadie sabe muy bien". Continuó la Madre Hebe: "o sea que nos queda bien claro quienes son estos hijos de mil putas (sic), que nos quieren hacer creer que son los dueños del país. Son los fachos (sic), son la derecha, son la última ralea".
Tras estas palabras, que patentizan su violencia y descontrol proverbiales, Bonafini la emprendió contra nichos kirchneristas: "todos los que se juntan con ellos son igual que ellos, no están equivocados. No vengan a decir que después se confundieron. Nos da vergüenza que haya gente que se dice de izquierda que se junte con esa basura (sic). Desde la Secretaría de Agricultura, ahí donde está Javier de Urquiza (…), desde ahí les pasan a los grandes señores, no les dan a los pequeños productores. (…) Parece que un toco (sic) grande de plata les dan a estos, no a la Rural, pero más o menos los que están ahí, y esa plata hay que dársela a los pequeños productores, al hombre que siembra, al hombre que labura, al hombre que pone el cuerpo".
Para el dirigente de Libres del Sur, expresión de una izquierda neta pero razonable que nunca estigmatizó a los Kirchner, de todos modos no hay nada que hacer, porque "la inflación va afectando los ingresos de los sectores populares y también el tipo de cambio, corazón del modelo de reindustrialización en marcha".
Si éstas son las facturas a cobro que le extienden a su manera Tumini y Bonafini al gobierno de Cristina Kirchner, las organizaciones populares de base que militan al margen de partido políticos orgánicos y siguen blindadas contra la capacidad corruptora de las prebendas oficiales, aumentaron en las últimas horas su activismo contra el Gobierno, mientras van incorporando como propio el tema del costo de vida.
Seamos claros: no es gente de Recoleta, Barrio Norte o Puerto Madero. Tampoco tienen mansiones en Punta del Este ó Cariló. Fueron ellos que lanzaron una campaña nacional "contra el hambre, la inflación, por la socialización de la riqueza y la soberanía alimentaria"
Se trata de un espacio en el que se reconocen el Frente Popular Darío Santillán, el Frente de Organizaciones en Lucha, el MTD Aníbal Verón Nueva Fuerza, la Federación de Organizaciones de Base y la Coordinadora de Trabajadores Precarizados. En consecuencia, y como se ve, no son la supuesta "oligarquía sojera" que suele denunciar la prensa manejada por el Gobierno. Por eso, impresiona que subrayen que "los grandes ganadores de las políticas neoliberales aplicadas para el agro por el gobierno de los Kirchner, se disputan parte de la extraordinaria renta de la tierra y los cuantiosos dividendos que deja la exportación de alimentos".
Como tema central que marca la etapa de agudo deterioro de la gestión oficial, esa inflación padecida por la sociedad, denunciada por la oposición, negada y descuidada por el Gobierno, desde bastante antes que asumiera Cristina, es para Tumini, por su parte, "una consecuencia generada por la concentración de la ganancias y viene golpeando desde antes del conflicto agrario".
Hay una pelea en el interior del sistema gobernante que suscita escándalo en sectores imposibles de calificar como "gorilas". Según los militantes del Frente Darío Santillán, "mientras en las alturas del poder económico se desenvuelve esta feroz disputa por un botín que representa mas de 2500 millones de dólares, la consecuencia más directa para los millones de mortales que vivimos de un ingreso fijo mensual es, una vez más, la exasperante aceleración del aumento de los precios".
¿No es impresionante esa coincidencia de pareceres dentro del espacio de los que disienten con el discurso y la práctica oficiales? Allí se incluyen desde quienes antes se los llamaba "de izquierda", como quienes eran descriptos como "de derecha.
"Aunque el Gobierno dibuje descaradamente los índices, todos constatamos al momento de comprar cualquier producto que los precios han aumentado cerca del 30 por ciento en el último año", marcan a fuego los militantes del Frente Santillán, una organización que lleva el nombre del joven piquetero asesinado en Avellaneda hace casi seis años, durante el gobierno de Eduardo Duhalde.
La gente de Libres del Sur menciona que "en los últimos meses, la carestía de la vida ha determinado que vuelva a aumentar, en número de otros dos millones, la cantidad de personas por debajo de la línea de pobreza. Con esto, la cantidad de argentinos que no alcanzan a cubrir el costo de la canasta básica de alimentos supera ya los 11 millones". Es que escenario de casi inmanejable conflictividad social que marco de 2001 a 2003 ha cambiado, pero en modo alguno ha aflojado.
Según un seguimiento del Centro de Estudios de la Nueva Mayoría, los cortes de ruta por protestas desde el 1º de enero hasta el momento, ya superan los de 2001 y 2002, pese a las diferencias económicas y políticas con la crisis que marcó el derrocamiento del presidente Fernando de la Rúa. Hasta el domingo 18 de mayo, este año hubo en la Argentina nada menos que 2539 cortes de rutas y caminos, contra 1383 en todo 2001 y 2336 en todo 2002.
La perpetuación de esta conflictividad es explicada en la izquierda kirchnerista. Tumini asegura que "en lo social la base del problema reside en que el Gobierno ha ido girando en sus acuerdos fundamentales hacia los sectores más concentrados de la economía y a la dirigencia sindical tradicional".
Es creciente la coincidencia en diversos sectores que asumían a los Kirchner como seria promesa de cambio en la política. Ahora no hay dudas de que se hizo a un lado el desarrollo de una fuerza política nueva, expresión organizada del "proyecto" que decían alentar hace pocos años.
Radicales K como el santiagueño Gerardo Zamora y el rionegrino Miguel Sáiz, o socialistas como el bonaerense Oscar González, deberán finalmente optar entre ser furgón de cola del Partido Justicialista o preservar sus identidades partidarias en clave de oposición al Gobierno. Como se lamenta Tumini, "con la asunción de Kirchner a la presidencia del Partido Justicialista vamos a que este partido, desgastado ante gran parte de la sociedad, sea la columna vertebral de la construcción política del Gobierno".
Hasta anoche, el Gobierno parecía feliz con la presunción de que el acto montado en Salta con la presencia comprada de millares de habitantes del Gran Buenos Aires acarreados por la Casa Rosada, será una lección para la oposición y el mundo agropecuario.
En el Gobierno no pueden (o tal vez no quieren) tomar nota de que su gestión perdió representatividad transformadora y civil.
Crece la percepción, soterrada pero fuerte, de que el dedo levantado y admonitorio, y los cotidianos retos de la Presidente, ya son cada vez menos tolerables para ámbitos cada ves mas gruesos de la sociedad.