El largo conflicto entre el Gobierno y el agro convirtió a Gualeguaychú en un nuevo termómetro del escenario político nacional, posición que alcanzó con el impulso directo de la lucha que allí se mantiene contra la pastera de Botnia.
Convertida en el epicentro del paro que los ruralistas mantuvieron por más de veinte días en gran parte del territorio nacional, la ciudad entrerriana adquirió una renovada significación al entrelazarse este reclamo con la protesta de los ambientalistas, ambas con características muy similares.
La constante lucha por la relocalización de la papelera finlandesa Botnia permitió que la semilla del reclamo del agro prendiera con fuerza entre los vecinos y productores locales, quienes participaron activamente de todas las protestas y cortes de ruta.
Así, con el conflicto por la planta de Botnia en suspenso a la espera del fallo de la Corte Internacional de la Haya, Gualeguaychú volvió a convertirse en un territorio incómodo para el Gobierno de la presidenta Cristina Kirchner.
Sin dudas, uno de los nexos entre las dos reclamos fue el titular de la Federación Agraria entrerriana, Alfredo de Angelis, dirigente del campo que muchas veces se puso al frente de las manifestaciones en rechazo a la planta de celulosa instalada en la ciudad uruguaya de Fray Bentos.
El protagonismo de Gualeguaychú en el marco del paro de productores agropecuarios fue incrementándose día a día, alcanzando su punto máximo durante la jornada de este domingo, al convertirse en el punto elegido para anunciar la suspensión por 30 días de los cortes de rutas y las protestas en rechazo a la política oficial de retenciones.
Los titulares de la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Federación Agraria Argentina (FAA), Confederaciones Rurales (CRA) y Coniagro, coincidieron en el multitudinario acto en Gualeguaychú, que sirvió para dar señales de su claro su poder de convocatoria, a pesar de haber frenado las medidas de fuerza en pos de una nueva instancia de diálogo con la Casa Rosada.
El nuevo termómetro político del país
Gualeguaychú se ha transformado en la ciudad que mantiene en vilo al escenario político, por sus luchas contra las pasteras y, ahora, el paro agrario.