Días de humo e intrigas políticas

El análisis de la semana política –reuniones con el campo, incendios de pastizales e interna del PJ- a cargo del periodista Daniel Casal.

Néstor Kirchner, el hombre político de la semana. Foto: NA
Néstor Kirchner, el hombre político de la semana. Foto: NA

En estos días en que el humo se metió en la vida de buena parte de los argentinos, las intrigas políticas estuvieron a la orden del día y dejaron abiertos interrogantes para el tiempo por venir.

El precario acuerdo por la carne sacado con fórceps el jueves por la noche, lejos de aplacar el ánimo de los dirigentes más duros del campo, los convenció de la necesidad de seguir con las protestas.

Algunos de ellos estarían gestando una gran marcha rural sobre la Capital, con caballos y maquinaria agrícola incluida.

Sería una nueva forma de lucha ante la posibilidad de que termine fracasando la negociación con el Gobierno y porque consideran que los cortes de ruta podrían volverse contraproducentes para los productores.

Claro que este no es el pensamiento del entreriano Alfredo De Angeli, quien ganó una trascendencia nacional que lo hace soñar con un pase a la política.

Desde que se bajó del camión, donde daba sus arengas a los productores de Gualeguaychú, comenzó a recorrer pueblos en los que es recibido por no menos de 10 ó 15 mil personas.

Lo que no se dobla, se rompe
Frente a este marco, el Gobierno de Cristina Kirchner debería prestar atención a aquella vieja frase que indica que todo aquello que no se dobla se termina rompiendo.

Y lo debería hacer en virtud del agotamiento que se observa de un modo de hacer política en base a la confrontación.

En la semana que pasó, por caso, mientras los negociadores oficiales y los directivos del campo hacían denonados esfuerzos para encontrar puntos de acuerdo, se sucedían las agresiones.

Varias de ellas, por parte del secretario Guillermo Moreno, enviado directo del ex presidente Néstor Kirchner, quien no termina de digerir que los chacareros no hayan aceptado una "rendición incondicional", según eran sus intenciones.

En su tiempo, la intransigencia le dio muchos dividendos, como en sus luchas por los derechos humanos, en contra de Eduardo Duhalde, Juan Carlos Blumberg en el momento de su apogeo, y contra los economistas ortodoxos, entre tantos otros.

Pero la realidad indica que los tiempos han cambiado, ya que la primera gran pulseada que emprendió Cristina fue con la gente del campo, que le ha dejado un desgaste impensado.

Justamente con ese sector que había sido uno de los grandes respaldos del Gobierno anterior, sobre todo gracias al modelo económico basado en el tipo de cambio alto.

Pero el peso se fue revaluando sin pausa y cuando se anunció el aumento de las retenciones explotó el conflicto.

Hay relevamientos de opinión en las provincias donde se sintió más la protesta, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, donde la imagen negativa de la Presidenta llega a niveles de entre 60 y 70 por ciento.

No en vano Nestor Kirchner incluyó en las lista del PJ nacional -que la semana que viene designará a sus autoridades- a Carlos Reutemann y Juan Schiaretti, cuestionados desde la Rosada por apoyar a los productores.

Pero como la necesidad tiene cara de hereje también fue incluido el gobenador Mario Das Neves, quien, a priori, iba a quedar al margen de cualquier lista por haber pedido la renuncia del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, por su participación durante la protesta agraria.

Para éste se guardó un lugar de importancia, con lo que quedaron desvirtuados los rumores de renuncia que arreciaron durante las últimas horas.

A veces, alentadas por él mismo cuando admite cierto cansancio por un trabajo que lo ubica en el centro de todos los problemas que pasen por la Rosada.

Para colmo, la lista K cayó mal en el PJ porteño, donde aseguran que Alberto Fernández se cortó solo y arregló los nombres con Kirchner sin consultar a nadie.

Incluso, según trascendió, el Consejo directivo podría evaluar la separación del jefe de Gabinete como secretario general del distrito.

Lo cierto es el ex presidente abrió una paraguas lo suficientemente amplio para albergar allí a gran parte de la dirigencia justicialista.

Abrigarse en el edificio histórico de PJ
Esto refleja la necesidad política del gobierno de buscar abrigo en las estructuras partidarias, algo que nunca lo sedujo en demasía.

Es que los combates por venir no son menores, como con la dirigencia agropecuaria o con los medios por la nueva Ley de Radiodifusión.

Pero, más que nada deberá recuperar crédito ante la opinión pública.

Para ello, la Presidenta tendrá la tarea de evaporar la presunción, o el convencimiento, que el poder central tiene un solo comando y es manejado desde Puerto Madero, centro de operaciones del ex jefe de Estado.

Además, se va dando un resquebrajamiento de la alianza inicial que alentó ese gobierno, ya que primero se fueron los transversales, como Luis Juez y Hermes Binner, y ahora comenzaron su huída los radicales K, entre ellos del gobernador de Catamarca, Brizuela del Moral, y varios intendentes.

En este río revuelto, la que parece cosechar más es Elisa Carrió, quien busca con afán conformar la "pata peronista" en su Coalición Cívica.

Su pragmatismo le indica que a la Argentina no se la puede gobernar sin el partido que ha sido hegemónico en buena parte de los últimos sesenta años.

Por su lado, Gerardo Morales intenta retrotraer la diáspora que dejó anémico al radicalismo, y ya abrió las puertas a los denominados  "radicales k", desencantados con la escasa participación que les permite el oficialismo.

Mientras tanto, Mauricio Macri se centra en los resultados de su gestión en la Capital, y aún no mostró las cartas necesarias que lo deberían ubicar en la arena de la política nacional.

La oposición se entusiasma ahora con encontrar nuevos flancos débiles del gobierno para operar por ese lado.

"Si al gobierno ya le entró una bala, ahora le van entrar varias", se entusiasmaba un dirigente opositor, con un lenguaje de cierta estirpe callejera.