Las intimidades del vicepresidente Julio Cobos

El mendocino habló de su infancia, de su adolescencia, de cómo conoció a sus esposa y de las mujeres que le quitaron el sueño. Fue sometido a una entrevista que tuvo de todo, menos preguntas de coyuntura política. Entrá en la nota y leé los párrafos más sobresalientes de la entrevista.

El diario publicó una nota sobre el vicepresidente.
El diario publicó una nota sobre el vicepresidente.

El vicepresidente Julio Cobos mostró una cara diferente en una entrevista concedida al diario Crítica de la Argentina, que conduce Jorge Lanata. El ex gobernador mendocino fue sometido a una serie de preguntas que lo pusieron incómodo, pero que no tuvieron nada que ver con la actividad política del país ni de la provincia.

Esta vez, a Cobos le tocó hablar mujeres, fantasías con estrellas del mundo del espectáculo, su infancia, su adolescencia y lo cerca que estuvo de participar de una guerra como oficia de reserva del Ejército.

El diario le dedicó al vicepresidente dos páginas (12 y13) de su ejemplar de día domingo, y una de las notas más “ligth” dentro de los artículos de investigaciones publicados y que, en la mayoría de los casos, involucró al gobierno.

Acá te contamos los  párrafos más sobresalientes
–¿Si en un baile una chica le decía que no se sentía frustrado?
–En mi época no se usaba eso. Teníamos grupitos, entonces cuando salíamos a bailar ya íbamos en pareja. No es como ahora que van sueltos. Lo que tal vez pasaba es que cuando iba a bailar a Junín con mis primos, que eran de Chacabuco, tenía más éxito por ser forastero. En cuanto terminé el Liceo, me dejé el pelo largo y me puse los pantalones Oxford.

 –¿En esa época miraba revistas eróticas y películas condicionadas?
–Sí, seguro. Es normal. Nos juntábamos con los amigos y mirábamos. Pero era difícil conseguirlas, no es como ahora que uno puede comprar una en un kiosco. Averiguábamos en qué cine daban las películas de Armando Bo, pero era toda una historia porque teníamos 16 años y era difícil entrar. Yo siempre aparentaba menor edad así que me costaba muchísimo.

–¿Isabel Sarli era su ícono sexual?
–Y... A mí la que me volvía loco era Zulma Faiad. (Risas) Susana Giménez y Graciela Alfano.

–¿Se acuerda de su última borrachera?
–No, nunca me emborraché.

–¿Nunca?
–Nunca. En realidad no me gusta el whisky.

–Pero no hace falta tomar whisky para embriagarse, con algunas copas de vino alcanza...
–Bueno, sí. Uno puede quedarse un poquitito mareado, pero tengo cultura alcohólica.
 
–¿Sí? Uno tiende a pensar que el vicepresidente tiene alguien que le cocina...
–Nooo... el vicepresidente hace asados. Ya he hecho un montón de asados, hago milanesas y hacer muy bien las pastas. Amaso. Hago unos tallarines espectaculares. Mi señora se enoja porque dejo todo hecho un lío.

 –Usted parece un hombre muy formal, ¿quién sería su opuesto?
–Charly García. No tiene nada que ver con mi vida. Sin embargo, lo admiro. Una vez, estábamos con mi esposa en un hotel de Pinamar, donde se encontraba alojado Charly García, y de repente escuchamos un ruido como una explosión. Mi señora me miró y me dijo: “Alguien cayó del balcón”. Y yo le respondí: “Charly García”. Dicho y hecho, hizo lo mismo que en Mendoza tiempo atrás. Se había tirado del piso tres y salió de la pileta sólo con unos raspones. Saludó y se fue.                

 –Cuando llegue a la vejez, ¿qué no se perdonaría no haber hecho?
–Seguramente voy a querer dedicarles más tiempo a mis nietos del que les dediqué a mis hijos. Después me gustaría viajar más. De hecho, me fui de mochilero a San Martín de los Andes con 16 años, a pesar de que mis padres no querían.

–¿Ese es el viaje que hizo en moto?
–No. Eso es otra cosa. Lo que sucedió es que cuando estábamos en sexto año de la facultad, decidimos hacer un viaje de egresados a Brasil en moto y nos compramos una moto cada uno del grupo de amigos. Pero no pude hacerlo porque me incorporaron como subteniente en el conflicto del Beagle. En el Liceo me había recibido como bachiller y subteniente de reserva. Estuve destinado a Tupungato, a Campo de los Andes, y luego marchamos al paso Pehuenche. El hijo de Videla estaba en el mismo regimiento que nosotros.

–¿Usted qué función tenía?
–Era jefe de la sección apoyo. Era el que iba abriendo el camino con morteros a la infantería. Le pedí a mi superior para ensayar y me dijo que no me hiciera problema porque me iban a mandar un sargento de comando. Pero yo le fijaba los blancos y le terminaba pegando a cualquier lado. Entonces, mis  compañeros me decían: “Cleto, te tenemos más miedo a vos que al enemigo”.

Te damos el link del sitio en internet para que puedas leerla. El título lleva una frase del mendocino que dice todo: "Me volvía loco Zulma Faiad"