Lo blanco es blanco y lo negro, negro

Ante el reciente traspié legislativo para nominar al responsable del Iscamen, el gobierno decidió mediante sus declaraciones arremeter contra el sistema de votación a través de bolillas y también, contra la propia Constitución. El juego democrático enseña que no siempre se puede ganar, y que en caso de perder, urge aceptar las reglas, más que enojarse con el resto de los jugadores.

El reciente traspié del gobernador Celso Jaque en la Legislatura, al momento de la votación del candidato oficial para el Iscamen, el ingeniero Lorenzo Ferretjans, puso blanco sobre negro algunas reacciones. Especialmente del propio Jaque, quien con el resultado puesto y ante el evidente fracaso de su postulación no pudo más que arremeter contra el sistema de votación previsto en la Constitución provincial, y por el cual se avala a diversos funcionarios, mediante la colocación de bolillas blancas o negras, según el acuerdo o el  desacuerdo del legislador con el postulante.

En el oficialismo, más que recapacitar sobre el manejo político que hicieron del pliego del ingeniero Ferretjans, culparon a quienes eligieron introducir una bolilla negra, de cobardes y también de poco transparentes. Una acusación que resulta algo más que un exceso, cuando –en todo caso- los que tomaron esa decisión no hicieron más que optar por una de las instancias constitucionales previstas.

No conformes con esto, también se puso en tela de juicio este sistema, acusándolo de vetusto, obsoleto y que permitía el anonimato; y por ende, la realización de trapisondas, venganzas y arreglos subrepticios, sin que se conociera a los autores de tales picardías.

Asimismo, resulta mucho más arriesgada la apreciación oficial, si se considera que muchas de las bolillas negras –según diversos análisis políticos y matemáticos- fueron colocadas o por el propio PJ, o por sus bancadas asociadas (léase: Partido Demócrata, ARI y UCR). Tomando en consideración para ello que el único bloque que declaró (antes y después) haber votado en contra fue la Concertación.

Sin embargo, no contento con esto y a partir de este episodio, desde el Gobierno se intentó reabrir un debate que se creía superado. Y es aquel que resulta de la discusión sobre si las bancas pertenecen a los legisladores o los partidos. Se supone así, con pequeñez, que si las bancas pertenecieran a los partidos, y estas votaciones fueran nominales y públicas, las decisiones de los legisladores serían –obviamente- uniformes, disciplinadas, grises. Tal cual como quiere el poder de turno, en este caso, el Ejecutivo.

Justamente, con sapiencia, nuestra Constitución garantiza la libertad de conciencia de los legisladores para que ninguna embestida partidaria, ni ninguna bravuconada de ninguna especie altere el sentido de su voto. Con el mismo espíritu, introduce el sistema de bolillas para que ninguna influencia pueda interponerse entre la voluntad del legislador y su decisión final. Es un antídoto contra los “levantamanos” y la obediencia debida partidaria, que a menudo aparece en todas las votaciones de cualquier proyecto o ley.

Probablemente, en este caso puntal, se haya cometido un error con el ingeniero  Ferretjans, quien superó con éxito y sin cuestionamientos la audiencia pública, y de cuya idoneidad técnica y profesional nadie puso en dudas. Sin embargo, para acceder a estos cargos, como también a la dirección de la Dirección General de Escuelas, Irrigación u Osep, entre otros, se requiere también un aval político, que no pudo ser superado. Ello no implica que se deba avanzar sobre la Constitución, pues eso significaría un grave síntoma de intoleracia y escasa capacidad de convivencia democrática.

Deberá entender el gobernador Jaque que estas son las reglas del juego, y que si pierde, no se puede enojar con el juego o con sus reglas, sino que deberá modificar su forma de jugar si quiere ganar. Ya lo padecieron en carne propia algunos de sus antecesores como Roberto Iglesias y también Julio Cobos, cuando por este mismo método les bocharon a sus candidatos para la Fiscalía de Estado (Joaquín De Rosas) e Irrigación (Francisco Morandini), respectivamente.

Jaque tiene que defender el juego institucional y de poderes, pues hace a la escencia republicana, tolerar la diversidad, alimentarse de ella, y saber que en democracia, lo negro es negro, y lo blanco, blanco.