Cuentan los heraldos de aquellos tiempos -los que en las noches recrean sus historias alrededor del fuego de la aldea- que Julio César Cleto "el afortunado" tuvo una infausta tarde en aquel incipiente veranito. Los trovadores, munidos de laúdes, cítaras y bandurrias; solían cantar con sus afinadas voces aquella anécdota que viajó de pueblo en pueblo. De acuerdo al relato, "El afortunado" era uno de los principales invitados a una fiesta, donde prominentes miembros de la aldea inauguraban una gran obra, plena de tecnología. Vibraban los tambores con toda su intensidad, batiendo los parches de antílope asentados en buena madera, anunciando el momento esperado. Los propietarios de la obra, sus empleados, invitados especiales de tribus vecinas, amigos, y la gran familia nacional de la centenaria tribu de la Avenida San Martín aguardaban ansiosos el momento en que Julio César Cleto pusiera el dedo en el botón para poner en marcha el futuro.
Y así lo hizo.
Pero la maquinaria se negó a obedecer los desginios del vicepresidente. Y no arrancó. Su voto fue "no positivo".
Los más memoriosos recuerdan a otro gran jefe, Carlos Saúl I, quien también debió poner su dedo inaugural pleno de energía en obra similar, de tribu vecina, con la misma suerte.
Desde aquella impiadosa tarde-noche de veranito, a Julio César Cleto ya no le dicen "el afortunado".
Cleto, el afortunado
Como le sucediera a un famosísimo ex presidente argentino, también Julio César Cleto metió ayer el dedo en el botón equivocado...