La factibilidad de cualquier economía está dada por la disposición que sus emprendedores tienen para encarar nuevos negocios, pero también por las reglas del juego que el Estado les brinde. En ese sentido, Argentina en general y Mendoza en particular, exhiben un mal clima de negocios provocado por distintas razones, algunas de origen macroeconómico, y que en los últimos días se ha visto aumentado por la crisis que afecta a la economía mundial. Sin embargo, hay otros indicadores que son propios de nuestra realidad local, y que se reflejan en distintas demoras: recupero de cheques rechazados, obtención de financiación, tramitaciones para constituir sociedades anónimas, entre otras variables.
Mendoza conjuga además un peligroso cóctel que incluye burocracia, y leyes o disposiciones provinciales o municipales obsoletas que complican aún más el contexto general. Da la sensación entonces, que para poder invertir, para crecer, hay que caer en las trampas que plantea el sistema.
Como parámetro internacional puede mencionarse que en Europa, mientras Georgia tiene el primer lugar como país con "facilidad para hacer negocios", la Federación Rusa, está en el puesto número 22, según publica el sitio doingbussiness.org, especializado en este tipo de mediciones en 181 países.
En ese mismo ranking, y en relación con las facilidades para los negocios, Argentina está en el sitio número 23, superado por países que a priori, parecen tener un grado de desarrollo menor como Antigua y Barbuda (4), Colombia (5), Bahamas (6), Perú (8), Jamaica (9), El Salvador (12), Trinidad y Tobago (15), República Dominicana (18), Nicaragua (20), Uruguay (21) o Guatemala (22).
Sin embargo, hay más. En la misma medición, en la variable "apertura de un negocio" nuestro país desciende al lugar 24, y pero aún, en "manejo de permisos de construcción", llega hasta el número 32. Eso sí, de los 10 ítems evaluados, Argentina sólo obtiene el primer lugar en "cumplimiento de contratos".
Ante esta realidad, de la que Mendoza no escapa, los empresarios se ven en la disyuntiva de resignarse a postergar sus proyectos, o procurar cumplirlos, aún incluso a riesgo de saltear procedimientos, o directamente incumplir las regulaciones. También hay responsabilidad privada por consentir estos problemas y buscar soluciones fáciles.
A su vez, desde el Estado, parecería que la única manera de sortear estos inconvenientes que no son de nadie, pero que nos afectan a todos, es legislar constantemente mediante la excepción.
Es momento de salir de esta encrucijada y que tanto desde el sector público como del privado, se generen mejores condiciones para el desarrollo de la iniciativa empresaria, sin perjudicar los necesarios controles que el Estado debe realizar de todo proyecto productivo.
El Sheraton es una gran inversión, una gran obra para la ciudad. Es una pena que su construcción haya sido cruzada por una larga serie de irregularidades que ponen en tela de juicio la capacidad del Estado para generar buenas condiciones de inversión, y las vulnerabilidades de un sistema que no es seguro para nadie. Ni siquiera, para quienes invierten.
Excepciones permanentes, burocracia y mal clima de negocios
Nuestro país en general y Mendoza en particular se ven amenazados por un enrarecimiento del clima de negocios, que parece condenar a la iniciativa privada a soportar dilaciones y burocracia. Por otra parte, si el Estado desea concretar proyectos productivos, éstos no tienen mucho margen sin caer en la siempre sospechosa excepción.