Marchena faltó a la reunión partidaria

Dio el portazo esta mañana y desde que dejó su despacho del 3º piso, Juan Marchena prefirió pasar el resto de la jornada en familia, según comentó su secretario privado. Así, y aún cuando fuera el presidente del PJ, Marchena decidió no estar en la reunión que esta noche se realizó en la sede partidaria que el partido fundado por el General tiene en una coqueta zona de la quinta sección.

Tampoco estuvo presente otro encumbrado dirigente últimamente kirchnerista. Roberto Picco, secretario general de la CGT y segundo al frente de la estructura partidaria, no apareció ni por asomo. Es que a esa altura del día, y para bajar el tono del acontecimiento que sorprendió a muchos e incluso shockeó al propio Celso Jaque, se sabía que en la reunión partidaria la renuncia del funcionario y alto dirigente no pasaría desapercibida.

Por eso, trascendió que la reunión se habría “pinchado” con numerosas llamadas telefónicas, para evitar que el conflicto se dilatara.

Quienes sí estuvieron fueron dos funcionarios allegados a Marchena. Se trata de Rubén Boris, jefe de gabinete, y Guillermo Etchevetz, secretario privado del ahora ex ministro.

Ya Boris había comentado a MDZ en la tarde, tras las escuetas palabras del gobernador, que “había diferencias metodológicas con varios ministros desde hacía tiempo”.

Y ahora, previo a la reunión, el jefe de gabinete sostuvo que, en cuanto a la relación tirante con Alejandro Cazabán, “hubo diferencias en el modo en cómo pueden gestionarse algunos temas de gobierno”.

Ambos funcionarios –que continuarán enGobierno hasta tanto asuma el próximo ministro- también se mostraron sorprendidos por la renuncia de su jefe político. Sí descartaron que Marchena continuará como presidente del PJ hasta el 2009, cuando vuelvan a elegirse autoridades. 

En la sede del PJ el clima era tenso, pero de entrada, el secretario del partido, Pablo Quinteros –que, tras saberse la renuncia, fue uno de los pocos que despotricó por la salida-, aclaró que “apoyamos al gobernador y las diferencias las arreglamos puertas adentro, cuando se vayan los compañeros periodistas”, afirmó tras sentarse a presidir el encuentro junto a un grupo de 20 militantes.

En su lugar, los militantes se esforzaron por organizar “la fiesta máxima de los peronistas”. De hecho, esta reunión había sido pautada desde hacía varios días con este fin, pero los acontecimientos políticos de la jornada hacían presagiar una ardorosa discusión.

Los ánimos estaban demasiado contenidos, pero cada tanto afloraban algunas bromas que descomprimían el ambiente y hacían evidente no sólo el descontento, sino las ganas de comenzar con el verdadero debate.

“Cuesta hacerse el pelotudo hablando tanta güevada”, señaló uno de los dirigentes en la mesa, para pasar al segundo tema según la orden del día, abroquelándose orgánicamente.

“El conductor es Jaque y todos nos encolumnamos detrás de él”, manifestó un peronista, como para cerrar el diálogo con los periodistas.