Antes que nada, definamos de qué estamos hablando cuando nos referimos a la "lealtad".
Lealtad: Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor. La lealtad es la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen los acuerdos, tácitos o explícitos. También se aplica a la conducta de ciertos animales que tienen especial relación con los seres humanos, como los perros o los caballos. La lealtad es un término estrechamente relacionado con la fidelidad, la confianza y la amistad. La lealtad es una virtud, un compromiso con lo que creemos, con nuestros ideales y con las personas que nos rodean. La lealtad está íntimamente ligada al carácter de una persona, a su valor y honor.
Seguidamente, escuchemos aquel discurso fundacional y veamos la dimensión del momento:
Repasemos aquellas palabras.
El 17 de octubre de 1945, el por entonces coronel Perón, liberado de su reclusión en la isla Martín García por la presión de los “cabecitas negras”, se dirigió a una multitud en Plaza de mayo y se impuso, en su discurso, como “el vínculo” entre los argentinos.
Fue allí cuando decretó, sin rango suficiente pero con poder real, la vigencia de la “lealtad peronista”. Esta unidad, dijo entonces, será “indestructible e infinita”.
¿Cuál era el objetivo de este vínculo, según las propias palabras de Perón? “Defender dignamente la felicidad”. Inmediatamente, como corresponde a todo líder, eligió a sus enemigos: “esa unidad –expresó- la sentimos los verdaderos patriotas”. Del otro lado, a partir de entonces, los infelices, los apátridas y los disolutotes de la argentinidad.
Unidad, felicidad y patriotas, entonces, de un lado; la gran “verdad peronista”. La única verdad, o la mismísima “realidad”, parafraseando la construcción del imaginario justicialista ideado a fuerza de machaque y discurso por político más relevante de la historia argentina.
“Los caminos de la lealtad son siempre rectos”, había escrito Charles Dickens mientras que Chesterton se había entretenido un poco más en la búsqueda de una explicación adecuada del término: “Es difícil dar una definición de la lealtad, pero quizás nos acercaremos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía en presencia de una obligación no definida”, dijo.
Veamos otro video: las instancias previas al discurso y el momento cúlmine. Aquel día en que la oligarquía habló del 2aluvión zoológico":
A Perón lo ayudó la época. La comunicación de masas y el “diálogo directo” con “el pueblo” lo reforzó con dosis de intervenciones mediáticas inéditas en la historia argentina, que sirvieron para atar aquella unidad que reclamaba más como exigencia que como quimera.
Pero el ensayista (no peronista) Juan José Sebreli considera que el modelo verbalizado y conseguido por Perón lo intentó imponer, con anterioridad, el radicalismo.
Ese partido era casi único en su época, frente a un socialismo minúsculo. “Y no hay democracia, o no hay sistema de partidos, si por lo menos no hay dos grandes partidos políticos”, dijo el mencionado autor, para agregar luego una definición importante para este análisis: “el único partido que quedaba, el radical, no se concebía a sí mismo como un partido, sino como un movimiento”.
A partir de allí, Sebreli definió al espacio que hizo cuajar aquel coronel el 17 de octubre de 1945: “El movimiento está concebido como la expresión del pueblo todo y de toda la nación. El papel natural de los partidos, de mediación entre la sociedad civil y el Estado, es reemplazado por la relación entre el líder y la masa. Estas son las características del movimientismo. Todos esos rasgos del primer radicalismo se irán acentuando luego y tendrán su máxima expresión en el peronismo”.
Lo cierto es que la palabra “lealtad” es la marca en el orillo que todo buen peronista exhibe, aunque no sepa cómo o quienes cumplir.
“Tengo asco por la lealtad en el sentido de la obsecuencia. Creo que es una virtud de los perros, no de los hombres”, le dijo el peronista Julio Bárbaro al diario Perfil, en abril.
Para Francisco De Narváez, empresario y diputado nacional, dirigente de un sector del PJ y lo que podría llamarse, un neoperonista, “para el peronismo la lealtad es una virtud. Para el kirchnerismo es la traición”.
Sin embargo, no hay peronista que se precie de tal que no haya acusado, al menos una vez en los últimos tres meses, al vicepresidente Julio Cobos de faltar a su “lealtad” con al presidenta con la cual compartió fórmula durante la campaña electoral, provengan de cualquiera de todos los peronismos en vigencia, ya que la lealtad no parece ser un recurso horizontal sino, más bien, como dijo Dickens, es un camino recto que conduce hacia un predeterminado “número uno”, en este caso, Perón. Y ya que no puede hablar, se lo interpreta, se lo media, se lo entiende y desentiende de diversas maneras. De allí, precisamente, las múltiples versiones de la lealtad peronista de hoy en día.
Finalmente, no hay 17 de octubre sin Marcha Peronista. Aquí, la versión de Hugo del Carril: