“Lo más difícil será demostrar que el comprador estaba al tanto de que existía una irregularidad. Hay casos en que, directamente, no tiene nada ver, pero igual termina involucrado en una investigación”, afirmaron diferentes fuentes aduaneras consultadas en relación con la causa abierta por el ingreso al país de autos con franquicia diplomática.
A nivel nacional, desde esa institución evitan hacer declaraciones. Reconocen que, tal como está presentado el caso, el escándalo tiene que ver, más que nada, con quienes importaron y luego vendieron los autos, y no tanto con los “ricos y famosos” que aparecen como compradores.
Ingresar autos al país a través de ese sistema implica una exención impositiva. No es ni más ni menos que un beneficio para sectores determinados. Sucede tanto con los diplomáticos como con discapacitados. En el primer caso tiene que ver con la función de las personas y los permisos son administrados por Cancillería; mientras que, para los discapacitados, es el Ministerio de Salud quien otorga los certificados.
Una vez que los funcionarios de otros países consiguen la franquicia, compran los autos con una reducción considerable en el precio final. Luego de un plazo de entre nueve y doce meses, y tras demostrar que el vehículo fue usado para fines diplomáticos, pueden ingresarlo normalmente al mercado de compra y venta.
Si quien compró uno de estos vehículos pagó el precio normal de mercado, entonces no consiguió ningún beneficio y la diferencia económica de la operación quedó en manos de algún otro eslabón de la cadena armada en toda la transacción. De todos modos, no se descarta ninguna hipótesis: “quizá todos sabían de estar irregularidad; desde el diplomático que encargó el auto hasta el que lo compró”, comentan quienes más conocen del tema.
El mercado de autos importados
Para la mayoría de los despachantes de aduana, importar vehículos dejó ser un negocio a mediados de los ’90. Sin embargo, con el pasar de los años, la compra de autos en el extranjero –especialmente provenientes de países asiáticos- perdió la rentabilidad que supo atraer inversores durante el comienzo de la paridad monetaria y el ya olvidado uno por uno. Y se volvió a potenciar la comercialización de las marcas europeas tradicionales con concesionarias en Argentina.
Esta situación hizo que el Ministerio de Economía emitiera un listado de modelos de autos, camionetas y camiones homologados para ingresar con facilidad a Argentina. Se trata de vehículos con equipamientos más completos que los fabricados por las automotrices con plantas en nuestro país, Brasil o México, pero que siguen respondiendo a la misma empresa. En otros casos, pertenecen a líneas de lujo que históricamente tuvieron una gran aceptación en el mercado local, como Mercedes Benz, BMW, Volvo o Audi, por citar algunos ejemplos.
Como estas marcas tienen sus representantes en nuestro país, los compradores tienen un fácil acceso a estos vehículos. En cambio, en los casos excepcionales, para que un particular pueda comprar una Hummer -como las ingresadas con franquicia diplomática- debe conseguir, primero, un despachante mediante; después, un cupo que maneja y otorga la Secretaria de Industria, y luego deberá pagar un arancel que está compuesto por un combo de impuestos, cuyo costo hace que el precio final, a veces, llegue a duplicarse.
Importar un auto usado es un tanto más sencillo. Para hacerlo es fundamental cumplir con alguno de estos dos requisitos: ser argentino, haber vivido en otro país al menos un año y tener certificado de residencia, o ser un extranjero que viene a vivir a Argentina. En cualquiera de los dos casos, el trámite es relativamente sencillo y los aranceles son sensiblemente más bajos.
Cómo se maneja el negocio de los autos importados
Adquirir un auto de marcas no tradicionales en el mercado argentino no es sencillo. Los aranceles aduaneros son altos y sólo hay beneficios para casos especiales, como la franquicia diplomática o para discapacitados. Sin embargo, estos casos son utilizados para armar transacciones irregulares.