Hacía mucho que no había tantos peronistas juntos en el mismo lugar. Y de fiesta. Con la misma alegría compartida, los simpatizantes de Celso Jaque sacaron a relucir los bombos, la "marchita", las banderas con el rostro de Evita y su marido y se apropiaron del día. La frasecita "este sí que es un domingo peronista" corría como un estribillo entre las filas de los "compañeros" que acudieron al acto de asunción del nuevo gobernador, pero parecía una más de esas frases oxidadas que sólo salen a relucir cuando no hay mucho para decir o se tiene la sonrisa pegada a la cara.
Mientras un hombre desayunaba con cerveza, otro trajinaba las palabras cruzadas de una revista de actualidad y algunos artesanos comenzaban a montar sus puestos, la Plaza Independencia permanecía ajena a lo que estaba sucediendo en la Legislatura provincial. En tanto en el recinto Celso Jaque juraba como gobernador, puertas afuera decenas de uniformes, sacos y remeras con el logo del PJ se mezclaban ante la mirada atónita de numerosos turistas. Para ellos, perfectamente extranjeros, lo que sucedía ante sus ojos era extraño: en completo silencio este variopinto grupo de personas escuchaba en completo silencio las palabras que salían de un altavoz ante una puerta. "¿Qué es lo que pasa?", preguntaban en un castellano atravesado por acento inglés, portugués y hasta japonés. "Hoy asume el nuevo gobernador de la provincia", respondía la gente. "¿Y el gobernador dónde está?", replicaban. Ante la respuesta de "ahí adentro" se iban sin comprender cómo es que los mendocinos aplaudían a un parlante que hablaba y hablaba y hablaba, con una voz monocorde que no ocultaba cierta alegría.
Alegría como la de los "compañeros" que, recién bajados de la combi que los traía desde Malargüe, tomaban un café o se saludaban con efusivos abrazos y especulaban con el carguito que anhelan ocupar. "Yo vine para saludarlo al Celso". "Me han dicho que vos vas para la Dirección de Parques". "Yo con cualquier cosa me conformo". "No, Negro, yo no digo nada hasta que el Celso me confirme". Deseos y conjeturas se mezclaban como las palabras del crucigrama del señor de la plaza: casillero blanco, cargo negro y las respuestas al dar vuelta la página.
En la explanada de la Casa de Gobierno, la multitud de simpatizantes peronistas no ahorró ningún gesto para manifestar su alegría: puteadas, consignas, bombos, cantitos y gritos a viva voz contra Cobos y su ascendencia por línea materna. La escena con todos los funcionarios, inmimentes ex funcionarios, amigos y enemigos y familiares y arrimados ocupando los escalones de la Casa de Gobierno al mismo tiempo bajo el cielo ardiente del mediodía, evocaba una modesta versión del infierno. El extravagante escenario, presidido por Jaque y Cobos, con la muchedumbre aullando a sus pies, los ministros y secretarios sudando a sus espaldas y los impávidos granaderos cocinándose al sol como enormes muñecos de barro completaban una imagen pantagruélica. La de la atractiva y apestosa torta del poder.
Peronistas
Los simpatizantes de Jaque sacaron a relucir la "marchita", los bombos y las imágenes de Eva y Perón.