20-12-2001: el día que cambió el país

Hace seis años la gente decidió salir a la calle y oponerse al sistema económico, social e institucional que dejó al país sumergido en crisis y caos.

Una postal. Argentina quedó inmersa en un caos institucional.
Una postal. Argentina quedó inmersa en un caos institucional.

Pasaron sólo seis años. El 20 de diciembre de 2001 la historia argentina escribió la página más destacada en lo que va del siglo XXI. Fue el día en que el pueblo, a fuerza de cacerolazos, y cansado de un sistema económico y social salvaje, que llevó a índices nunca pensados la exclusión, echó -literalmente- a Fernando De La Rúa, un presidente sin temperatura social ni muñeca política; se instaló el eslogan nacional “que se vayan todos” y provocó una caída estrepitosa de todas las instituciones de un Estado ausente.

A pesar de las imágenes llegadas desde Buenos Aires, con manifestantes, cacerolas, tiroteos y manchas de sangre en la Plaza de Mayo, Mendoza fue una de las provincias donde comenzó a gestarse la crisis que tuvo su punto más álgido el 19 y 20 de diciembre. Un informe de Inteligencia que manejaba el Gobierno nacional confirmó las sospechas: nuestra provincia y Entre Ríos fueron las primeras en protagonizar imágenes de saqueos, alentados -según el mismo comunicado secreto- por sectores allegados al PJ. Y Las Heras fue el epicentro de los primeros disturbios.

 

El Corralito financiero establecido por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, fue el desencadenante de una furia popular que había intentado torcer el rumbo de la historia al volcarse masivamente a las urnas para apoyar el proyecto de De La Rúa y la desaparecida Alianza, que prometían poner punto final a una década de excesos, desempleo, privatizaciones viciadas de actos de corrupción, destrucción de la industria nacional, beneficios desmedidos para los inversores extranjeros, ausencia de control estatal y la fantasía impuesta por la ley de Convertibilidad, que hizo creer que un dólar estadounidense tenía el mismo valor que un peso argentino.

 

Hay imágenes grabadas en la memoria colectiva que remitirán siempre a ese mismo día. Las cacerolas, el Obelisco como escenario de sangrientos enfrentamientos, los saqueos a supermercados, los más de 30 muertos y los falsos mensajes de algunos medios de comunicación que, al caos desatado, pretendían instalar una lucha de clases. “Ahí vienen”, anunciaban, y alertaban sobre la supuesta peligrosidad de la gente pobre que tenía hambre. Nada de eso sucedió.

 

Los días siguientes fueron de una crisis absoluta. En menos de diez días Argentina tuvo cinco presidentes diferentes. Y se fueron sentando las bases de la Argentina actual. La devaluación permitió recuperar fábricas y obligó a cambiar el modelo anterior. La Seguridad se convirtió en una utopía y se superaron todos los índices delictivos conocidos hasta el momento. Los modelos urbanos sufrieron modificaciones llamativas; se instaló fuertemente la figura de los barrios privados como única alternativa para evitar convertirse en una nueva víctima y los espacios públicos, de a poco, quedaron abandonados.