La alianza entre el presidente Néstor Kirchner y un sector importante de la Unión Cívica Radical fue presentada en sociedad como una convergencia al estilo chileno. Se hizo mención al abrazo de Juan Domingo Perón con su antiguo adversario radical Ricardo Balbín y también al Tercer Movimiento Histórico que impulsó Raúl Alfonsín, ambos frustrados por la crónica inestabilidad argentina.
El líder de los llamados ''radicales K'' fue el gobernador de la provincia de Mendoza, Julio Cobos, compañero de fórmula de Cristina Fernández de Kirchner.
El resultado de las elecciones fue el previsto, un triunfo de Cristina Fernández con el 45 por ciento de los votos. Esto, por la particular interpretación que hicieron los constituyentes de Santa Fe del ballotage en 1994. Este fue concebido por los franceses para asegurar una mayoría superior al 50 por ciento al triunfador. Pero la Argentina de Carlos Menem fue atípica en todo y la necesidad de asegurar su nefasta reelección fijó el porcentaje del ballotaje en un 45 por ciento, o el 40 si había una diferencia de 10 puntos sobre el segundo.
Así pues, se presentó como un arrollador triunfo de Cristina su 45 por ciento del 70 por ciento que concurrió a votar, con la que la mayoría no es tan arrolladora y frente a una crisis habrá que buscar consensos.
Los ''radicales K'' no evaluaron, o no quisieron hacerlo, el significado de dejar al país sin una oposición sólida, que pudiera ser una alternativa si la situación lo requiere. Prefirieron asegurarse un trozo de poder en su territorio y Cobos la vicepresidencia. El primer resultado fue que fue electo vicepresidente, pero su candidato perdió la provincia de Mendoza a manos de un peronista que también llevaba a Cristina Fernández en la boleta.
Y con el anuncio del gabinete que acompañará a Cristina quedó claro que la concertación no era tal cosa. Pese a las gestiones de Cobos y los suyos para poner a su gente en el gobierno nacional, la totalidad del gabinete, donde hubo sólo cuatro cambios, responde al justicialismo kirchnerista.
Seducidos y abandonados los ''radicales K'', Cobos se queda con el premio consuelo de la vicepresidencia, un cargo que en Argentina suele ser simbólico, y la responsabilidad de haber puesto a un partido centenario al borde de la extinción.
El kirchnerismo mantiene en su sitio a los dos ministros más cuestionados por corrupción y otras prácticas, Julio de Vido y Alberto Fernández, y conserva su hegemonía intacta hasta la próxima crisis.
Con muy pocos cambios en su línea dirigencial deberá afrontar el peligro de la inflación, la crisis energética y el enfriamiento de la economía mundial, que puede reducir los ingresos del país por exportación de materias primas como soya y granos. A lo que se añade la inseguridad creciente que provoca cada vez más reclamos de la ciudadanía.
En este contexto, el país tiene destruido su sistema político e institucional. Las estructuras partidarias fueron reemplazadas por liderazgos personales y el sistema de partidos se atomizó hasta la dispersión.
Más allá de la bonanza económica provocada por la coyuntura internacional, los problemas estructurales de Argentina están intactos. Una enorme concentración de la riqueza, una pésima distribución del ingreso, inseguridad jurídica, pobreza y marginalidad que han generado violencia, alineación internacional con figuras impresentables como Hugo Chávez, precarización del trabajo y muchas otras cosas que no se solucionan con buenas intenciones o cambios cosméticos.
La sociedad y los políticos, de diversas formas y por diferentes intereses, han dinamitado los puentes que los conectan. Es de esperar que el espacio de reflexión para reconstruirlos se produzca antes que la crisis que los hará necesarios
Radicales "K": seducidos y abandonados
Esta nota fue publicada en la edición del domingo 18 de noviembre de "El Nuevo Herald", de Miami.