El inconcluso hotel del Shopping empezó a "facturar"

En la mole inconclusa colgaron inmensos carteles de los candidatos del cobismo. Hasta uno lumínico.

La vista del hotel, hoy "cartelera" del oficialismo. Foto: Gonzalo Bravo / MDZ
La vista del hotel, hoy "cartelera" del oficialismo. Foto: Gonzalo Bravo / MDZ

El hotel del Shopping ya empezó a facturar. Si bien la mole de cemento que desde hace años forma parte del paisaje habitual del Acceso Este todavía está muy lejos de abrir sus puertas, la generosa campaña política llevó a utilizar la inconclusa obra como soporte para grandes carteles que promocionan la candidatura del intendente de Guaymallén que busca la reelección, el radical concertador Juan Manuel García.

Más allá del tamaño del afiche y del rostro inmenso de Julio Cobos, César Biffi y García, sorprendió una innovación del equipo de campaña del jefe comunal, que tiene complicada su reelección por la aparición del justicialista (también concertador) Jorge Pardal. El actual intendente agregó un cartel lumínico, para que su nombre resalte también de noche.

La guerra política por los espacios públicos tuvo de todo: grandes afiches, llamativos carteles, denuncias por destrucción de imágenes, entre otras. Si bien en cada elección ocurre lo mismo, este año la gran cantidad de candidatos hizo más notoria la publicidad electoral callejera.

Un sueño que se convirtió en pesadilla

El hotel fue el sueño de un grupo empresario mendocino, pero luego se convirtió en una pesadilla, tan gris y tan grande como su estructura. La familia Schiappa de Azevedo lo comenzó a construir en la década del '90, y firmó un convenio de explotación con la franquicia de Marriot.

Luego pasó a manos de KLP Emprendimientos (empresa conformada por los hermanos Pérez Cuesta, Juan Carlos Pellegrini y Gustavo Krasñansky), hasta que en 2006 el empresario hotelero e inmobiliario de Buenos Aires, Rafael Garfunkel, compró el emprendimiento y prometió invertir 40 millones de dólares para poner en marcha el nuevo cinco estrellas.

Mientras el hotel pasaba de mano en mano, ya recibía huéspedes. "El lugar se ha convertido, literalmente, en un aguantadero de vagabundos y el lugar preferido por jóvenes y estudiantes de la zona para sus aventuras", decía una nota del diario Los Andes de octubre de 2002.