Al contrario de lo que dicen los que aún defienden lo indefendible, una cosa no tapa la otra. Mmientras vemos desfilar por Comodoro Py a una serie de tipos de cuello y corbata, no nos olvidamos que tenemos una crisis económica importante y una inflación descontrolada. A pesar de eso, con la preocupación y el stress social que genera la situación del país, el presidente tuvo dos frases que ya no pasan como desafortunadas, sino que parecen que nos están tomando el pelo.
Mientras el dólar se volvía a disparar y Dujovne se apuraba a pedirle permiso al FMI para poder vender reservas y controlar la volatilidad, el presidente ingresaba a Casa Rosada y le decía a un grupo de periodistas acreditados "no pasa nada, tranquilos".
Por decir lo menos, sus palabras fueron desafortunadas (diciendo eso para no usar otro adjetivo más fuerte). Ese mismo día me encontré con un amigo que en mayo se metió a un plan para comprar un auto porque es imperiosa su necesidad de contar con movilidad propia, no porque le sobre la plata. Estaba por ir a pagar la cuota y se quejaba por el aumento que había experimentado el vehículo, un Toyota Etios, que en mayo costaba $292.000 y a fines de julio ya costaba $357.400. En ese período aumentó un 22% (recordemos que más del 50% del valor de un automóvil son impuestos).
Hablo de una persona de clase media que vive de su trabaja y no tiene ayuda o subsidios del Estado. Entendiendo, por supuesto, que las preocupaciones de la clase media son diferentes a las de los sectores más pobres de la sociedad. Pero me enfoco en estos ejemplos para reflejar lo que sucede a quienes están en el medio de todo, que sufren todos los golpes y no tienen opción de pedirle a "Don Estado" y tampoco tienen suficiente dinero como para mirar de reojo los aumentos.
Entonces, cuando el presidente dice que "está todo bien" no puedo más que pensar que no está ni cerca de la sintonía de la gente.
El discurso jujeño
Al "está todo bien" se sumó una frase del discurso del viernes en Jujuy, la cual ya me parece preocupante. No sé si son actos fallidos o sus asesores no están haciendo bien el laburo, pero al discurso del "vamos en el camino correcto" -que no termina de indicar cuando llegaremos a destino- sumó dudas y contradicciones.
Mientras estaba junto a un joven jujeño que supo acordar con Samsung un programa de innovación, le dijo: "Me hacés sentir muy ignorante, porque todas estas cosas que se te ocurrieron a vos y UNO NO SABE NI POR DONDE EMPEZAR".
En momentos de crisis y sólo dos minutos después de decir que el Gobierno tiene claro el camino, no puede venir y decirme que no sabe ni por donde empezar. Para algunos puede ser una "boludez" el comentario, pero para quien está atento a sus palabras y espera encontrar la confianza que falta, eso no es más que sumar nuevas dudas a un momento que ya es demasiado frágil.
Y si me pregunta a mí por dónde empezar, le diría que comience por mirar un poquito más a la clase media y -por lo menos- no le pegue con cuestiones que son evitables. Un ejemplo serían los aumentos a las prepagas, golpe que sienten más de 6 millones de personas. Los aumentos son para asegurar la rentabilidad, no por cuestiones de problemas financieros de estas entidades. A modo de ejemplo, un plan de salud que costaba en mayo $2.569 en la actualidad ya está en $3.042. Eso, sin mencionar que el año pasado los aumentos de las prepagas -con el aval del Ejecutivo- estuvieron por encima de la inflación y parecen un sector privilegiado.
Lo que me preocupa, en el fondo, es la posibilidad de que los Durán Barba que andan alrededor del presidente apunten a una reelección en base al voto castigo y no a las soluciones y perspectivas de una mejor situación económica que es todo lo que necesitamos. Hace mucho que esperamos las señales que nos permitan darle otro voto de confianza al que se suponía era el mejor equipo de los últimos 50 años. Lamentablemente esas señales no llegan y no damos pie con bola.
El discurso de la herencia, por más que aparezcan los arrepentidos, no puede ser ya una excusa cuando vimos -por ejemplo- una corrida en la que hubo personas que se llevaron miles de millones de dólares. Tampoco puede serlo cuando equivocaron la estrategia y las acciones. Nos decían que la inflación iba a ser fácil de bajar, después que iba a ser del 10% este año y luego retractarse para poner una meta del 15% (ya es del 19,7% en el país y podría superar el 30%) . Esos errores son propios y los que criticamos los robos de otras gestiones, no podemos validar una mala gestión porque -supuestamente- los que están hoy no se han robado nada.
¡Así no Maurcio! Necesitamos que vayan presos los que se robaron todo y fundieron el país, pero también necesitamos que tu equipo no se mande más numeritos y la cuestión comience a mejorar. Hay que saber cuánto tiempo más vamos a seguir complicados -sinceridad aunque duela- y que cuando se cumplan esos plazos sí tengamos una realidad mejor a la actual.
Y entiendan algo, a "doña Rosa" no le pueden ir a hablar del déficit fiscal, la volatilidad cambiaria, las Lebac o las Letes. A millones de argentinos el único indicador que les importa es el del kiosco y en el supermercado cada semana. Para cuánto me alcanza el sueldo.