José Francisco de San Martín: Un dirigente sencillo y austero

El Libertador de América José Francisco de San Martín, cuya vida y obra recordamos muy especialmente durante todo este mes, fue un hombre de una personalidad poderosa y completa producto de gran formación y preparación para los puestos de conductor y líder que le tocó desempeñar a lo largo de su vida pública, de gran carácter, fuerza, valentía y preponderancia en los puestos de mando, al mismo tiempo se mostraba sencillo, austero, detallista y campechano en su trato cotidiano, al que agregaba un toque de cordialidad, picardía y buen humor.

Todas estas características, denotaban una fina inteligencia y gran sagacidad para profundizar y conocer a sus amigos, colaboradores e interlocutores, muchas anécdotas de su vida pública y privada así lo demuestran. A continuación recorremos algunos de estos interesantes recuerdos que han llegado hasta nosotros a través de los relatos de sus contemporáneos, memorias de sus amigos y colaboradores cercanos, e incluso a través de cartas y escritos del propio San Martín; y que hemos relatado en diferentes capítulos de nuestro libro: "San Martín más allá del Bronce":

El trompeta desafinado:

La función del trompeta, estimada por San Martín como de suma importancia en la formación de su regimiento, era la de tocar las diversas órdenes en el campo de batalla en concomitancia con la orden dada por el superior. El Trompeta de Órdenes era considerado parte integrante de la plana mayor y su tarea era comparada a la del Tambor Mayor de infantería, siendo su salario equiparado al de un Sargento 1°. Había un trompeta en cada escuadrón en los inicios del Regimiento de Granaderos a Caballo, y por pedido de San Martín se incorporaba otro para cubrir dos puestos por Compañía en 1812. Su sueldo era igual al de los granaderos (cuatro pesos mensuales), y durante la instrucción entre Set.y Dic.1812 tomaron lecciones de un maestro de trompeta que cobraba 3 pesos mensuales.

Durante los primeros tiempos de la creación del regimiento la función fue difícil de cubrir. En un documento de puño y letra de San Martín, éste solicitó el traslado de un Trompeta luego de un año de servicio en el regimiento.

"El trompeta Martín Godoy se halla sirviendo en el Regimiento hace más de un año, ha sido continua su instrucción y útil en su ejercicio. No obstante nada se ha podido sacar de él, a causa de tener una embocadura fatal y poca inclinación a este instrumento. En esta virtud y habiendo servido antes de tambor de Blandengues, puede V.S. disponer su incorporación a otro Regimiento PUES EN EL MÍO, no es de la menor utilidad. 18/Ago/1813. (firmado) San Martín". (Fuente: AGN X-4-2-3).

En fin, se ve que Godoy había cansado los oídos del jefe de granaderos durante más de un año y por ello se pedía su cambio.

El precio de las camisas:

Luego de Chacabuco San Martín se dirige a su edecán quien era en ese entonces el capitán John Thomond O´Brien:

O´Brien, mañana al amanecer partimos para Buenos Aires

¿A Buenos Aires?

Sí a Buenos Aires. Por Mendoza, y mañana, al aclarar el día.

¿Y llevaremos carga, señor general?

¡Carga! ¿Se ha figurado usted que voy a meterme a fraile para viajar con petacas? ... Vaya. Déjese usted de santiaguinadas. ¡En lo montado! ¡En lo montado! Vaya corriendo a Secretaría para que Condarco ponga dos letras al viejo Alcázar para que me tenga en los Andes un poco de charqui, cebolla picada, harina tostada y ... a caballo. ¡En lo montado! ¿Me ha entendido usted?.

Cuenta el historiador chileno Vicuña Mackenna - quién entrevistó al irlandés - que la consternación de O´Brien ante tan contundente orden de partir en el corto plazo no le permitiría vestirse adecuadamente pues necesitaba mudar de camisas, pues era un hombre al que le gustaba vestir bien. Notando San Martín su preocupación le dijo:

En Buenos Aires se mudará de camisas, allá son más baratas y no le faltará con qué comprarlas.

El pago a la lavandera:

Luego del trágico amotinamiento de los oficiales prisioneros realistas en la ciudad de San Luis, el Libertador se trasladó a supervisar lo actuado por el gobernador Dupuy y Monteagudo; también aguardaba las órdenes del Director Supremo Pueyrredón sobre el futuro de su ejército (si repasaban la Cordillera rumbo a Buenos Aires a reprimir "las montoneras" o si iniciaban de una vez por todas la Campaña Libertadora al Perú).

Sin embargo San Martín estaba pendiente hasta de los más mínimos acontecimientos como lo demuestra este párrafo escrito a su regreso a Mendoza el 16.Mar.1819 a Dupuy donde no dejaba pasar este pequeño detalle doméstico durante su estadía en San Luis: "Mi estimado amigo: devuelvo la que V me remite de Belgrano. Mi viaje fue feliz, y todo se apronta para recibir al ejército que a esta fecha habrá empezado a salir...". Luego de algunas consideraciones personales hacia los hermanos Sarratea (Manuel y Juan José se encontraban en San Luis): "Ha quedado sin pagarse la ropa que di a lavarse en esa por un olvido del criado: la lavandera es la que lava a Dn. Manuel Sarratea; dígame V su importe que lo entregaré a Cruz Vargas, o a quien V me designe".

Así el hombre cuyo destinos de América pendía sobre sus hombros, el de las innumerables tareas y múltiples ocupaciones; no dejaba pasar un detalle tan simple y tan trivial, pero honrado y transcendente como pagar sus deudas, en este caso, a una esforzada lavandera.

Juan Marcelo Calabria y Roberto A. Colimodio

Miembros de la Academia Nacional Sanmartiniana

Autores del Libro "San Martín más allá del Bronce"