El sábado pasado, en el programa "Tormenta de ideas", el expresidente interino Eduardo Duhalde dijo, sin querer, algo que sirve para ejemplificar lo que viene pasando en los últimos años en la Argentina y también en Mendoza: "A los hinchas de Boca no les importaba quién era el que ponía la plata, mientras el equipo ganara".
Y la verdad es que en la provincia pasaba lo mismo: a nadie le importaba que se vayan empresas por no conseguir condiciones adecuadas, o como el caso de Vale, que se fuera por no contar con reglas de juego claras; que los servicios públicos no funcionaran, que no hubiera inversiones de capital en el tendido eléctrico -o de gas-, que en Maipú no pudiera radicarse una industria cordobesa porque no había una "gota" de energía para proveerle.
A nadie le importó nada de esto con tal de que las tarifas no subieran. Ese parecía ser el único objetivo tangible. A su vez, a los empleados públicos no les importaba de dónde salía la plata con la que Paco Pérez les pagaba el sueldo ni bajo qué condiciones, con tal de cobrar el salario.
Hoy, todo aumenta y a nadie puede gustarle ni aplaudir que las cosas aumenten, porque es lógico que todo nos va a costar más dinero y conseguir ese dinero, a la vez, también costará más, en lo que parece un juego de palabras.
Pero hasta hace poco vivíamos en una obra de Juan Rulfo, en un realismo mágico. Recordarán aquella obra "Pedro Páramo" en la que se vivía en una suprarrealidad, en un mundo que no existía. Y que se lo vivía y sentía como si fuese real.
¿Por qué te cuento esto? Porque lo que les toca tanto a Macri como a Cornejo es pasar de ese mundo de fantasía a la realidad real, a la verdad verdadera.
En Mendoza, porque acá vivimos y quiero hablarte de lo que nos toca, el gobernador Cornejo deberá dejar atrás una provincia contada por Paco Pérez, otro realista mágico, ese que repartía plata que no tenía y anunciaba obras de una Metrópolis que no existía: teleféricos que atravesaban la ciudad, metrotranvías infinitos y, en el mejor de los casos, trajo al mundo real obras de fantasía, como esa pirámide de Keops, esa Torre de Babel que está junto al estadio Malvinas Argentina sin una finalidad concreta definida.
Lo que Cornejo quiso decir, probablemente, si le entendimos bien y no nos apuramos en querer comparar realidad real con la reciente fantasía, es que la verdad verdadera es más amarga, cínica, aburrida de lo que la sociedad fue entrenada a entender y reclamar en los últimos años.
La verdad, que nos digan nada menos que la verdad, nos parece poco. Tendrán que avanzar con mucho más que un discurso porque se trata de un cambio cultural. Mucho más que un cambio de libro en la biblioteca, se trata de un cambio de género. Por esto, por lo dicho y por lo silenciado, queda mucho por decir.