Una dirigencia que desconoce el espíritu del rugby

El problema del rugby mendocino es que los responsables de transmitir los valores del deporte no están preparados para ello.

El rugby es un deporte de contacto. Así nació, evolucionó y hoy es una de las actividades que mas seguidores tiene en el mundo. 

Hay que destacar que ese contacto puede ser severo, pero se canaliza y limita desde dos grandes diques de contención: el reglamento y el espíritu del juego.

El reglamento es muy claro en cuanto a qué tipo de contacto está permitido, bajo qué condiciones y, sobre todo, en relación a los grandes límites que fija con claridad.

El juego sucio es penalizado dentro y fuera del campo de juego. La violencia no está permitida, sino todo lo contrario: está sancionada con rigor para evitar excesos.

Pese a que el reglamento es muy claro y muy estricto respecto al juego violento y sucio, evidentemente no es suficiente para contener a los inadaptados.

Es el espíritu del juego el que debe estar presente como valor imprescindible, que permite que los jugadores sean conscientes de que sus gestos dentro de un campo deben ser leales, ajustados al reglamento y lejos de la violencia.

Los jugadores deben ser educados en el espíritu para no agredir al juego, a sus adversarios, ni al arbitro.

El respeto por la ley y el espíritu de juego es la clave y el secreto de este deporte formativo, porque el rugby es una práctica que sirve para divertirse, pero sobre todo para formarse y relacionarse. Por eso existe el tercer tiempo.

Una vez finalizado el partido, los jugadores y árbitros se juntan para pasar un momento agradable, donde luego de haber disfrutado del juego, pueden profundizar sus relaciones y transformarlas en amistades.

Luego de la violencia que se desató en San Juan al finalizar el partido entre el club sanjuanino Huazihul y el mendocino Banco Mendoza, ¿pudo haberse realizado un tercer tiempo respetando la costumbre centenaria que marca a este juego? Seguramente no.

Los hechos aberrantes ocurridos en San Juan una vez terminado el partido son gravísimos y dejan al rugby de Mendoza en terapia intensiva.

Los protagonistas de dicha barbarie traspasaron un límite que nunca -o en muy contadas ocasiones- se sobrepasó: la irrupción en el campo de juego de espectadores que se involucraron y golpearon a los jugadores mientras éstos se agredían entre sí.

Incluso, no sería una exageración decir que la violencia incontrolable podría haber provocado un muerto. Basta con ver cómo fue agredido salvajemente en el piso, con patadas voladoras, un jugador mendocino a quien podrían haberle provocado un daño irreparable.

Responsables

-los jugadores y el público presente.

-los miembros de la comisión de la Unión de Rugby de Cuyo.

-los dirigentes de los clubes de San Juan y de Mendoza.

-Los entrenadores y los capitanes de ambos equipos.

Queda claro que a simple vista, son los jugadores y el público los responsables. Sin embargo, escarbando un poco, en busca de los responsables menos visibles, aparecen los dirigentes. Ellos son los que deben educar a los jóvenes y enseñarles el juego, sus reglas y su espíritu, sobretodo esto último.

El problema del rugby mendocino es que los responsables de tamaña tarea no están preparados para ello: no conocen el juego, sus leyes y mucho menos su espíritu. Por ende, no lo pueden transmitir.

Por ello, el rugby de Mendoza está en terapia intensiva y con pronóstico grave. Un jugador -o varios- de un equipo local pudieron morir el domingo en un campo de juego. No hacen falta más argumentos.