El derrumbe de Santa Rosa: unificar comunas y pensar más allá

¿Por qué enredarnos en el sinsentido de comunas imposibles de autosustentarse, solo porque la burocrcia política pide más lugares?

Lo que está sucediendo en Santa Rosa se presumía desde bastante tiempo atrás, casi como un final cantado. Un departamento pobre, con una planta de empleados inmensa para su tamaño y posibilidades. No favorecido por las condiciones naturales para una buena producción agropecuaria y con escasas posibilidades comerciales. Allí también recayó el "empresario" Castillo con el centro comercial La Salada, en condiciones dudosas en su relación fiscal con la comuna. Si le sumamos la crisis nacional y el postre es la "gestión Salgado", a imagen y semejanza de Macondo, solo desventuras, déficit grande y clima de corrupción era el resultado final.

Desde la cárcel y luego de un par de días profugado, el intendente renunció, excluyéndose de toda responsabilidad y atacando a varios, llegando incluso a comparar el gobierno de Alfredo Cornejo con la dictadura militar. Desvaríos propios del culebrón final.

Pero de este triste epílogo pueden surgir reflexiones sobre cómo evitar tanto daño y cómo imaginar y proyectar una mejor y posible solución política institucional.

Hay departamentos que aparecen con graves dificultades como para ser sustentables. Escasos de recursos naturales y de población, con jóvenes que emigran y con infraestructura precaria, sobre todo en educación y salud, la vida de sus habitantes es dura y con futuro incierto.

Las mismas soluciones a los problemas de siempre, terminan en repetidas frustraciones.

Podemos introducir el debate sobre la búsqueda de otras alternativas.

¿Santa Rosa y La Paz no podrían ser un solo departamento?

Los iguala la misma condición geopolítica y las mismas dificultades y problemas los acompañan desde largo tiempo atrás.

Un solo departamento con una delegación municipal en la otra ciudad vecina. El intendente podría atender mitad de tiempo en cada una de ellas.

La cercanía entre La Paz y Santa Rosa lo hacen posible. Un solo Concejo Deliberante, mucha menos burocracia, menos costo que impacte sobre los habitantes y un objetivo central en mejora grande de los servicios básicos y en infraestructura orientada a las posibilidades productivas. Alentando la búsqueda de calidad y lógica en el esfuerzo laboral, que mejore la calidad de vida de los lugareños y evite la migración de jóvenes.

Debemos y podemos alentar el debate en este sentido. Amplio, sin límites mentales, con actitud constructiva, sin prejuicios.

¿Acaso vamos a continuar en esta larga agonía en la que están inmersas diversas localidades de nuestra provincial?

Intentemos otras vías de salida. Con pensamientos diferentes, discutidos y consensuados finalmente, es probable que arribemos a mejores conclusiones, que favorezcan y mejoren la vida de miles de comprovincianos.

Hagámoslo, mientras se discute y resuelve quién (y sobre todo, cómo) va a gobernar a la sufrida Santa Rosa.

Es una opción diferente, que puede ser superadora.

Igualmente deberíamos plantearnos la posibilidad de estudiar un sistema legislativo unicameral. 

No es halagüeño lo que podemos expresar acerca de nuestra Legislatura. Diputados y senadores están en deuda con la sociedad mendocina.

No gozan de prestigio y son nuestros representantes.

También, libres de ataduras y preconceptos, con espíritu amplio y desinteresado, podemos debatir sobre el mejor destino y la mejor forma institucional que cobije a los legisladores.

Una opción es una sola Cámara, con menos y mejores representantes. Con doble lectura sobre cuestiones trascendentes. Más sencillo para que los ciudadanos evalúen el trabajo de quienes fueron electos para representarlos. Menos burocracia, menos clientelismo, más recursos en servicios útiles para cada mendocino.

Estancada o en retroceso está nuestra provincia, el lugar que amamos y que nos enorgullece o como sucede últimamente nos entristece. Donde nacemos, procreamos y donde vivimos y moriremos.

Es nuestro lugar en el mundo y por el debemos recorrer e intentar todas las opciones que lo mejoren.

Si seguimos en el mismo camino, con los mismos y viejos problemas, aferrados a lo usual y conservadores a ultranza, es más que probable que los problemas o los sufrimientos continúen o se agraven.

Discutamos con pasión, franqueza y entrega. Busquemos lo mejor, demos un salto de calidad y si para ello debemos modificar lo tradicional que no funciona, hagámoslo.

Y si no llegamos a una solución conveniente, que sirva a la mayoría y más justa, el intento valió la pena.

Sin temor , con responsabilidad e inteligencia encaremos esta opción. Nuestra Mendoza lo necesita y lo merece. Es nuestra casa grande, la única.