Donald Trump es pobre en ideas, en ética, en conocimientos generales, en conocimientos específicos, en educación, modales, madurez, credibilidad, y tal vez otras virtudes que se me escapan.
Es por cierto un ególatra narcisista, que habiendo hecho dinero, necesita de figuración. Su avidez por las cámaras es una enfermedad incontrolable. Lo incita a decir y hacer cualquier cosa por acomodarse bajo las luminarias.
Trump tiene todos los atributos de alguien que no debería ser presidente. Es el menos calificado de la larga lista republicana que se ha reducido a cuatro candidatos.
El Donald es una copia de los peores dictadores populistas de los últimos tiempos. Algunos de los más notables fueron, Josef, Mao, Fidel, Adolf, Francisco, Tito. El único que fue elegido democráticamente, y fue el más siniestro de todos, fue Adolf.
Trump, sin ser un tipo malo aparentemente, no deja de ser un acomplejado que se asemeja más a Adolf, que a los demás. Como Adolf, el Donald ataca a sus oponentes personalmente, sacando a relucir diferencias físicas, porque él se considera perfecto; ario.
Como Adolf, procura ser electo democráticamente. Tiene el apoyo de lo peor de la sociedad norteamericana; los menos educados y los menos pensantes. Aquellos que sólo entienden slogans, frases insulsas; el populacho.
El Donald es un dictador por naturaleza. En su reality show, “The apprentice”, su frase favorita era: “You’re fired” (Estás despedido) antes de siquiera haber contratado a quien buscaba un empleo. Los hombres de negocios son autoritarios, las reglas de la democracia no rigen para las empresas.
El estado no puede guiarse bajo esos modales, porque el estado nos pertenece a todos. Estados Unidos es una república democrática, y conviene aclarar lo que eso significa, porque son demasiados los comentaristas políticos radiales que andan pregonando que los Estados Unidos son una república y no una democracia.
República: Del latín res publica (“cosa pública”), la república es una forma de organización del Estado. En la república, la máxima autoridad cumple funciones por un tiempo determinado y es elegida por los ciudadanos, ya sea de manera directa o a través del Parlamento o Congreso (cuyos integrantes también son elegidos por la población).
El concepto conocido en español como democracia tiene sus bases en el antiguo griego y se forma al combinar los vocablos demos (que se traduce como “pueblo”) y kratós (que puede entenderse como “poder” y “gobierno”). La noción comenzó a ser empleada en el siglo V, A.C., en Atenas.
El retroceso político de los Estados Unidos es producto de la filosofía izquierdista que ha predominado en las últimas décadas. El nivel cultural y moral ha decaído de forma tan abrupta, que después del gobierno de un incapaz de dimensiones mayúsculas, cual es Barack Obama, que ha presidido los Estados Unidos desde el campo de golf; era inevitable la reacción contraria.
Un cambio hacia la derecha es necesario, pero un cambio populista es peligroso. Del Donald, que ha ido apuntalando a políticos de derechas e izquierdas, de acuerdo a su conveniencia comercial, no se puede saber con certeza qué piensa. Trump no es un ideólogo como Obama, que es un cripto-comunista, admirador de Fidel.
Trump es mejor que Hillary Clinton, que siendo más versada, es más inescrupulosa. Cualquier republicano es más confiable que Hillary. El drama actual es que las opciones se están cerrando. Si gana Clinton, su gobierno será la continuidad de Obama, o sea el acabose de los Estados Unidos como superpotencia mundial.
El mejor candidato republicano, sensato y coherente, es Marco Rubio, quien traería una brisa de aire fresco a la podredumbre que se respira en Washington. Si gana Trump, lo que sucederá es impredecible.
(*) Exdiplomático boliviano. www.josebrechner.com