El año pasado, los salarios del sector público en Mendoza dejaron de efectivizarse con fondos propios en el mes de setiembre de 2015. De allí en más, el gobierno de Pérez gastó a cuenta los ingresos de la provincia para este año.
Es decir que la gestión Pérez gastó por anticipado los recursos que correspondían a 2016 y que debería haber administrado Cornejo. Esta saga surrealista, es solo un ejemplo de la cultura de la inconducta demagógica que colonizó a Mendoza durante varios años.
Es increíble pero hace falta recordarlo. También parece necesario recordar que desde el 10 de diciembre el Gobernador debió dedicarse exclusivamente a conseguir plata para pagar los sueldos impagos de octubre y noviembre, obtener en diez días los recursos para pagar aguinaldos y sueldos de diciembre y como si fuera poco, hacerse cargo de la impresionante deuda con proveedores. Todo eso debió haber sido cancelado con el presupuesto 2015 que se dilapidó en ocho meses.
Del presente período de gobierno, han transcurrido solo 95 días. Un período en el que es imprescindible recomponer las consecuencias que dejaron años de mala e irresponsable gestión para así encarar un gobierno serie, con objetivos de largo plazo y con metas que irán cumpliéndose, en favor de todos los mendocinos y mendocinas, en la medida que todos seamos capaces de anteponer a la demagogia, la responsabilidad.
Allí radica el nudo del debate de estos días. La principal diferencia con el cambio de gobierno, es que Mendoza cambió del eje de la inconducta demagógica a la ética de la responsabilidad.
Y ese cambio exige un giro de todos los que ostentamos alguna responsabilidad pública. Regirse por el valor de la responsabilidad nos interpela de una manera que la cultura de la demagogia con que vivimos ocho años, jamás lo hizo.
No se trata de estrategias, de visiones, de prioridades o de opciones que toman un gobierno u otro. Se trata de los valores políticos con los cuales se ejerce la actividad pública.
Esos valores políticos se pusieron sobre la mesa por primera vez con la paritaria docente. Por eso, lo que estamos viviendo estos días es esencialmente un cambio sustancial en los valores que rigen la vida política de la Provincia de Mendoza.
En concreto, el Gobernador ofreció a los trabajadores de la educación, el mejor contrato posible.
Se trata de amalgamar la necesidad de los trabajadores de la educación con la realidad de la provincia. Nadie negará que los sueldos son bajos, pero con el mismo criterio, debemos reconocer que la provincia ofrece el máximo posible.
La opción, la que exigieron algunos desde la irresponsabilidad, era un acuerdo de imposible cumplimiento, que hubiera llegado en septiembre u octubre a un escenario en donde todos los mendocinos terminamos ahogados por un Estado que tiene que obtener recursos como sea, o los trabajadores de la educación terminan frustrados y decepcionados porque otra vez Mendoza no cumple.
En este contexto, negarse metódicamente a todas las mejoras que se han ido realizando a la propuesta original tiene claramente una motivación más política que gremial.
Hay una delgada línea entre exigir condiciones de trabajo y salario para los representados y condicionar de manera irresponsable y peligrosa a los mendocinos con exigencias que pueden tener lógica, pero que carecen de razonabilidad en el contexto que experimenta Mendoza.
Por supuesto, una paritaria no es la que hace quebrar un Estado, sino años de abandono y negligencia; pero insistir en los caminos que ya recorrimos y demostraron ser equivocados nos encerrará en un círculo vicioso agravando la delicada situación provincial.
En junio pasado, los mendocinos eligieron cambiar. Fue la ciudadanía en elecciones la que nos marcó el camino que hoy está recorriendo el Gobierno provincial.
El valor de la responsabilidad, la decisión de gestionar con la verdad y la vocación de transformar una Mendoza decadente en una provincia de progreso, no es una idea de un Gobernador iluminado, es una decisión de una provincia convencida.
Los mendocinos nos exigen responsabilidad y criterio y quienes tenemos obligaciones públicas, debemos estar a la altura de las circunstancias.
Esto no se trata de escraches ni amenazas se trata esencialmente, de debatir democrática y respetuosamente. Estamos llamados a hacerlo, queda en cada uno de nosotros dejar a Mendoza en la senda de la demagogia inconducente o llevarla por el camino que los mendocinos eligieron, el de la verdad, la transparencia y la responsabilidad.
Claudia Najul
Senadora Provincial
Unión Cívica Radical.