El auto o la vida

El secretario de Gobierno de Guaymallén suma su opinión a la polémica.

Hace algunos días robaron un vehículo utilitario de la Municipalidad de Guaymallén, hecho que terminó con la vida de una persona, y es por eso que me decidí a escribir estas palabras para dar a conocer lo que la persona detrás del funcionario piensa al respecto.

Sobre los sucesos uno pude dar testimonio de lo que la crónica policial narra: ayer dos individuos armados ingresaron en moto al Barrio Nueva Esperanza de Guaymallén donde empleados de la comuna se encontraban desarrollando un operativo de limpieza de cunetas. En este contexto, uno de los sujetos se bajó de la moto, exhibió un arma de fuego y se apoderó de una camioneta Renault Partner. Al retirarse del lugar efectuó disparos contra los empleados, afortunadamente sin herir de gravedad a ninguno de ellos. Luego de darse a la fuga, personal policial logró cercar a uno de los ladrones en el Algarrobal, del departamento de Las Heras donde en un intercambio de disparos fue herido en la pierna lo que afectó una de sus arterias principales y ocasionó su muerte.

Por otra parte, los hechos también fueron estos: hace apenas 28 años una familia tuvo un hijo, al que llamaron Jonathan William, por diferentes circunstancias a las que no podemos arribar, ni su familia, ni la escuela, ni centros de deporte, ni sus amigos, ni sus parejas, ni sus vecinos, ni el estado en ninguna de todas sus formas logró que este joven lograra convivir bajo las reglas a las que todos nos ajustamos, aprehendiera valores importantes para la convivencia, diera importancia a la vida propia y a la ajena. Fue víctima de un Estado que llegó tarde, pues recién vino a intervenir en su vida cuando lo alojó en un complejo penitenciario de donde salió en 2015, institución que falló en su camino a la reinserción pues eligió el camino de la reincidencia en el delito. ¿Qué faltó? ¿Qué falló? ¿Se lo apoyó debidamente? ¿Se le dieron las oportunidades y herramientas que necesitaba? Interrogantes que con sus respuestas no cambian el resultado, circunstancias que no dejan de hacer a Jonathan una estadística.

Otra parte de los hechos, nos cuenta que un policía, cumpliendo con el procedimiento efectuó el disparo, respondiendo al fuego que había iniciado Jonathan, e intentando reducirlo para poder detenerlo, lo alcanzó con una bala que hiriendo su pierna lo encontró con la muerte. Me consta por haber estado en el lugar cuando todo era reciente, la conmoción de los policías, el saber que su principal objetivo, el de cuidar la vida propia y la ajena no había podido cumplirse, se lamentaban por el desenlace fatal del suceso.
Acto seguido nuestro gobernador apoyó el accionar policial, lo cual también fue noticia, hasta llegó a interpretarse que “felicitó” el resultado de los hechos, ¿se puede felicitar la muerte de un ciudadano al que no pudimos ayudar como estado y como sociedad? No creo que estas hayan sido las intenciones de Cornejo, sino rescatar la diligencia de la policía de la provincia que en tarea noble y arriesgada evitó que ciudadanos inocentes resultaran heridos.

Ante circunstancias como las descriptas es fácil caer en un discurso acusador y criminalizar del otro, “el muchacho había tenido problemas con la ley”, “era integrante de una familia conflictiva”, etc., pero me niego a mirar para otro lado cuando la vulneración de derechos terminan en la muerte de un ser humano. Me duele pensar que puede haber gente contenta con esto, con una vida menos, con 28 años de apatía, de injusticias, de desinterés, de falta oportunidades. Es imposible continuar siendo cómplices pasivos de un Estado que no parece llegar a los estratos más postergados, donde los valores no están presentes, donde la vida del otro no significa nada, donde el esfuerzo de los demás tampoco; como ciudadanos tenemos que empezar a hacernos cargo e involucrarnos.

No hay mucho más por decir, sí hay mucho por lo cual continuar trabajando, para que como sociedad podamos crecer. Mis condolencias a los que a diario pierden a su padre, a un hijo, un primo o un hermano; y el deseo profundo de que en algún momento la inseguridad pueda ser abordada como lo que es, un problema estructural que haya su raíz mucho más profundo que en un hecho ilícito. Como sociedad necesitamos empezar a entender la complejidad de la problemática, no tenemos espacio para seguir creyendo en el rol mesiánico de la policía para acabar con el delito, tenemos que tener la convicción que la única forma de combatirla es con educación, con deporte, con cultura, con valores, con sentido de pertenencia, con respeto, con igualdad de oportunidades y garantizando movilidad social ascendente. Solo si comprendemos esto lograremos crecer como municipio, como provincia y como país.

Nicolás González Perejamo

DNI N° 32.752.581
Secretario de Gobierno y Desarrollo Social

Municipalidad de Guaymallén.