Los rugbiers violentos deben ser apartados

En otro hecho de violencia, jugadores de un club de Buenos Aires le dieron una paliza a un joven. Una actitud que nada tiene que ver con el espíritu de un deporte que es una verdadera escuela de vida.

Foto: Facebook
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Hoy es noticia la agresión que sufrió un joven de 18 años por parte de un grupo de jugadores de rugby del club San Fernando de Buenos Aires. Esta no es la única situación violenta de los últimos tiempos que llevan adelante jugadores de este deporte.

En Mendoza también sucede hace tiempo, y no se trata de un hecho aislado. Muchos jóvenes en sus hogares decían: "Cuidado con los menores de 19 o de 18 de tal o cual club que van a las fiestas y dan pelea dura, sin ningún motivo".

Esta realidad no tiene nada que ver con el rugby amateur, pero como ocurre, es necesario profundizar en los principios fundamentales del juego y en su espíritu. Desde allí se podrá corregir este desvío grave, incluso llegando a separar, si no hay corrección, a los jugadores que agreden el juego desde adentro.

El rugby es una verdadera escuela de vida. Y es un medio para mejorarse individual y colectivamente. 

El rugby es una verdadera escuela de vida. Y es un medio para mejorarse individual y colectivamente, y no un fin para conseguir el éxito por cualquier medio.

El juego es respeto. Respeto al adversario, al reglamento, al árbitro, al compañero, a los entrenadores y a las tradiciones. Sirve para interrelacionarse, mejorarse físicamente, practicar autocontrol y luego de terminado el partido, donde hay contacto físico duro pero leal, compartir con su ocasional adversario en el tercer tiempo y aumentar sus amistades y relaciones.

Aquellos rugbiers que no compartan la filosofía del juego y no apliquen los principios y conductas señalados, no forman parte de la familia del rugby y deben ser apartados. 

Estos principios y la conducta dentro de la cancha y en la vida diaria deben ser inculcados y sostenidos en entrenamientos, partidos y en todas las instancias y actividades vinculadas al juego. Siempre y sin exclusión. Y los encargados y responsables son los entrenadores, que están en contacto diario con los jugadores y los dirigentes.

Aquellos rugbiers que no compartan la filosofía del juego y no apliquen los principios y conductas señalados, no forman parte de la familia del rugby y deben ser apartados.

En esto no deben dudar los responsables. Enseñanza, reiteración de principios fundamentales permanentemente, corrección a los desvíos menores para evitar los mayores, y exclusión del juego de cualquier jugador que permanezca fuera del espíritu del juego, son las vías idóneas para preservar la verdadera y única filosofía del rugby. Uno de los caminos de mejoramiento individual físico y espiritual y de relacionamiento social desinteresado que nos brinda el deporte, en este caso, el rugby football amateur.