Cornejo, un Ulises desatado

Cornejo, un Ulises desatado.[1]

Nos cuenta Homero en la Odisea, que cuando Ulises regresaba a Itaca debió pasar por la Isla de las Sirenas y que para evitar ser tentado obligó a su tripulación a atarlo al mástil y desoir sus gritos. Ellos se enceraron sus oídos y los gritos de Ulises no fueron escuchados, así pudo por fin así llegar a puerto y reencontrar a Penélope.

Muchos desde el punto de vista del derecho han querido analizar esta historia como la del gobernante que a pesar de las tentaciones del poder se autolimita para respetar las leyes, especialmente la Constitución. En Argentina tenemos muchos antecedentes de Ulises desatados y así nos fue.

No hay duda que Alfredo Cornejo recibió de la administración Pérez-Ciurca un estado provincial en ruinas, tan malo como el que recibió Macri y ni que decir los municipios locales, con honrosas excepciones. Pocos creían que se podían hacer las cosas peor que Jaque; Pérez-Ciurca lo hicieron y ojala sea inolvidable.

Cornejo tiene para si la enorme tarea del orden institucional, la vuelta de la gente a creer en las instituciones, en la política, en la gestión pública, ante un estado corrupto, sin recursos, superpoblado, que sólo ahorca en impuestos y pésimo en servicios; seguridad, justicia, educación, caminos, etc. Hasta ahí nada que decir.

Sin embargo Cornejo ha elegido el peor de los caminos; el apriete, el enojo, la ira, usando sus términos futboleros se ha ido al pasto.

Las crónicas han narrado sin que haya sido desmentido que llamó a funcionarios federales porque sus fallos no le gustaban.

Ahora ha elegido un miembro para la Suprema Corte del que ha dicho que piensa como él (ampliado por los altavoces ministeriales) como si eso fuera la condición de idoneidad. Cree que el puesto en la Suprema Corte es para un leal, y está absolutamente equivocado porque el cargo de idoneidad es para los/las mejores.

¿Quiénes son las/los mejores? Eso lo definen sus antecedentes académicos, sus referencias éticas, pero fundamentalmente quien prometa independencia de criterio y del poder en todos los asuntos que se le sometan y quien además sea capaz de trabajar en equipo con personas que no piensan como él/ella y a los que deberá convencer de sus argumentos.

Su candidato, no ha ido a menos y ha salido a decir que en Tribunales hay cuevas "de anarco-abolicionistas", como adelantándose a una batalla sin cuartel en el ámbito ideológico. Así sólo pierden los usuarios del sistema.

Por si fuera poco al conocer el informe de la visita de la CIDH a Mendoza sobre el estado de las cárceles, no ha tenido el Gobernador mejor idea que frente a la policía, atacar a esa institución internacional, la misma que vino a la Argentina en 1978 en plena dictadura militar, y a los abogados "saca presos" con una catarata de frases que poco ayudan o que dejan ver un estado en manos de un nuevo Ulises desatado.

La oposición, en manos de Felix-Righi y los afónicos del FIT, han sido respetuosos de la institucionalidad, le han aprobado todas las leyes o se ha discutido con altura algunas mejorándolas. Pero Cornejo ha pateado el tablero de la concordia y no quiere consensos, quiere lo que él quiere a la manera que a él le gusta.

Así no se construye institucionalidad o el orden, esos gritos ahora son los mismos que pegaba el ex gobernador Roberto Iglesias al poder judicial varios años atrás, o son los mismos que se hacían desde el poder ejecutivo nacional contra Fayt cuando se lo intentaba desplazar de la Corte Suprema porque no gustaban sus fallos ni su capacidad.

Esta sociedad ha tenido demasiados gritones que no han dejado estela en el camino y nos recuerdan, ahora que hemos descubierto la violencia, a los padres golpeadores, que nunca preguntan porqué, sólo pegan.

Cornejo debe preguntarse el porqué de la inseguridad, el porqué del hacinamiento de las cárceles, porqué la mitad de esas personas no tienen condena o porqué casi el 80% es casi semianalfabeto, o porque golpean a sus mujeres e hijos o matan a sus vecinos o porque se drogan y roban. La violencia actual no es sólo de bandas organizadas o de voluntades pro ajeno, tiene muchas más causas ancladas en nuestras propias injusticias del otro lado de las rejas.

Si quiere dar un paso más visite las cárceles y haga allí las reuniones de gabinete, eso sí lleve una botella de agua para orinar y una bolsa de nylon si quiere defecar y por supuesto también una frazada para que haga de cortina. Esa es parte de la realidad invisible para Ud.

Mendoza es una provincia con enormes diferencias sociales y no hace falta estadísticas para saber que hay hambre, pobreza, analfabetismo y por supuesto mucha inseguridad, quien niegue eso miente.

Pero Cornejo debe optar por construir igualdad e inclusión sobre la base de los consensos transformadas en políticas públicas o sus palabras convertidas en acciones sólo serán pérdidas de derechos no sólo para los que están privados de libertad sino para la gente libre, esa que puede ayudarle cruzar la isla de sirenas, antes que sucumba ante los ganadores de siempre y sólo reciba el final de la escena de la película la Patagonia Rebelde.

Carlos Varela Alvarez


[1] Jon Elster, filósofo y teórico de las ciencias sociales, estudió este célebre pasaje del relato fundacional (lo hizo en su trabajo Ulises desatado: Estudios sobre racionalidad, precompromiso y restricciones)