La tormenta arrastró el maquillaje de la "década ganada"

No fue bueno exagerar los índices positivos de la propaganda oficial porque tapó la realidad. Ahora la tormenta deja al descubierto esas heridas.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 Todo extremo resulta dañino. Así, exagerar los beneficios obtenidos durante los últimos doce años al punto de denominarle desde la parcialidad política que gobernó como "la década ganada", resultó un bumerán. Lo demuestra la vida miserable de tanta gente que dejó al descubierto la última tormenta en Mendoza, por citar tan solo un punto de referencia.

El caso de las familias de Maipú que sobrevivían en habitáculos construidas con cañas, maderas, cartón y nylon es paradigmático. No les llegó la realidad que se vendió como auténtica a través de miles de millones de pesos gastados en propaganda oficialista desde medios (públicos y privados) al servicio del gobierno.

¿Se puede decir que el solo hecho de haberlos tenido presentes en discursos, fotos, pancartas y spots ya fue suficiente transferencia de "dignidad" a gente que, como a María, joven madre de un bebé, el Canal Pescara crecido casi se los lleva por dormir donde dormía, como dormía bajo las condiciones en las que lo hacía?

Mejor hubiese sido saber cuál es la realidad de millones de personas que no logran superar la pobreza y ayudar a que la superen, con políticas públicas activas, reconociendo la dolorosa realidad en lugar de ocultarla. Salvo que lo que haya querido pretender, claro está, haya sido que la pobreza continuara "bajo control", al alcance de los tentáculos de la peor de las prácticas políticas: el clientelismo perverso que hipnotiza y aplasta, que condena a repetir la tristeza de malvivir como si se tratara de un designio divino, cuando en realidad fue una decisión del gobernante.

La tormenta deja heridas nuevas, pero también exhibe otras que no quisimos ver o que nos taparon con un maquillaje que, al final, no duraría para siempre.