La política exterior argentina en la Era Macri encontró en la coqueta ciudad suiza de Davos un escenario inmejorable. Con una agenda hipercargada, el Presidente está asentando la plataforma de un viraje de 180 grados en la relación de la Argentina con el mundo. Ambicioso, Mauricio Macri se propone, inclusive, como un puente entre Brasil y Estados Unidos, apenas un mes después de que el gigante vecino haya sido el primer destino obligado del nuevo mandatario y el destino fijo al que debe peregrinar cualquier latinoamericano que requiera estabilizar su balanza comercial.
Macri cometió una primera gaffe al ganar: pidió expulsar a Venezuela del Mercosur. Tuvo que corregirlo tras reunirse con Dilma Rousseff y consiguió, al retorno, que ella, Evo Morales, Michelle Bachelet y hasta Rafael Correas, asistieran a su asunción de la que estuvo ausente la "amiga" de esos mandatarios, Cristina Kirchner. Luego, en Paraguay, Macri devolvió el golpe, pero ya con los pies en el plato presidencial.
Ha definido la apertura económica en medio de una situación interna difícil, condicionada todavía hoy por las políticas aplicadas durante más de una década y el éxito de haber podido construir una agenda más que nutrida en Davos -a donde fue tras 13 años de ausencia argentina- posiblemente tarde en dar frutos: la Argentina sigue siendo Argentina y la plata o las inversiones necesitan más que gestos positivos, condiciones de estabilidad jurídica confiables.
La foto de Macri con su par inglés David Cameron, sumado a la decisión de empresas como Coca-Cola de invertir mil millones de dólares en el país, son los primeros datos de una política de relaciones exteriores que es necesariamente ambiciosa, que va por un liderazgo regional como apuesta total, con el objetivo de facilitar resultados plausibles en medio de condiciones prácticas desfavorables.
Macri responde a los chavistas con una mirada latinoamericanista que apuesta a un cambio pendular de la política en el continente y mira ya no hacia Venezuela, Ecuador o Bolivia, sino a Perú, Colombia y Chile. De tal modo, lo que viene es un lazo hacia la Alianza del Pacífico sin necesidad de hacer implosionar un Mercosur que, de por sí, poco garantiza a la región. Y de allí, a una nueva relación con el resto de los países del planeta.
El influyente The New York Times, que nadie puede tildar de "proyanqui" y que viene reclamando, por ejemplo, el fin del bloqueo a Cuba desde hace décadas, escribió sobre la presencia de Macri en Suiza: "Su ascenso, así como su objetivo de llevar a su país a los mercados globales después de años de lucha con los inversores en bonos argentinos, se ha observado de cerca por los magnates de los fondos que vuelan a Davos para el Foro de cada año".
Lo que resta es que los gestos se transformen en hechos y que el escenario de éxito se traduzca en una mejor calidad de vida, concreta y palpable, para los argentinos.