Llega un momento en que uno puede suponer que ya lo ha visto todo en cuanto a política partidaria, que ya esa gente a la que se le encomiendan los destinos de países, provincias, municipios, partidos políticos, unidades básicas o movimientos juveniles no tiene cómo sorprendernos. Pero resulta que no, que eternamente tendrán algo bajo la manga para dejarnos impávidos.
Llega un momento en el que creemos que lo que queda por venir no son más que variantes de lo ya visto, y es entonces cuando los políticos partidarios abren sus cajas de sorpresas y nos dan un golpe de lleno en la cara.
Me gustaría tenerlos enfrente a todos y cada uno de ustedes para hacerles las preguntas que me vengo haciendo desde hace días. Me gustaría tenerlos enfrente para preguntarles si no les da al menos un poco de vergüenza pelearse mediáticamente para ver quién se apropia del cadáver de Ariel Velázquez. Me gustaría tenerlos a unos centímetros y preguntarles si esta es la basura en la que se han convertido. Me gustaría mirarlos a los ojos e increparlos, saber si a la mañana, cuando se miran al espejo, no alcanzan a ver esa mancha de mugre que se les adhirió a la cara y que llevan como un sello desde el momento en que se pusieron como objetivo apoderarse de un muerto y embanderar partidariamente un cadáver.
Pareciera como si su único objetivo es dejar de lado a la gente por la que dicen querer trabajar y convertir todo en basura. Porque si un pibe convencido de su ideología política se afilia a un partido históricamente de centro izquierda y se tiene que comer el sapo de que los líderes de ese partido cierren una alianza con una fuerza política de ideología casi opuesta, y si ese pibe tiene que firmar una planilla de adhesión a un movimiento partidario para poder estudiar, entonces, señores, no están trabajando para la gente, están trabajando para llevar más agua sucia a sus ya sucios ríos.
Y para terminar de dar la nota, se pelean por su cadáver.
No es la primera vez que un cadáver es disputado. Ahí tenemos a Lavalle y Evita. Pero quienes se los disputaban no tenían los mismos objetivos que ustedes, porque para ellos eran símbolos, mientras que para ustedes representa nada más que votos.
Miserables.
Lo que hicieron y hacen con el cadáver de Ariel Velázquez es pura basura, la misma basura en la que están convirtiendo a la política partidaria, en la que pretenden disfrazar de consensos y diálogos lo que, a la larga, no se revela más que como otra forma de individualismo.
Ya hicieron leña del cuerpo caído. Ahora hagan silencio, un silencio en respeto de la memoria de Ariel, y también hagan un mea culpa público, así como públicamente no tuvieron pruritos para exponer toda esa mierda.
Alejandro Frias