Inundaciones y subsidios: ¿ir a fondo o "quedar bien"?

El Estado gasta cifras incalculadas por razones de emergencia y aludiendo a la crisis ya desatada en lugar de realizar las obras que tiene que hacer.

Foto: i.ytimg.com
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Desde hace tiempo en la Argentina venimos viendo que, ante situaciones catastróficas que podrían haberse evitado con un rol protagónico del Estado, la respuesta es tardía, pero de alto impacto. Si tomamos el caso de las inundaciones en territorio bonaerense, es crucial conocer que allí esto ya ha pasado antes y, sin embargo, no se han realizado las obras estructurales que impidan la repitencia del fenómeno. Echarle la culpa al cambio climático sin haber hecho nada es un chiste de mal gusto.

Repentinamente, el Estado se ve obligado a buscar paliativos. Con el agua al cuello, los vecinos afectados no pueden menos que, cada vez que ocurre, sentirse agradecidos de que les perdonen impuestos, les condonen deudas, les eximan del pago de tasas, les amplíen lo que reciben como asignaciones sociales o jubilaciones... Pero hay que analizar si los montos que el Estado debe erogar ante los hechos consumados no alcanzarían para solucionar, de una vez y para siempre, la situación.

Pasó en Mendoza, en donde la Cuarta Sección se inundaba. Bastó realizar un colector subterráneo para morigerar el impacto de los antiguos anegamientos. Llueve muy de vez en cuando, mucho e igual se acumula mucha agua, pero circula y escurre rápidamente.

Pasó en la Ciudad de Buenos Aires en donde se puso primero en la agenda la realización de obras que permitieran el rápido escurrimiento de las aguas. Hubo muchos muertos antes de que esto pasara. Pero mientras en territorio bonaerense la lluvia sigue siendo sinónimo de inundaciones, incontención, damnificados, evacuados y previsión rápida de subsidios, ayudas de diverso tipo y eximición impositiva como para frenar la bronca, en la capital del país el problema aparece minimizado al máximo.

Es lo mismo que pasa con todos los temas. Pasa con la desinversión en energía, con la ausencia de reservorios de agua, con el colapso de las rutas nacionales ante la ausencia de ferrocarriles... La discusión que debemos instalar en tiempos de definición presidencial es, en todo caso, si preferimos ir al fondo de las cosas o quedarnos chapoteando en la superficie. Siempre tomar medidas de asistencialismo cuando la situación llega a ser una crisis hacen "quedar bien" en ese contexto a los funcionarios. Pero sin dudas que serían inmortalizados por las comunidades afectadas si en lugar de llegar tarde, previeran las obras necesarias con anticipación y las llevaran adelante.