Pelea de fondo que nos afecta a todos

La pelea de fondo en todo el mundo es la misma: corporaciones contra democracias.

La pelea de fondo en todo el mundo es la misma: corporaciones contra democracias.

El domingo próximo ese duelo tendrá dos rounds muy importantes: uno en Grecia y otro en Ecuador.

En Grecia, cuna de la democracia, el pueblo votará si acepta los nuevos y futuros planes de austeridad de la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) o si les pone un límite y da un voto de confianza al gobierno de Syriza.

Grecia llegó a la crisis financiera, el default y el corralito bancario más o menos por los mismos motivos que llegó la Argentina en 2001. Esto es, por un plan integral del neoliberalismo que incluye la desindustrialización (en Grecia el impedimento de una industrialización que nunca llegó); el endeudamiento como pacto implícito entre malos gobernantes y peores banqueros, ambos a sabiendas de que esos créditos no eran en beneficio del pueblo y además eran impagables desde el inicio; y la entrega de la política monetaria (en Argentina fue la Convertibilidad, en Grecia el Euro).

La gran diferencia entre los dos países es que en Argentina la crisis le estalló en las manos al gran responsable: Domingo Felipe Cavallo (el superministro del menemato y de la Alianza), en cambio en Grecia, la crisis estalla ahora con un gobierno nuevo que está tomando el toro por las astas. Syriza tiene medio año y no es el responsable de la hecatombe, al contrario, llegó al poder proponiendo un límite a la entrega del país.

En cuanto al futuro y a la salida, está por verse si será como en nuestro país, con una reestructuración de deuda que permita la reconstrucción del país, o si por el contrario, la agonía será eterna.

Eso es lo que se juega el domingo en el referéndum. Es una pelea mucho más política que económica y se trata justamente de esto, de recuperar la política como arma fundamental de la democracia, allí donde nació esa forma de gobierno.

Si gana el SI a la propuesta de la Troika, el gobierno de Alexis Tsipras quedará muy debilitado y quizá hasta tenga que renunciar. Por su parte, Angela Merkel y la dictadura financiera internacional tendrán vía libre para aplastar a otros pueblos periféricos como el español, irlandés, portugués e italiano, entre otros. Lo que se allanará será el próximo estadío de la Unión Europea, que es la uniformación fiscal y financiera, sin importar cuántos seres humanos quedan en el camino.

En cambio, si gana el NO a los ajustes interminables y a los planes de austeridad de la Troika, habrá sido un espaldarazo para el primer ministro de Syriza, un triunfo de la democracia y un empujón para formaciones como Podemos en España o el Sinn Fein en Irlanda, que podrían ganar elecciones en los próximos meses y empezar a cambiar el mapa político europeo. Y ese triunfo sería el triunfo de todos los pueblos del mundo, el triunfo de la democracia contra las corporaciones.

Podría sobrevenir una negociación en mejores condiciones para los griegos y hasta una reestructuración de la deuda externa al estilo de lo que hizo Néstor Kirchner en el 2005 y Cristina en 2010. Y un reforzamiento de la cruzada que lleva adelante la Argentina en el seno de la ONU para lograr un marco legal internacional que reglamente las reestructuraciones de deudas soberanas.

El otro round de esta pelea de fondo de corporaciones contra democracia se está desarrollando en Ecuador y tendrá una definición el domingo si es que finalmente aterriza con tranquilidad el Papa Francisco en el nuevo y coqueto aeropuerto de Quito.

Desde hace un mes está en marcha un neogolpe contra el presidente Rafael Correa (uno más y van…). Pero no ha dado resultado y la oposición, incapaz de ganar ninguna elección, empieza a mostrarse también impotente para derrocar al presidente por la fuerza. Por eso, en los últimos días está apelando al caos político y social para evitar la llegada de Francisco, que de cualquier manera y le guste a quien le guste, es un apoyo y fortalecimiento a Correa y a su Revolución Ciudadana.

Todo empezó hace un mes cuando Correa envió al Congreso dos proyectos de ley para gravar impositivamente la plusvalía y también las herencias millonarias. Esto no sólo existe en muchos otros países capitalistas y occidentales, sino que además, está en sintonía con la prédica permanente de Francisco en contra del capitalismo salvaje.

Pero la oligarquía ecuatoriana y las corporaciones reaccionan tirando toda la carne al asador porque saben que no pueden dejar pasar ninguna oportunidad para terminar con un proceso político destinado a terminar con ellos, tarde o temprano.

Haciendo uso descarado de sus espadas mediáticas y de la mentira como herramienta (dicen que Correa quiere terminar con la institución familia), sacaron miles de personas a la calle, muchas de ellas de clase media que no son ni serían alcanzadas nunca por las susodichas leyes. Ante esta situación, Correa retiró los dos proyectos y convocó a la oposición a dialogar, pero las corporaciones se cebaron y vieron la oportunidad de ir a fondo hasta forzar un quiebre institucional, como ya lo han intentado con distinto éxito desde 2002 en distintos países de nuestra Patria Grande. Fracasaron una y otra vez en Venezuela, el propio Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Brasil y Argentina. Pero lo lograron en Honduras y Paraguay, por eso hay motivos para preocuparse y ocuparse.

Si el Papa Francisco llega a Ecuador y se reúne con Correa como está previsto, habrá sido otro triunfo de los pueblos y de la democracia contra las corporaciones.

Siempre conviene tener memoria y contextualizar los hechos. No olvidarse que fue Domingo Felipe Cavallo quien llevó la dolarización (especie de Convertibilidad) al Ecuador, en épocas de Jamil Mahuad. Y que el que llevó a la Argentina a un default y a un corralito bancario igual que el de Grecia de hoy fue también Cavallo. Claro, asistido hace 14 años por Federico Sturzenegger y Carlos Melconian, hoy los dos principales asesores económicos de Mauricio Macri. 

Mariano Saravia