Docentes, mentiras y videos

Me niego y propongo que nos neguemos a discutir a una persona y su carrera en base a un recorte de un momento.

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 El video es una trampa. En todo sentido. No sólo para la docente, sino para todos/as. Es una trampa para no discutir de verdad.

Conozco a la profesora, poco. Fue docente mía en la carrera de Letras en la UNC. Pero me niego y propongo que nos neguemos a discutir a una persona y su carrera en base a un recorte de un momento. Un recorte que no muestra qué pasó antes ni después. No muestra la actitud de quien filmó ni del resto. No muestra cada intento exitoso o cada falla de la docente. No muestra la actitud del resto de la institución ante innumerables pedidos de ayuda que hacen los docentes frente a determinados grupos. No muestra, más bien esconde. No tiene contexto. No tiene historia. El video es la más sutil de las trampas: un hecho verdadero que se puede usar para mentir mucho.

Nunca hay videos que den registro de todos los tipos de violencia de las que somos víctimas los trabajadores de la educación. Y los casos son más, muchos más, que los que tienen exposición mediática. Ahora, los docentes, imposibilitados, lógicamente, de filmar, ellos/as, lo que viven, agregan una nueva tensión más a sus tareas: ¿Me estarán filmando?

Hablemos claro: podrían haber miles de videos con docentes que en algún momento, o muchos, gritan, se enojan, se sacan; pero también videos que los muestren llorando al salir de un curso; otros, que los muestren deprimidos, en sus casas, planificando la clase para un grupo que no saben cómo abordar; videos de docentes que van a pedir ayuda y plantean situaciones complejas, sin respuesta de los organismos a cargo; habría un video para ver, el peor de todos: el docente ya vencido, que ni grita ni se enoja ni llora ni putea, porque simplemente se rinde, decide conservar su salud mental y física y se propone aguantar. ¿Nadie tiene esos videos?

Alguien lee esto y se pregunta si me parece bien que un docente reaccione así. Le digo: enojarse también puede ser un acto pedagógico. Parece que está bien que los trabajadores de la educación tengan sentimientos en juego a la hora de comprender lo que le pasa a un alumno, a la hora de saber sus historias y empatizar con ellas, emocionarse con ellos, reír con ellos, llorar con ellos. Pero nos estaría vedado reaccionar con un poco de emoción cuando nos tratan injustamente o cuando se tratan mal entre ellos. A veces, no solamente está justificado sino que es absolutamente necesario mostrar que hay un ser humano en frente y que puede ser que lo estén haciendo mierda, sin proponérselo. Me ha pasado, por ejemplo, enojarme si un alumno/a hace algún tipo de acoso o discriminación humillante sobre otro. No me alcanza con decirle solemnemente: “Eso no se hace.” Les dejo ver mi indignación humana. ¿Pero está bien que un docente amenace o insulte de esa manera? Gritemos todos que “¡No!”, pero no creo que los chicos hayan sentido miedo, en este caso. Más bien se trató de un inmenso grito de impotencia. Cuando llegamos a esa reacción es porque estamos desbordados. Un desborde de ese tipo es una alarma, filmada o no, que pide revisar cómo seguimos. No puede ser el fin de la carrera de nadie. Porque si las constantes agresiones de los alumnos no son el fin de la permanencia de ninguno, y se “comprende” el contexto, habrá que entender el contexto de miles de docentes, directivos, preceptores, celadores, etc., que la están pasando muy mal.

Los docentes, en su mayoría van a defender a esta profesora. Incluso alumnos de ella, -donde hay quienes tienen buen recuerdo de ella y quienes no-, la van a defender. Pero no la defienden a “ella”. La mayoría no la conocen. En realidad, se están defendiendo a sí mismos. Conocemos lo que pasa en las escuelas, por eso la defienden. Hemos visto demasiados docentes cuestionados, acusados, maltratados y, finalmente, expulsados bajo el mecanismo de la licencia, la renuncia o el traslado. Aquí en esta nota ya lo denunciamos, y mientras escribo esto acompañamos dos casos de violencia contra docentes en escuelas de Godoy Cruz ocurrido en estas dos semanas. Vemos el video como un espejo de frustración e impotencia. Es algo así como Relatos Salvajes: tal vez, hasta se convierta en una heroína por soltar su frustración de esa manera.

¿La solución? Los trabajadores de la educación necesitamos urgente, un Congreso Pedagógico para revisar y reelaborar toda la política inservible de normas de convivencia, disciplina y protocolos. Necesitamos, urgentemente, un salario que nos permita trabajar menos, pero mejor; gabinetes completos, más personal, menos alumnos por curso, mejor infraestructura, más recursos. Necesitamos condiciones materiales concretas para personalizar lo que hacemos, trabajar con ganas y parara detectar “situaciones emergentes” a tiempo. Necesitaríamos, para todo esto, recuperar nuestro sindicato, el SUTE, el gran ausente del debate y de la acción concreta. En estos días haremos una campaña con esta exigencia.

Ni irse ni quedarse, dice un poema de Gelman: resistir. Y le agregamos: reaccionar y organizarnos.

Sebastián Henríquez - Secretario General SUTE Godoy Cruz - Agrupación Marrón “Maestra Silvia Núñez”