Chile y Bolivia y la salida al mar

Durante esta semana se produjeron los alegatos de las delegaciones de Chile y Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, en Holanda.

La Guerra del Pacífico enfrentó a Chile contra la alianza de Bolivia y Perú entre 1879 y 1884. El motivo fue el interés capitalista del imperialismo británico, que había puesto el ojo en el guano y el salitre de la zona, insumos fundamentales para la agricultura de la época.

Ante el intento de Bolivia de empezar a cobrar impuestos a las empresas inglesas con sede en Santiago, Chile reaccionó sorpresivamente ocupando militarmente el puerto boliviano de Antofagasta. Luego de cinco años de guerra, Chile se quedó con 400 kilómetros de costa y 120 mil kilómetros cuadrados, todo el litoral marítimo boliviano y la zona más rica en cobre. En tanto, Perú también perdió todo el sur, desde Arica hasta Iquique, y podría haber sido peor porque el ejército chileno llegó a ocupar Lima.

A partir de ese momento, Bolivia reclama una salida soberana al mar, más allá de que en 1904 se firmó un tratado de límites al cual hoy se aferra Chile para sostener su argumento de que no tiene nada que discutir con Bolivia.

Esta posición es difícil de aceptar, porque entonces estaríamos aceptando que una acción de fuerza puede llegar a constituirse en fuente de derechos. Algo inaceptable para la paz y la convivencia mundial.

En cambio, Bolivia aduce que Chile en varias ocasiones se comprometió a discutir la entrega de una salida soberana al mar, que aliviane las consecuencias nefastas de su enclaustramiento.

Lo que se está discutiendo en las audiencias esta semana en La Haya es nada más que el planteo de incompetencia presentado por Chile. Es decir, una chicana jurídica que no hace más que empeorar la imagen internacional de Chile. De hecho, en su alegato Bolivia dice que en realidad lo que Chile busca es no cumplir con su compromiso de discutir el tema. Si la Corte Internacional de Justicia se declara competente (eso podría suceder la semana que viene), recién ahí se abordará la cuestión de fondo, que es el pedido de Bolivia para que la Corte ordene a Chile sentarse a negociar.

Lo importante para nosotros y para toda Sudamérica es tomar consciencia de que no se trata de un tema bilateral, sino de un tema multilateral que afecta directamente a todos nuestros países. Principalmente porque la situación afecta el equilibrio regional. Hay países que son atlánticos como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil. Y hay otros países que son pacíficos como Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Y allí, en ese grupo, también tiene que estar Bolivia. No sólo por la propia Bolivia, sino para que ningún país tenga hegemonía en el Pacífico Sur.

Ahora bien, las alternativas que siempre se han barajado giran indefectiblemente en torno a la idea de un corredor que una el territorio boliviano con el mar. Eso en la práctica es totalmente impracticable, porque si ese corredor fuese al norte de Arica, sería en territorio que antes perteneció al Perú, incluyendo un nuevo problema. Y si el corredor fuera por territorio que fue de Bolivia, eso cortaría en dos a Chile, algo totalmente inaceptable para Santiago.

Cuando el presidente Evo Morales estuvo en Córdoba para recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, tuve la oportunidad de acompañar a la entonces rectora Carolina Scotto en una entrevista con él.

En esa ocasión le entregué un proyecto alternativo que prevé un enclave territorial soberano sobre el mar, de 30 kilómetros por 30, es decir 900 kilómetros cuadrados, a la altura de Calama. Es una ecuación gana-gana porque Bolivia ganaría una salida soberana al mar y Chile ganaría también.

Por un lado se reactivaría una zona que económicamente está deprimida, y por otro lado mejoraría notablemente su imagen internacional. Pero además ganaríamos todos porque demostraríamos al mundo que la verdadera integración sudamericana no es sólo solidaria sino también muy pragmática en busca de la paz, la estabilidad y la prosperidad de nuestros pueblos.

Mariano Saravia.