La pregunta sobre el bien
Da un paso al frente: oímos que eres un buen hombre.
No pueden comprarte, pero el relámpago que golpea la casa tampoco
puede ser comprado.
Mantienes la palabra.
Pero ¿qué dijiste?
Eres sincero, das tu opinión.
¿Qué opinión?
Eres valiente.
¿Contra quién?
Eres sabio.
¿Para quién?
No persigues tu beneficio personal.
¿Qué persigues entonces?
Eres un buen amigo.
¿Eres también un buen amigo de la gente buena?
Escúchanos: sabemos que eres nuestro enemigo. Por ello
te pondremos frente al muro. Pero en consideración
a tus méritos y buenas cualidades
te pondremos frente a un buen muro y te dispararemos
con una bala buena de un arma buena y te enterraremos
con una pala buena en la buena tierra
Bertolt Brecht
HORACIO VERBITSKY, SIN INVENTARIO
Conocí a Horacio Verbitsky en 1988 allá en el siglo pasado, cuando vino invitado por el Laboratorio de Derechos Humanos que la UNC, que bajo el Rectorado de Luis Triviño se había creado y que integrábamos con Diego Lavado. El vino como periodista de Pagina 12 a dar una conferencia bajo el título “Como se crea la verdad y medios de comunicación”. La charla se dio en la Facultad de Derecho que en ese momento funcionaba en el ex Colegio de los Hermanos Maristas.
A sala llena él manifestó lo que sería luego un clásico, no estar de acuerdo con los títulos que les dábamos a las mismas. A ellas se sumarian Victor De Genaro, Graciela Fernández Meijide y Alfredo Bravo, los ex militares agrupados en el CEMIDA, Tomás Abraham, Pérez Esquivel, Enrique Dussel y muchos más. Hoy esas varias de esas personas se encuentran en veredas distintas y quizás hasta irreconciliables, pero salvo Bravo que falleció, muchos de ellos siguen siendo grandes referentes en los campos en que se desempeñan.
Me quiero centrar en Verbitsky quien ha sido centro de críticas o de artículos que tratan de establecer un pasado dudoso o más que ello de vinculación a la dictadura militar.
Creo que HV es de aquellas personas que ni buscan ni quieren defensores, por lo tanto sólo transmito mi posición respetando a quien piense distinto; es un camino mínimo y concreto.
Horacio Verbistsky es parte fundante del CELS, que creara con Emilio Mignone, aquel a quien le secuestraran la hija durante la dictadura militar y que fuera funcionario a su vez de la dictadura de Onganía. El CELS, Centro de Estudios Sociales y Legales, ha sido y es una piedra esencial en la difusión y defensa de los derechos humanos. Los casos más emblemáticos llevados ante el sistema interamericano de derechos humanos han sido litigado por ellos. Muchos de sus miembros han nutrido diversos organismos y mucha legislación o reformas legales útiles han sido gracias a esa labor.
Horacio Verbitsky por el CELS ha logrado fallos indispensables para el entendimiento y toma de conciencia en materia de las cárceles de Argentina, en especial las de la Provincia de Buenos Aires.
Ha llevado quizás al nivel más alto el periodismo de investigación con libros que permitieron entender desde la propia represión lo que denunciaban las víctimas, como sucedió con “El vuelo” con el que se pudo comprobar cómo funcionaban los aviones de la muerte a través de las confesiones de Scilingo. Otros libros nos han permitido entender corrupción en la década menemista o nos dio una visión del arribo trágico de Perón a Ezeiza en un relato impresionante, o finalmente los roles de la Iglesia y los grupos económicos durante la dictadura en otras de sus obras.
En esa línea pero de distinta línea ideológica apreciamos cómo el periodismo se investigación crece de la mano de Hugo Alconada Mon en La Nación y Wiñazki en Clarin.
Sin ellos a nosotros como lectores nos sería muy difícil entender y acceder a la verdad.
Horacio Verbitsky ha emprendido largos vuelos solitarios acompañado de sus documentos y archivos, asi fue el único periodista que nos ha hecho pensar sobre la aptitud de Bergoglio para ser Papa por ejemplo y sobre la salud de Fayt, lo que ahora lo llevado a criticar a un gobierno nacional al que adscribe.
Sus análisis de los domingos son tan interesantes y punzantes como los que hace Pagni en La Nación por ejemplo y quien quiera sospechar de la información oficial o del acontecer tiene en ellos dos fuentes insoslayables.
Ningún ser humano es presente, todos tenemos pasado y somos más que lo que decimos lo que hacemos.
La democracia débil, con poca institucionalidad que tenemos, con valores licuados y donde nos acusamos continuamente puede permitirse que hoy Verbitsky sea al que le toque el incendio mediático, con o sin razón.
Lo que puedo decir, desde mi simple y único rol de lector, es que desde aquel ejemplo extraordinario y único de Walsh en su Carta a los Argentinos publicada por Jacobo Timerman en La Opinión, muy pocos hombres y mujeres profesionales de la pluma, han calado tan hondo como Horacio Verbitsky en molestar y cuestionar al poder, sea este público o privado, y en desnudar a una sociedad que veces hace del cinismo y la hipocresía un relato que parece épico pero es sólo bosta de paloma.