Elegía para Kluiver Roa de Venezuela

Un análisis de la tragedia venezolana.

Mi paso retrocedido,
cuando el de ustedes avanza;
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido
con todo su colorido,
se ha paseado por mis venas
y hasta las duras cadenas
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

De Volver a los 17. Violeta Parra.

 Que habrá dicho Kluiverth cuando con sus apenas 14 años se fue de casa para manifestarse en Táchira contra la dictadura (perdón, gobierno votado por la gente, endurecido por un pajarito).

¿Cuál habrá sido su última mirada? ¿La bala policial que lo mató o al cielo preguntando porque a él?

Hace rato que América Latina calla frente a la resistencia democrática estudiantil venezolana. ¿En que ocupara su tiempo la líder estudiantil ahora Diputada Camila Vallejos, cuando matan a palomas con uniformes y libros?.

Maduro culpa a la ultraderecha que envenena mentes infantiles, pero son sus balas las que mataron a Kluiverth y las que cierran la posibilidad de toda disidencia.

¿En que se ha convertido el progresismo, que hizo de las luchas estudiantiles, desde la Reforma, el Cordobazo, el mayo francés, el Tlatelolco de Mèxico del 68, la Plaza de Tian Amen en aires de revolución?.

Entre los 43 estudiantes de Ayotzinapa y la muerte de Kluiverth algo está pasando en nuestras tierras para que hayamos perdido la capacidad de asombro y silencio.

Ya la internacionalidad de las luchas han sido acalladas por los negocios estratégicos.

A China no se le pregunta por la usurpación del Tibet ni por libertad de expresión, mucho menos a Correa que persigue dibujantes y Maduro que mata estudiantes.

Los sistemas democráticos de hoy permiten un manto de protección e impunidad importante, como si todo fuera posible y sin límites.

Los mecanismos de protección internacionales son menospreciados por aquellos mismos que acudían en masa a denunciar, como lo vemos con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, donde Colones tardíos han descubierto que su sede está en Washington.

Floreal Avellaneda en Argentina fue asesinado por la dictadura militar argentina cuando apenas también tenía 14 años siendo uno de los tantos casos terribles de narrar, y muchos conocen lo que pasó en la noche de los Lápices en la Plata porque hasta una película se hizo sobre ello. No encuentro ninguna diferencia entre ellos, Kluiverth y nuestro Santiago Pampillòn, aquel estudiante de Palmira muerto en el Cordobazo.

Si miles de jóvenes protestan en el mundo, en los sistemas políticos que sea, algo hace ruido en ese sistema, algo debe llamar nuestra atención y jamás podemos ser indiferentes y mucho en menos en nombre de las ideas que promueven los cambios sociales para un mundo más justo.

No sirve callar porque el régimen que reprime es el que simpatizo. Ya pasó antes con las dictaduras de los regímenes comunistas de aquella Union Sovietica a la Cuba de los hermanos Castro y en Asia donde entre otros, subsiste el modelo medieval de Corea del Norte.

No sólo las Torturas de Guantánamo, loas campos secretos, las leyes antiterroristas, y las programas espías norteamericanos merecen nuestro repudio, porque no se puede igualar los métodos de quienes decimos que queremos ser distintos.

Hoy se apaga una luz en el océano, hay una balsa menos en la humanidad, porque Kluiverth de 14 años ha dejado de soñar, y esos sueños, los que fueren, merecen todo nuestro respeto y solidaridad.

Si permitimos el silencio es posible entonces que los 17 de Violeta Parra sean sólo la parodia de tragedia que cubre la vergüenza de un ideal progresista sesgado e hipócrita.