Idea de un gobernador con mirada hacia el futuro y proyecto de un paisajista francés de reconocimiento mundial, el estado actual de "nuestro parque" apena, entristece y hasta avergüenza.
Orgullo mendocino justificado y admiración de compatriotas y visitantes extranjeros, se requiere de acción urgente y eficaz de las nuevas autoridades y de colaboración y cuidado de toda la ciudadanía para recuperar este ícono provincial.
Fruto de la incompetencia, desidia y hasta falta de buen gusto de quienes estuvieron a cargo del gran paseo, su estado actual asemeja al de un lugar abandonado.
La mayoría de las vías de acceso y los caminos internos están poblados de agujeros, ondulaciones del pavimento y símil pequeños cráteres que son un trampolín a la rotura de neumáticos y ejes de suspensión.
El pasto seco abunda, de un largo que denota falta de corte por bastante tiempo y ausencia habitual de riego. Se muestra casi inexistente en los derivadores de tránsito que se han construido. Estos, a su vez, merecen una consideración especial, pues todos ya están parcialmente destruidos, con falta de pintura y abandono total del cuidado de flores y del verde en su interior.
Muchos tachos de basura están desfondados, por lo que devienen inútiles, varios bebederos no funcionan, incluso alguno vierte agua por el costado, y faltan bancos en numerosos lugares. El Parque Aborigen luce como el parque del abandono y los caballitos de Marly asombran por las pocas flores que los rodean, aparte del dudoso gusto con que las mismas fueron seleccionadas. En general escasean las flores en las fuentes y monumentos y las pocas que sobreviven están casi exánimes y no embellecen ni alegran la vista y el espíritu.
Bastante más podríamos agregar en la lista del debe, pero más importante es comenzar la tarea reconstructiva. Es deber imperativo de las autoridades competentes poner rápido manos a la obra reparadora.
Y es responsabilidad de todos nosotros colaborar, cuidar con esmero el mayor paseo provincial y disfrutar del mismo velando por hasta el más mínimo detalle. No debe el parque aparentar ser los viernes a la mañana un cementerio de botellas vacías, ni luego de los fines de semana o días feriados un lugar poblado de papeles o residuos por doquier. Y eso es obra nuestra.
Debemos todos no agravar el estado general del parque y también debemos demandar su pronta recuperación . Es nuestro deber de ciudadanos comprometidos y, en consecuencia, nuestro derecho de demandar soluciones rápidas y certeras a los funcionarios.
Lo merecen la historia y el prestigio del Parque San Martín y también nosotros, los mendocinos justificadamente orgullosos de él.