El primer debate entre los dos candidatos a presidente en segunda vuelta dejó algunas conclusiones interesantes. Daniel Scioli y Mauricio Macri se presentaron en la Facultad de Derecho de la UBA con posturas similares: batería de propuestas, líneas retóricas firmes y ases bajo la manga para lanzar al rival.
Sin embargo, el debate terminó siendo una extensión de la campaña electoral: chicanas por doquier de ambos lados, carencia de propuestas concretas, poco respeto por las reglas impuestas por los organizadores y fuertes críticas entre los candidatos.
Daniel Scioli fue quien apeló más a la "táctica del sordo": eludir las respuestas del rival y seguir profundizando en las críticas a Macri, cayendo en una postura cuasi escapista. El líder de Cambiemos, por su parte, también utilizó este artilugio en determinados momentos del debate, pero con una postura más cercana a una ligera sensación triunfalista.
Los discursos de este debate no estuvieron alejados de las líneas preestablecidas en el último tramo de la campaña electoral, lo que hizo barrer de lleno las teorías que se especulaban sobre el comportamiento de los candidatos. A pesar de sus intentos, Scioli no pudo despegarse del kirchnerismo ni Macri dejó de remarcar los errores del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Quizás la hora y media que duró el debate no alcanzó para que ambos candidatos puedan explayarse en sus ideas, pero quedó claro que la falta de tiempo reveló una carencia absoluta del poder de síntesis, sumamente necesario en este tipo de eventos.
Hay muchas otras aristas para analizar con mayor profundidad, pero una conclusión es que este debate permitió al votante seguro reafirmar su voto para el balotaje, mientras que el indeciso, en su mayoría, seguirá indeciso al menos unos días más. En resumen, el debate presidencial en la UBA no logró ser la herramienta definitoria de las elecciones. La final sigue abierta.