Los intendentes sobrevivientes al aluvión electoral contra el peronismo mendocino intentan ponerle una cuota de racionalidad al descalabro de fin de ciclo de la administración de Francisco Pérez. Mientras ello ocurre, el pequeño entorno que sigue fiel al gobernador invierte recursos estatales en hacer callar y distraer sobre la grave situación a la que llevó su paso por la "gestión".
El grupito paquista, con Francisco García en la cobertura legal, el agente penitenciario adscripto Gaspar Contreras en el bombardeo tuitero, el publicista Pablo Bicego con la chequera de la pauta publicitaria oficial y Celina Sánchez, esposa con despacho en Casa de Gobierno, resiste espalda con espalda, aun a los "compañeros" que le piden cordura sobre el final.
Fue el propio peronismo el que filtró a la prensa que el gobernador estaba dispuesto a irse antes de tiempo.
El lunes, hubo una primera reunión, en donde hizo un berrinche que podría dejar mal parado a todo el resto, incluyendo a Daniel Scioli, si no lo ayudan a llegar al 9 de diciembre con algún respaldo a su alrededor más sólido que el de los incondicionales. Él ya no tiene más nada que perder. Un Pérez en "modo Unabomber" descolocó al PJ que se volvió a aglutinar el martes después de no darle bolilla el lunes: su amenaza con renunciar iba cobrando forma y con ello, consiguió que, por primera vez en mucho tiempo, le prestaran atención desde el partido que preside pero que no conduce, en una provincia en donde ya no reina ni gobierna.
Hubo pases de factura: es que comienzan a llegar las denuncias judiciales y las penales son las que más duelen. Unos acusan a otros de la responsabilidad por no haber cumplido con el contrato de compra del helicóptero varado en Chile, de no pagar determinadas cuentas, de que las cosas se les haya ido de las manos.
Finalmente, primó cierta cordura debido al contexto electoral. Un gesto "delarruista" de Pérez sería de alto impacto nacional, aunque la opción no fue descartada del todo por dirigentes del peronismo que sí ganaron. Imaginaban una transición real en un escenario que si bien podrá considerarse no óptimo, sería al menos "normal": con Carlos Ciurca, el vicegobernador, un hombre de la política que, al menos, podría encargarse de cubrir la retirada con acciones lógicas y no en medio de gritos, ausencias, abandonos, amenazas, descontrol y ataques de pánico.
La pregunta que rebota ahora en los murallones del edificio gubernamental es: ¿podrá Pérez entregarle la banda de gobernador a Alfredo Cornejo en la explanada de la Casa de Gobierno, en un acto con público y transmitido en vivo? Sobre esto se manejan dos opciones: que se haga un acto "íntimo" en el Salón Patricias Mendocinas y luego Cornejo baje a dar su discurso y a poner en funciones a los ministros. Y lo otro es la alternativa de pedir que no se transmita en vivo el acto para evitar que, si pasara algo, se multiplicara. Pero a esas alturas, Pérez ya no tendrá tanto poder de incentivo sobre los medios.
Hay algo más grave para los mendocinos que las peleas del peronismo y problemas de liderazgo de los que gobiernan. Es que hasta ahora no le han abierto al nuevo equipo de gobierno los despachos de los ministerios. Quedan menos de 30 días para que formalmente se cumpla el mandato de Pérez, quien el 9 de diciembre debe entregarle el poder a Cornejo quien, si bien no puede hacerse el distraído y sorprenderse por el nivel del desbarajuste, es probable que encuentre una caja de Pandora en cada rincón del gobierno.
Además de la cuestión financiera y el cobro de los empleados del Estado -el problema que más conocemos de la Mendoza actual-, está pendiente determinar el funcionamiento de las cosas básicas: el fin de año penitenciario, que siempre es complejo y en donde no se ha realizado ninguna reunión entre entrantes y salientes; el funcionamiento de la policía, que depende de un ministerio que aparece como un lugar en donde ya no se toman decisiones, salvo los reacomodamientos políticos; la disponibilidad de atención sanitaria en todo el territorio provincial, sin hablar de todo el resto de las cuestiones más estructurales que van deteriorándose hasta la raíz con una coyuntura adversa.
El frenesí del grupito paquista en superponer sus manos frente al sol intentando que no lo veamos tiene fecha de eclipse, según el "peronismo real", el sobreviviente y el que no ve la hora de quitarse "la mochila" de este gobierno para refundarse: el 23, un día después del balotaje. Ese día se sabrá la verdad.