No fue Béliz

El columnista desarrolla su versión de los hechos sobre Stiusso.

Foto: web
Foto: web

Un debate habitual en #BASAT es sobre hasta qué punto los medios “crean opinión” o se limitan a expresar y dar forma a sentimientos y prejuicios que ya existen en su público. Es una discusión habitual en los que trabajan en comunicación, porque – claro – no tiene una resolución definitiva. Ambas cosas son ciertas, porque se trata de un proceso, no de un hecho que se produce en un momento dado.

De cualquier modo, es cierto que la situación actual en nuestro país puede verse como un caso especial, para los libros (que sin duda en algunos años escribirán los politólogos). Es llamativo ver como el discurso de las fuerzas políticas, y también de la gente común que se enfrenta a la Presidente Cristina Kirchner y a su gobierno, está tomado de los medios opositores, casi sin elaboración. Cualquiera que repase las redes sociales – Facebook, la más típica – puede dar testimonio de ésto. No hablemos de las declaraciones de los políticos, por Dios.

La tarea es más fácil – decimos lo que somos algo escépticos de la omnipotencia de los medios – es que las usinas opositoras no tratan de imponer abiertamente una ideología – sólo en forma casi subliminal, dando por hecho que hay una forma racional y “seria” de hacer las cosas, que no es, claro, la del gobierno. El relato a dejar establecido, en todos los casos, es que cualquier cosa que hagan los K la hacen por motivos malvados y egoístas. Y que además la ejecutan mal.

Es interesante analizar el porqué el oficialismo – que cuenta con recursos comparables y comunicadores talentosos – no ha conseguido imponer un discurso propio entre los sectores no politizados – la gran mayoría – de quienes lo apoyan. Ni tampoco crear un medio de comunicación gráfico o televisivo con el alcance masivo del Grupo Clarín (disminuido como ha sido éste por el avance de Internet y el descenso en la compra de diarios).

Pero eso es para un posteo más largo y técnico que éste. Aquí quiero mostrar la creación ante nuestros ojos y en pocos días de un mito urbano:Que la nueva Agencia Federal de Inteligencia que el gobierno quiere crear se basa en un proyecto de Gustavo Beliz, el casi olvidado Ministro de Justicia inicial de Néstor Kirchner, y que éste lo vetó para proteger el poder de la vieja SIDE. Y que cuando Gustavo Beliz le advirtió a Néstor Kirchner sobre el peligro que representaba “Jaime Stiuso”, el entonces presidente eligió apoyar a este último en vez de a su ministro de Justicia.

Esas dos afirmaciones que enlazo están ayer en una columna en Clarínde Nicolás Wiñazki, y en nada menos que en un editorial de La Nación. Pero habían sido ya sembradas en noticias aparecidas en los días previos, en esos medios, en Infobae, … Basadas en alguna similitud con propuestas de ese ministro y, sobre todo, en la famosa ocasión en 2004 cuya foto engalana este posteo, cuando Beliz revela por primera vez en TV la cara del espía maestro, “Stiuso”.

No es una historia absurda, eh. Sólo que para construirla hay que dejar de lado un hecho incómodo. Que apareció en una columna de Gerardo Young en las mismas páginas de Clarín, en abril de 2004, accesible a cualquiera que se moleste en buscarla. Ahí se relata que la entonces senadora, y primera dama, Cristina Fernández de Kirchner, fue decisiva para resolver una interna de poder dentro de la Policía Federal, al empujar la remoción del más poderoso de los policías argentinos y un firme candidato a ser el jefe de la fuerza. Decisión que dejó mal parado a Beliz.

Esa decisión del Presidente Kirchner fue aconsejada, según dijo entonces Clarín, por la senadora, que conocía a ese jefe policial desde fines de los años noventa, cuando ella integraba la Comisión de Seguimiento de la investigación del atentado a la AMIA y él se ocupaba del trabajo policial del caso. También la noticia nos habla de internas en la Federal y en la SIDE, por el manejo de los secuestros extorsivos (nada sorprendente), pero la clave fue esa animadversión. “Para Cristina, ese policía siempre fue parte de la “gran mentira” de la investigación AMIA, como la llamó cuando declaró en el juicio oral por el atentado, en el 2003“.

El nombre de ese comisario, de quien CFK tenía tan mala opinión, era, es Jorge “Fino” Palacios ¿Les suena? 

(*) Del blog de Abel Baldomero Fernández: https://abelfer.wordpress.com/about/