Los pequeños y medianos corruptos

Mendoza se ha convertido en territorio abonado para el clientelismo.

Entendiendo la Corrupción como la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar). Es la práctica que consiste en hacer abuso de poder, funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Se conoce como corrupción política al mal uso del poder público para obtener ventajas ilegítimas.

Por suerte pocos son los mendocinos que aún se asombran de la mucha corrupción que se perpetua y de la poca o nada que se descubre y castiga. Por desgracia a muchos les parece natural que exista y fluya por las venas de un gobierno provincial lastrado por hábitos despóticos.

La Corrupción es rentable, fácil de acceder y difícil castigarla, no hay dudas. Manejada por controles administrativos en manos de los mismos que por acción, omisión o incompetencia son sus facilitadores y que seguramente seguirá campando, lamentablemente lejos de la supervisión de los ciudadanos. Y esa es la clave: naturalizar la corrupción como parte imbatible del sistema.

Los Pequeños y Medianos Corruptos, otro sector, a los que nadie o pocos tienen en cuenta, pero cuando algo sacude a sus superiores, son los primeros y muchas veces los únicos en caer. Están por todas partes y son muchos, suelen ser los amigos del poder, los que recaudan para la corte, caldo de cultivo en el tráfico de influencias, los conocidos ñoquis que abundan en todas las áreas del gobierno provincial, y también los silenciadores de la gran venalidad. A mi entender la raíz de la corrupción es la incompetencia, en un marco administrativo cuajado de grietas.

Los escalofriantes casos en la Dinaf, una tercera parte de la población en situación de pobreza, la desnutrición, los problemas de la Osep, del Pami, la inseguridad, la educación. el mal estado edilicio de muchas escuelas, cientos de militantes partidarios pagados con sueldos del estado, hospitales y centros de salud desfinanciados, la falta de agua potable, los cortes energéticos, cientos de personas en situación de calle, niños sometidos a la mendicidad, etc.etc etc, son algunos ejemplos de las consecuencias de la corrupción que late cada día.

Algunos de nuestros políticos y sus asesores son personas, en su mayoría premiados por militancia partidaria en cargos muy por encima de sus capacidades intelectuales, y que al sentarse en sus despachos han de hacer frente a un gran problema: satisfacer la voracidad política de su partido. Una verdadera jungla, porque los despachos son asediados por afiliados y simpatizantes que necesitan una prebenda para vivir del cuento. Las oficinas se han convertido en la madriguera de incompetentes, haraganes y corruptos. Limpiar esos cubiles no es difícil, pero pone en riesgo los intereses políticos y las prebendas de casi todos los que llegan a la función pública como premio a su militancia, favores concedidos o lealtad a la hora de esconder situaciones comprometidas.

La incompetencia, la holgazanería, la picaresca, que sofoca como una mala hierba el trabajo inerte de la mayoría de funcionarios y sus amigos, se han encontrado con un montón de dinero a su alcance. Así se han desarrollado programas y cargos basados en la especulaciones ocultas, innecesarios, todo en beneficio de los grandes corruptos y corruptores.

Mendoza se ha convertido en territorio abonado para el clientelismo y el matonismo político. La casta existe. Si dejamos pasar el tiempo sin hacer nada, la corrupción y sus secuelas se convertirá en el cáncer de la democracia y acabará con ella. Esperemos que la conciencia cívica, las mareas sociales y el hartazgo de los votantes de uno y otro partido se adueñe de la provincia y sea capaz de pasar por encima de él una escoba. Aunque, más que esperar, lo deseo y es necesario generar acciones concretas por el bien de las generaciones venideras.