Los gobiernos del Frente Amplio han logrado un nivel de desarrollo sostenido sin antecedentes en el último medio siglo. En estos diez años los uruguayos mejoramos en todos los sectores: social, económico e industrial.
Uruguay se ha transformado en un país que inspira confianza. Esto hace apenas 10 años no era así. Nadie quería invertir en aquel país y los uruguayos tenían que irse de a miles a procurar su futuro en el exterior.
Del estancamiento al desarrollo:
El estancamiento tuvo su exacta correspondencia con muy bajos registros de inversión en la mayoría de los sectores productivos, al punto que nuestra tasa de inversión apenas si era comparable a la de Haití. En los veinte años comprendidos entre 1985 y 2004, la tasa de inversión se ubicó, en promedio, por debajo de 15 % del PBI, apenas lo necesario para reponer el desgaste de “la maquina productiva”.
Ello componía y reflejaba la debilidad estructural de la economía y, a su vez, era la expresión notoria de la falta de confianza de los actores públicos y privados, nacionales y extranjeros, en las perspectivas que brindaba el funcionamiento económico del país.
En aquel contexto, el del estancamiento acumulado por varias décadas, las crisis económico-financieras recurrentes y el sistemático deterioro de las condiciones de vida de las mayorías, es que debe entenderse, y encuentra su fundamento, la falta de confianza acerca de la “viabilidad” que generaban los gobiernos blancos y colorados.
La conducción política es la responsable por generar oportunidades para la sociedad. Ahora, nuestro país brinda oportunidades y certezas. Es innegable.
En la actualidad se registran tasas de ocupación como nunca antes; hay derechos que tutelan las relaciones laborales; hay emprendedores que invierten, arriesgan, innovan y crean trabajo y oportunidades para sus compatriotas.
Las políticas económicas fomentan el desarrollo productivo y sustentable del país, apuntando al bienestar social. Las políticas económicas progresistas están enfocadas a mejorar la calidad de vida de nuestra gente.
Algunos de los ejemplos que atraviesan y explican la actual dinámica de inclusión y oportunidades son:
• Política salarial: la negociación colectiva y el ejercicio de los derechos laborales por parte de los trabajadores y sus organizaciones representativas. En 10 años se incrementó el Salario Real en un 45,4 %.
• Política de seguridad social: la mejora en jubilaciones y en las condiciones de acceso a las diversas prestaciones y beneficios sociales.
• Reforma tributaria integral: incluye equidad, eficiencia y el estímulo a la Inversión Productiva y el Empleo. En agosto se volvió a reducir el IVA, a través de las compras que se realizan por medios electrónicos.
Desarrollo sustentable:
La superación del estancamiento y la simultaneidad del crecimiento con la distribución se verifican en el marco de una economía que está procesando un cambio estructural. La estructura productiva está cada vez más diversificada, hay más encadenamientos entre sectores, más conocimiento aplicado a la producción y ésta se inserta en mercados internacionales de rápido crecimiento. Todos rasgos y componentes del “cambio estructural” en proceso:
• Diversificación de la estructura productiva.
• Desarrollo de actividades intensivas en conocimiento.
• Inserción en mercados internacionales dinámicos.
• Disminución de brechas internas de ingreso (crecimiento inclusivo).
• Generación de empleo de calidad.
Somos conscientes de los avances, sin obnubilarnos, y tenemos claro que debemos poner especial énfasis, en áreas sensibles y fundamentales, para acelerar los procesos en marcha. Para ello:
1) Debemos mejorar la infraestructura vial, de modo de consolidar la multimodalidad y la intermodalidad de las vías disponibles.
2) Debemos modernizar el ferrocarril.
3) Continuaremos el mejoramiento de la infraestructura portuaria y avanzaremos hacia la construcción de un puerto de aguas profundas.
4) Consolidaremos la nueva matriz energética a partir del gas natural y recursos naturales renovables.
5) Continuaremos con la universalización de Internet y con el desarrollo del gobierno electrónico – estamos ubicados en los mejores puestos de la región -
Desarrollo inclusivo:
Hoy, Uruguay tiene la mejor distribución global del ingreso de las últimas tres décadas y alcanza los mejores resultados en abatimiento de desigualdad desde que se tienen registros.
Terminamos con los tiempos en los cuales crecer y distribuir eran facetas disociadas de la política económica. Por el contrario, y desde el propio diseño, la política económica desplegada por los gobiernos del Frente Amplio incorpora como sus dos directivas centrales el dinamismo y la equidad.
Son múltiples los planes que lo han hecho posible. Y no nos detenemos. En estos días, se instrumentará la Ley de Empleo Juvenil. Implica una inversión estimada en dos millones de dólares en subsidios que equivaldrían a entre 4.000 y 5.000 puestos de trabajo anuales.
Se prevén tres tipos de subsidios a las empresas del sector privado que contraten jóvenes. Las tres categorías que prevé la reglamentación son las siguientes:
• Población altamente vulnerable (continuación del Programa Objetivo Empleo pero exclusivamente para jóvenes)
• Pasantías para egresados de hasta un año de duración y en las que se subsidiará el 15 % del salario
• Contratación de jóvenes de entre 14 y 29 años, durante un año con un subsidio que alcanza hasta el 25 % del salario.
Se subsidiará hasta 15 % el salario de los jóvenes que sean incorporados a la plantilla de trabajadores de una empresa; se agregará un 2% adicional si ese trabajador es mujer; otro 4 % si el trabajador proviene de un hogar en situación de vulnerabilidad; y otro 4 % adicional si la empresa le proporciona un curso de capacitación al trabajador para mejorar sus cualidades.
Por otro lado, la Ley prevé que en el caso de que la empresa reduzca el horario de trabajo del joven y/o le conceda más días de licencia por estudio de los que tiene legalmente, el Estado financiará una parte para estimular que los jóvenes puedan culminar sus estudios.
Gobernantes, certezas y desarrollo:
Durante esta década se han procesado cambios a nivel económico de tal magnitud que han permitido alcanzar cifras de crecimiento muy altas y por encima de las experimentadas por los países de la región (con picos de del 8,9 % como en el 2010), aun cuando durante el período se desató a nivel global la mayor crisis del capitalismo desde 1929.
Actualmente, las perspectivas de crecimiento triplican lo que fue el promedio en las últimas cinco décadas. Esto no puede ser interpretado de otra manera sino como reflejo de la envergadura de las transformaciones procesadas en el funcionamiento de la nación en su conjunto.
Están cimentadas todas las condiciones que nos permiten afirmar que vamos a continuar el proceso de desarrollo en marcha en un tercer período progresista. Sin embargo, es oportuno preguntarse, sin ningún ánimo catastrofista, ni temerario, desde la más pura lógica, si aquellos gobernantes y partidos que nos sumieron en el estancamiento y fueron incapaces para desarrollar nuestra sociedad, ¿podrán ahora, verdaderamente, continuar el actual proceso de expansión con inclusión, y “mejorarlo” como prometen?
Allí está una de las respuestas fundamentales que nos impone la decisión de octubre.