Nuevas lenguas, nuevos mundos

Aprender una segunda lengua en la etapa adulta, un desafío para animarse.

Cuando queremos empezar un nuevo idioma, surgen muchas dudas en cuanto a la mejor orientación en este nuevo aprendizaje. La iniciativa puede nacer de una necesidad laboral, de un futuro viaje, o simplemente de un interés personal que no se pudo concretar antes por diversas razones.

Una de las grandes trabas al comenzar a aprender una nueva lengua es la ansiedad que sentimos cuando aprendemos algo nuevo siendo adultos, queremos saberlo todo ya. No es que estamos menos pacientes, es que nuestra mente está acostumbrada a proyectos de realización diferentes: buscamos las herramientas adecuadas, y resolvemos en consecuencia, le damos una dirección a lo que queremos hacer. No aceptamos nuevos conocimientos por sí solos, los desafiamos. No necesitamos una sola fuente de información, necesitamos quien nos guíe en nuestro proceso de búsqueda, quien nos aliente a bucear en nuestras propias estrategias y posibilidades, y nos haga sentir responsables de nuestro propio aprendizaje.

Acercarnos a una nueva lengua implica un nuevo universo y con éste nuevos sonidos, nuevos términos, nuevas culturas y nuevas formas de percibir el mundo. Este proceso implica el conocerse en otros tiempos, y descubrirse en aspectos personales no explorados anteriormente, como por ejemplo las estrategias de aprendizaje. Durante las clases y con la guía adecuada se puede saber cómo aprendemos más eficientemente según nuestro estilo de aprendizaje: con imágenes, colores, o grabaciones junto con imágenes, o mapas conceptuales o listas de palabras… con la combinación de estilos y estrategias, cada uno va encontrando su forma personal de aprender mejor.

Nuevos caminos necesitan nuevos objetivos. El estudiante adulto necesita objetivos bien claros, establecerlos, y ver cómo los está cumpliendo, ver cómo va subiendo escalones, cómo se amplían sus competencias. No se trata sólo de un curso y unos apuntes, se trata de una dinámica personalizada adecuada y flexible junto con un seguimiento acorde. Una fusión entre contenidos acordes a su nivel y recursos conectados con los intereses personales hacen la combinación ideal para el disfrute de la adquisición del nuevo conocimiento.

Aprender algo nuevo también significa una nueva dinámica para nuestro cerebro. Gracias a las neurociencias sabemos que somos capaces de seguir aprendiendo sin límite de edad: nuestro cerebro tiene la capacidad para cambiar y adaptarse a través del aprendizaje. Por lo cual embarcarse en aprender una nueva lengua es por demás de saludable para nuestro cerebro, nuestra autoestima y nuestro interior.

Como ya dijimos, aprender una nueva lengua implica mucho más que anotarse en un curso o buscar una profesora particular. Es iniciar nuestro ser en un nuevo mundo de conocimiento, desarrollar nuestra capacidad de comprensión y ser más sensible a otras culturas, sin dudas una experiencia enriquecedora en todos sus aspectos.