Lo que dejó el referéndum escocés

Hubo un triunfo cómodo del “No” y este resultado deja varias reflexiones para hacer. Sorprende la diferencia con respecto a las encuestas de los últimos días.

El esperado referéndum por la independencia de Escocia se saldó con un triunfo cómodo del NO por más de 10 puntos, por lo que los escoceses seguirán dependiendo de Londres, como hace 307 años. Este resultado deja varias reflexiones para hacer.

Por un lado, y no es una excusa o una acusación, hay que decir que fueron determinantes los votos de los ingleses que viven en Escocia, y que llegan casi a 500.000. Es decir, justamente esos 10 puntos porcentuales del padrón que le dio la victoria al unionismo. A eso hay que sumarle los 120.000 europeos que también pudieron votar y que mayoritariamente también lo hicieron por el NO. En contraposición, los escoceses que viven en el exterior, muchos de ellos en Inglaterra, no pudieron emitir su opinión democráticamente.

Luego, ya analizando un poco este resultado, hay que decir que sorprende la diferencia con respecto a las encuestas de los últimos días, que daban un empate técnico y hablaban de la concreta posibilidad de un triunfo del SI que puso muy nerviosos a los círculos políticos y financieros de Londres. Todos los sondeos previos daban un empate técnico y a lo sumo un 5 por ciento de indecisos. No concuerda con el 10 por ciento de diferencia a favor del NO.

Esto tiene una posible explicación, y es la diferencia de pasión con que se hicieron ambas campañas. La campaña del SI se basó en propuestas positivas sobre los beneficios para los escoceses de gobernarse a sí mismos y el típico nacionalismo identitario y hasta étnico fue virando hacia posiciones mucho más políticas y progresistas en cuanto a la necesidad de un autogobierno para mantener lo que queda del Estado de bienestar y evitar que Londres lo termine de desmantelar con sus políticas neoliberales. La campaña del SI y en general los militantes por la independencia mostraron alegría y orgullo, pero sobre todo muchas ganas de discutir y de participar. Fue lo mejor de este referéndum: el proceso.


Muy por el contrario, la campaña del NO estuvo basada en toda la negatividad de la opción independentista, y sobre todo en un terrorismo económico que alertaba, cuando no amenazaba, con la debacle económica ante la huída de bancos y aseguradoras. No hubo el mismo nivel de discusiones, propuestas, participación ni alegría, ni entre sus dirigentes ni entre sus votantes. Entonces, puede haber habido incluso un voto vergonzante. Es decir, mucha gente que terminó votando NO por diversas razones (por convencimiento o por miedo) pero que no lo dice. No lo decía antes del referéndum ni lo dice ahora. De hecho, casi no se vieron grandes festejos, una situación que contrasta notablemente con lo que hubieran sido las calles de Glasgow o Edimburgo si hubiera ganado el SI.

Ahora bien, ¿quiénse son los grandes ganadores y perdedores de este referéndum?

Por supuesto que entre los grandes ganadores está en primer lugar el Reino Unido, que seguirá existiendo tal como lo conocemos, dominado por Inglaterra, pero con la concurrencia de Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

También son grandes ganadores los Estados Unidos y la OTAN, que veían con muchísima preocupación la pérdida de sus bases bélicas escocesas, principalmente la base de Trident, donde están estacionados los temibles submarinos nucleares de la Armada Británica.

También son ganadores los mercados, los bancos y aseguradoras que habían anunciado que se irían de una Escocia independiente. Y sobre todo la City de Londres, una de las principales plazas financieras del mundo, que evita así una disgregación y competencia.

Y por último, también son ganadores en principio los otros Estados que tienen reclamos independentistas, como España, Italia, Francia o Canadá. Sobre todo Mariano Rajoy, presidente del gobierno español, respiró tranquilo tras el resultado de Escocia, pensando en la consulta catalana prevista para el 9 de noviembre.

¿Y quiénes son los perdedores?

Obviamente los independentistas escoceses y todos los que alrededor del mundo miraban con simpatía y expectativa este referéndum, incluidos muchos argentinos por la aversión que sentimos contra los ingleses. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿no?

Pero creo que hay que dejar que baje la espuma y los análisis no serán tan pesimistas. El resultado es una cosa, pero hay que ver el proceso y en ese sentido creo que la valoración es altamente positiva.

En 2001 estudié en Dubín y en Belfast el conflicto irlandés, y tuve la posibilidad de recorrer de punta a punta Escocia. En ese momento, era impensable un escenario como el de hoy. Nadie hubiera pensado que se haría un referéndum de autodeterminación antes en Escocia que en Irlanda del Norte, donde el conflicto armado ha durado 40 años y ha dejado 5.000 muertos.

Pues bien, es un gran éxito de los escoceses haber mostrado al mundo que son una nación distinta a Inglaterra, donde casi la mitad de la población se manifestó por la independencia y que todo ese proceso se hizo en forma democrática y pacífica.

Los otros independentistas también pueden considerarse perdedores en primera instancia. Sobre todo los catalanes, que están preparando su consulta para el 9 de noviembre. Pero si los sentimientos dejan lugar a un análisis más frío y cerebral, este resultado les da un argumento irrefutable: “¿Por qué no nos dejan expresarnos democráticamente como lo hicieron los escoceses? Al fin y al cabo, si gana el NO todo seguirá como hasta ahora, se respetará el resultado, pero todos tendremos una deuda saldada con la democracia”.


Arthur Mas, presidente de la Generalitat (gobierno catalán), dijo algo así: “El de Escocia es el único camino posible”. En cambio, Mariano Rajoy volvió a incurrir en sus habituales bloopers declarativos al mostrarse exultante por el resultado y felicitar al pueblo escocés por elegir “la seguridad antes que la incertidumbre y la unidad antes que el aislamiento”. Más allá de los motivos jurídicos, ¿qué argumento democrático puede esgrimir entonces Rajoy y el resto del poder de Madrid para no dejar que los catalanes se expresen?

¿Y ahora qué?

Lo que viene ahora también es interesante. En la sociedad no habrá problemas porque como hemos dicho, la campaña fue limpia, civilizada y pacífica. Y porque el independentismo ha dejado atrás el nacionalismo étnico para dar lugar a los argumentos políticos. Entonces, no debería haber más problemas que los que hay después de cualquier otra elección.

Pero Londres tendrá que cumplir la lista de promesas que hizo en el medio de su desesperación. Sobre todo más autonomía a Escocia para la recaudación de impuestos y su destinación al gasto público, principalmente en políticas sociales muy distintas a las de Inglaterra.

Pero ojo, porque no pasará mucho tiempo hasta que los irlandeses del norte y los galeses empiecen a reclamarle a Londres el mismo grado de autonomía dado a los escoceses.

Por último, lo que veremos en los próximos años es una muestra más de real-politik, o más bien de hipocresía política, porque los argumentos esgrimidos por los políticos ingleses en contra de la separación quedarán archivados para dar lugar a todo lo contrario. Seguramente en 2016 o 2017 se realizará un referéndum en todo el Reino Unido por la salida de la Unión Europea. En las últimas elecciones para el Parlamento Europeo realizadas en mayo pasado, ganó el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP, por su sigla en inglés), que es un partido de extrema derecha nacionalista. El UKIP, junto con el Partido Conservador, vienen anunciando el referéndum para salirse de la Unión Europea. Es posible entonces que en los próximos meses empecemos a escuchar a estos dirigentes un discurso contrario al que tuvieron hasta ayer. Eso sí, con los mismo argumentos económicos y financieros. Y paradójicamente, los escoceses que ayer votaron SI a la independencia, en dos años votarán NO a salir de la Unión Europea.


Mariano Saravia.