La tragedia aérea en la que murió esta semana el candidato a presidente de Brasil Eduardo Campos tiene consternado al hermano país, pero más allá de eso, modifica el mapa político con vistas a las elecciones del próximo 5 de octubre.
Eduardo Campos era el candidato de una alianza entre su Partido Socialista y el Partido Verde de los ecologistas. Había sido dos veces gobernador del el nordestino estado de Pernambuco hasta que pidió licencia a principios de este año para dedicarse a la campaña. En su Estado, tenía una popularidad del 80 por ciento, pero a nivel nacional no era muy conocido. De hecho, tenía una intención de votos de entre el 8 y el 10 por ciento de los votos.
La clave ahora está en su candidata a vice, la ecologista Marina Silva, quien se supone que asumirá la candidatura a presidente, potenciada por distintas cuestiones. Marina Silva es una luchadora social de toda la vida, nació en el estado de Acre, de una familia recolectora de caucho, aprendió a leer y escribir recién a los 16 años y se formó políticamente con el líder ecologista Chico Mendes, asesinado por sicarios en 1988. Luego Marina Silva entró al Partido de los Trabajadores y llegó a ser ministra de Medio Ambiente de Lula desde 2003 hasta 2008. Luego se abrió y en las elecciones presidenciales de 2010 fue a segunda vuelta con Dilma Rousseff obteniendo 20 millones de votos.
En definitiva, Marina Silva tiene más popularidad y mejor intención de votos que Eduardo Campos, y esa realidad puede ser potenciada por la tragedia de esta semana. Por eso decimos que cambia totalmente el mapa político pre electoral. Es que hasta la seamana pasada, las encuestas daban a Dilma primera con un 38 por ciento de intención de votos, seguida por Aecio Neves (el candidato de la derecha) con un 22 por ciento, y Eduardo Campos con un 10 por ciento más o menos. Pero ahora, las consultoras están dando a una eventual candidatura de Marina Silva una intención de votos de alrededor del 27 por ciento del padrón.
En el anterior escenario, una segunda vuelta contra Aecio Neves ponía a Dilma ante una elección ganable, ya que se suponía que este sector socialista-ecologista podría terminar apoyando la reelección de la presidenta. Pero ahora todo cambia, porque una eventual segunda vuelta contra Marina Silva complicaría a Dilma. En primer lugar porque compiten por un segmento del electorado, sobre todo de algunos indecisos. Y segundo porque en una segunda vuelta Marina Silva podría recolectar votos por izquierda y por derecha.
Por todo esto, ha cambiado el panorama político brasileño, a menos de dos meses de la primera vuelta electoral.
Reparar la vergüenza
La otra gran noticia de la semana fue el viaje de Cristina Fernández de Kirchner al Paraguay para devolver los muebles del Mariscal Francisco Solano López. Esos muebles le habían sido sustraídos al presidente paraguayo por su par argentino, Bartolomé Mitre, fundador del diario La Nación y dueño de la historia oficial.
La Guerra de la Triple Alianza fue una guerra genocida porque en ella se exterminó al 60 por ciento de la población civil paraguaya y al 90 por ciento de los hombres. Se hizo con una vergonzosa actitud subimperialista de Brasil y Argentina al servicio de los intereses del Imperio Británico que necesitaba la libre navegación de los ríos y el algodón del Paraguay. Y el comandante de esas fuerzas aliadas genocidas fue Mitre, quien había dicho: “En tres días en los cuarteles, en tres semanas en Corrientes y en tres meses en Asunción”. El genocidio duró cinco años, pero terminó destruyendo al Paraguay, que representaba en ese momento la única experiencia de desarrollo con igualdad social del continente. Por eso había que escarmentarlo. Desde ese momento, la historia del Paraguay no fue muy distinta que la del resto de nuestros países.
El mejor ejemplo de la crueldad genocida de los aliados fue la batalla de Acosta Ñú, librada justamente el 16 de agosto de 1869. Con el ejército diezmado, se enfrentaron 20 mil soldados profesionales brasileños y argentinos contra 3.500 niños paraguayos a quienes les habían pintado bigotes y barbas con corcho quemado. Los niños se les colgaban de las polainas a los soldados y éstos los degollaban sin piedad. Cuando luego entraron las madres paraguayas a recoger los cadáveres de sus hijos para enterrarlos, fueron quemadas vivas.
Pero además de genocida, Mitre fue un ladrón, porque le confiscó en la Aduana de Buenos Aires los muebles que Solano López había comprado en Alemania. A través de un testaferro, Mitre se quedó con esos muebles, que luego con el tiempo terminaron en un museo. Esos son los muebles que devolvió la presidenta argentina al gobierno y al pueblo del Paraguay. Es un símbolo muy importante, porque las mismas causas e intereses que originaron esa guerra fraticida son las que siguen vigentes hoy, a 144 años, cuando nuestros pueblos quieren retomar aquel camino de desarrollo con justicia social.
Mariano Saravia.