No hay guerra ni teoría de los dos demonios

El columnista Mariano Saravia no tiene ninguna duda al respecto: “Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza no tiene otro nombre que masacre”.

Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza no tiene otro nombre que masacre. Una masacre cometida por el gobierno del Estado de Israel contra el pueblo palestino. Aunque ya hay denuncias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por eventuales delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra. E incluso algunos se animan a discutir si no constituye un genocidio.

En dos semanas de bombardeos incesantes, ya han muerto más de 700 palestinos, más del 75 por ciento civiles, según la ONU. Y un dato espeluznante: hay más niños asesinados que combatientes de Hamas abatidos. Del otro día, hay 32 muertos israelíes, uno de ellos civil. Los restantes 31 son soldados muertos en la última semana a partir de la invasión terrestre de la Franja de Gaza.

Para conseguir mayor destrucción y muerte, Israel bombardea desde tierra, cielo y mar esa pequeña región de 400 kilómetros cuadrados que es la de mayor densidad de población del mundo. Además, según denuncias de médicos occidentales que trabajan allí, Israel estaría empleando armas prohibidas como bombas de fragmentación, metales pesados y fósforo blanco. Por eso serían crímenes de guerra. Aunque lo que hay no es una guerra, si la hubiera, también estos actos constituirían delitos porque incluso en las guerras hay normas internacionales. Y el peor delito de todos es abusar de la fuerza a sabiendas de que se está masacrando a población civil. Ayer dispararon contra una escuela de la ONU ocasionando 15 muertos. Anteayer bombardearon dos mezquitas. Y el lunes dos hospitales. ¿Qué justificación hay para eso?

Aunque usted no lo crea, los agresores ponen justificaciones y algunos comunicadores lo repiten. Dicen que el objetivo es destruir los túneles por donde los guerrilleros de Hamas se meten al territorio israelí. Dicen que buscan destruir los refugios donde se esconden los cabecillas de la milicia armada palestina y los lugares desde donde se lanzan los cohetes contra territorio israelí.

Argumentos que denotan falacias e hipocresías. Los túneles pueden ser perfectamente controlados del lado de Israel porque la Franja de Gaza es un territorio muy pequeño, de 40 kilómetros de largo por 10 de ancho. A los cabecillas de la milicia armada no los van a encontrar ni a destruir, y eso lo sabe muy bien Israel, como también sabe que en sus ataques quienes mueren son civiles y no combatientes. Y si el problema son los cohetes, Israel tiene formas muy eficientes de neutralizarlos. La prueba está que casi nunca producen víctimas. Según propios informes del Estado de Israel, el sistema Cúpula de Hierro tiene un 90 por ciento de efectividad contra los cohetes de Hamas.

Por todo esto, es falso querer instalar una suerte de Teoría de los Dos Demonios a nivel internacional, diciendo que lo que hay es una guerra entre dos bandos igualmente malos. Lo que hay es un Estado que tiene uno de los ejércitos más modernos y poderosos del mundo, y que está atacando con terrorismo de Estado a una población civil. Ese Estado ocupa territorios que no le corresponden como Cisjordania y las Alturas del Golán. La ONU le ha ordenado mediante distintas resoluciones que se retire de esos territorios y ese Estado sigue construyendo colonias.

Del otro lado, hay un pueblo que sufre una verdadera ocupación colonial y en algunos casos está siendo exterminado. En Gaza, el bloqueo criminal ha transformado ese territorio en una verdadera cárcel a cielo abierto. Y Cisjordania es un gran campo de concentración, porque sus habitantes no pueden moverse ni ir de un pueblo al de al lado sin pasar por los retenes de las fuerzas de ocupación. Esto genera la lógica resistencia que cualquier pueblo experimenta frente al ocupante. A veces esa resistencia es pacífica y a veces no. En Cisjordania gobierna Al Fatah, más moderado, y en Gaza gobierna Hamas, una expresión política del islamismo radical.

Pero Israel sabe que nunca va a terminar con Hamas. Por eso, la verdad es que la actual masacre constituye un castigo político al pueblo palestino. Y además, busca no avanzar con el proceso de paz que se había reiniciado a principio de año.

Hace un par de meses Al Fatah y Hamas habían iniciado un proceso de negociación para reunificar Gaza y Cisjordania y llamar a elecciones en un clima de unidad. Eso es lo que busca romper Israel, para poder decir que no tiene interlocutor válido y evitar sentarse a discutir seriamente la constitución de un Estado Palestino.

¿Y por qué no quiere un Estado Palestino? Porque el gobierno está conformado por el partido derechista del Likud, del primer ministro Benjamin Netanyahu, en coalición con el partido Israel es Beitenu, de extrema derecha del canciller Avigdor Lieberman, y el otro partido de extrema derecha Casa Judía, de Naftalí Bennett. Esta coalición en el gobierno constituye una ocupación colonial que incluso plantea seguir anexando tierras de Cisjordania, como áreas enteras de Judea y Samaría. Está la tierra, pero también está el agua, recurso estratégico y escaso por esas latitudes. Y también están las reservas de gas del mar de Gaza, que podrían ser explotadas en una alianza con Rusia. Estos son los verdaderos motivos atrás de la masacre. Porque si al gobierno de Israel realmente le importara la seguridad de sus ciudadanos, intentaría fortalecer a las facciones palestinas más moderadas, intentaría negociar y que los palestinos tengan un Estado lo más estable y previsible posible.

Termino con un dato que habla por sí mismo: un nene de seis años, ya ha vivido tres campañas de exterminio como esta de hoy. La de diciembre de 2008 llamada Plomo Fundido, con 1.300 muertos, la mayoría civiles, entre ellos más de 300 niños. La de noviembre de 2012, llamada Pilar Defensivo, con más de 200 muertos, la mayoría civiles. Y esta de ahora, llamada Margen Protector, con un resultado parcial de más de 700 muertos, el 75 por ciento civiles, entre ellos 200 niños.

¿Cómo crecerá ese niño palestino que hoy tiene 6 años? ¿Tiene algún otro destino que no sea engrosar las filas de las brigadas armadas de la resistencia? En definitiva, con cada masacre de palestinos, Israel engendra (además de muerte) más odio, más resistencia y más inseguridad para sus propios ciudadanos israelíes.

Mariano Saravia.