Europa: El neofascismo al poder

Las elecciones legislativas europeas hicieron realidad todos los miedos, se consolidó el avance –y en algunos casos el triunfo- de la extrema derecha, racista y antieuropea.

Luego de un permanente avance en los últimos años, ganaron el neofascista Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia y el Partido Independentista del Reino Unido. Pero también obtuvieron muy buenos resultados los partidos derechistas xenófobos de Holanda, Dinamarca, Finlandia, Hungría, Italia y Grecia, entre otros.

Marine Le Pen, quizá la más mediática, está llamada a jugar como lidereza y buscar conformar un grupo eurogrupo en el Parlamento de Estrasburgo. Aunque parezca una contradicción en sí misma, estos partidos intentarán ahora unirse para romper la unidad de Europa. Están en contra de la moneda única y de toda construcción supranacional. Dicen que defenderán sus independencias nacionales y lo harán todos juntos, contra el resto.

Es decir, el eje político se ha corrido. Ya no será más el falso eje izquierda – derecha, sino que será proeuropeos (izquierda y derecha juntos) contra antieuropeos (extrema derecha).

Hay que aclarar que cuando decimos “izquierda” nos referimos a la izquierda europea, la izquierda aggiornada, la izquierda civilizada, la izquierda posible, y muchísimos adjetivos más. En definitiva, cuantos más adjetivos, menos izquierda. Es el socialismo de bajas calorías que empezó con los recortes de austeridad en Portugal, España y Grecia. Que hoy lo hace en Francia. El mismo socialismo light que en Argentina crea el Faunen.

En definitiva, cuando las supuestas alternativas populares, como es o debería ser la izquierda, no cumplen con su misión natural que es defender los intereses de los pueblos, éstos buscan refugio en otras alternativas. Puede ser en alternativas de una izquierda distinta, más decidida y más real, o en alternativas populistas de derecha. Sobre todo, cuando esos pueblos vienen soportando desde hace años la pérdida de derechos a partir de una crisis que comenzó siendo financiera pero después se tornó económica, política y moral.

Haríamos bien en recordar que a partir de la crisis financiera mundial del ’29, en Europa se consolidaron salidas dramáticas como las de Mussolini en Italia, Hitler en Alemania y Franco en España. Esto ocurre por la combinación de ignorancia y miedo, que conduce directamente al racismo y al fascismo en general. Y es lo que pareciera estar pasando hoy en la más vieja que nunca Europa.

Aunque entre tanta señal de alarma, llegaron dos buenas noticias desde Grecia y España. En Grecia ganó y se consolida como primera fuerza política Syriza, el partido de izquierda que más cerca está del Socialismo del Siglo XXI fuera de América Latina. Su líder, Alexis Tsipras, vive poniendo como ejemplos los procesos políticos de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y Brasil. No para copiarlos porque de hecho, entre ellos también hay muchas diferencias, pero si para tomarlos como referencia y mostrarles a los electores griegos que sí hay otro camino, que la historia no ha terminado y que hay otra manera de oponerse a la Troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea) que no sea desde el neofascismo.

La otra buena noticia llega de España, porque el debutante partido Podemos sacó el 8 por ciento de los votos, ante la debacle del bipartidismo tradicional. Entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español (nada de socialista y nada de obrero) sacaron menos del 50 por ciento de los votos. Y en ese contexto apareció Podemos, creado hace sólo tres meses, primera expresión de un proyecto político a partir del movimiento de los indignados del 15 M de 2011. Lo mejor de la irrupción de Podemos es que no sólo a España, sino a toda Europa, muestra que es posible trabajar con un proyecto político para trascender la propia indignación contra el sistema. Lo otro era pura catarsis.

Queda un dato para analizar de las elecciones: el abstencionismo llegó casi al 60 por ciento del padrón. Es decir que en general , de cada 10 ciudadanos en condición de votar, fueron a las urnas sólo 4. Paupérrimo resultado que debería alertarnos más de lo que lo hace. En su libro Ensayo sobre la lucidez, José Saramago plantea el hipotético escenario de un pueblo en el que el 83 por ciento del padrón vota en blanco. Es decir, va a votar pero no elige a nadie, dando un claro e inquietante mensaje que lo que hace es poner en duda a la democracia misma. Decía Saramago que eso ocurría muchas veces, quizá no en el porcentaje del libro, pero sí ocurría. Sólo que la gente se abstiene y se queda en su casa. Pero si se le prestara más atención ese también es un mensaje claro e inquietante que nos interpela respecto a qué tipo de democracia están construyendo algunos países.



Mariano Saravia.