La ira de dios y la ira del pueblo

La alquimia errática cosecha la metafísica de un sacrílego Maldoror borracho que recita pregones en todos los puertos de la vieja Europa.

Foto: Nacho Gaffuri / Archivo
Foto: Nacho Gaffuri / Archivo

A latigazos la ira de dios se descarga sobre las poblaciones. Ha caído Sodoma y Gomorra. La muerte ha citado al esclavo en Samarra y no en el mercado, donde aquel fue sorprendido cuando escapaba de la condena silenciosa del Visir. También la ira de dios cayó sobre Saló.

Los navíos desvencijados fueron chupados en el mediterráneo con cientos de hombres y mujeres y niños y ancianos buscando el paraíso. Siempre será posible la utopía para quien imagine el horizonte. Los que flotan en los ríos, esos cuerpos perdidos e hinchados, no tienen puerto ni bahía; quemados al sol hacen la ruta marina del eterno retorno en círculo y son desaparecidos porque no hay avistaje para los perdedores.

La alquimia errática cosecha la metafísica de un sacrílego Maldoror borracho que recita pregones en todos los puertos de la vieja Europa. África es América porque América es su reverso y espejo. Somos el sur y existimos antes que la denominación nos creara. Las palabras y las cosas. La silla en la cabeza y un tal Borges conviven en la fronda.

Telúrica fe en antepasados sin nombre, des nombrados y malditos. He visitado las tumbas sin flores. Toda una filosofía de la ira se despliega por debajo, subterránea y vital que remueve las placas tectónicas de la cultura americana. Hay que esperar agazapados pero en trance esos procesos populares como lo hacen los volcanes centinelas. La erupción va por dentro de la cultura y la sociedad; y no ha de venir ningún colono a decirnos que éste es el momento.

Aquí parimos las letras que escupimos y vuelan con el cordón umbilical más firme que nunca. No queremos el despegue por más que la ciencia lo indique, lo imponga, lo haga a razón de pura hegemonía. Debemos estar más atados que nunca y trenzarnos en nudos.

Una masa informe es una masa despegada de sus cordones umbilicales. Dar la teta al niño vecino de madre muerta, el abrazo al amigo vencido, al compañero triste, al vago adicto, al linyera de rostro ajado por la luna. Es la forma de estar en este mundo que nos desgarra, es la miel que cultivamos de nuestros panales.

Somos carnaval y llanto, miseria tecnológica y riqueza energética, vitalistas por naturaleza que cantamos cuando baja el sol de vergüenza y se esconde a llorar en las quebradas y montañas. Como dice la canción de Pity: “Somos indios latinos con guitarra eléctrica y comunicados a través de internet”.