Por ahora, Bachelet no es el cambio

El analista político internacional Mariano Saravia reflexiona acerca del nuevo desembarco de la chilena como mandataria del vecino país.

Los políticos y medios opositores de la Argentina siguen con su costumbre de poner como ejemplo de todo a Chile, seguramente el país más desigual, o uno de los más desiguales de la región. Ahora aplauden a la presidenta Michelle Bachelet por lo que llaman “reforma educativa”.

Es cierto que Bachelet llegó a su segundo mandato con las promesas de una reforma tributaria y otra educativa, para terminar con lo que la Unesco considera el sistema educativo más injusto y desigual del mundo. Y en ese contexto, contó con el apoyo decisivo de los estudiantes, aunque ese apoyo no fue un cheque en blanco.

Varios de los líderes del movimiento estudiantil que desde el 2011 viene zamarreando la modorra de la sociedad chilena, hoy son diputados aliados estratégicos pero críticos del gobierno. Ahí están Camila Vallejo, Karol Cariola, Giorgio Jackson y Gabriel Boric.

Y son justamente ellos los que encabezaron las primeras marchas en Valparaíso y Santiago en contra de la reforma educativa que esta semana la presidenta mandó al Congreso.

Como ya se dijo, los medios y políticos de la reacción liberal conservadora exaltan a Bachelet como la representante de una izquierda “seria”, una izquierda “aggiornada”, una izquierda “republicana”, y muchos otros adjetivos. Es decir, cuantos más adjetivos, menos izquierda. En realidad, es la expresión más acabada del socialismo de bajas calorías que se identifica con el que comenzó con los ajustes neoliberales en Portugal, España y Grecia, con el que los continúa hoy en Francia e Italia, con el que de hecho ya gobernó Chile en épocas de Ricardo Lagos y el primer mandato de la misma Bachelet, y el que en Argentina se alía con exponentes del conservadurismo como Cobos, Sanz o Carrió.

La famosa reforma educativa de Bachelet consiste en recaudar más mediante la reforma tributaria y destinar unos cinco mil millones de dólares a la educación, para aliviar la carga económica de los estudiantes universitarios. Es decir, simplemente una variante de la política educativa de Sebastián Piñera. El ex presidente de derecha decía: “Todo cuesta, y la enseñanza también”. Y de esa forma dejaba librada al mercado la educación universitaria. Bachelet lo que hace es destinar enormes sumas de dinero de las arcas públicas para subsidiar el negocio privado en torno a la educación. Algo que está muy lejos de los reclamos de los estudiantes y los profesores por una educación verdaderamente pública, gratuita y de calidad.

La pre presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), Melissa Sepúlveda, dijo al respecto: “El contenido es insuficiente y se contradice con las expectativas que generó el actual gobierno, ya que no garantiza el fin de la educación de mercado ni sus excesos. En ningún caso hay una medida clara de fortalecimiento de la educación pública”.

Por otro lado, los estudiantes denuncian que no fueron consultados. “Los proyectos los generaron entre cuatro paredes. El ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, señaló que conversó con nosotros, pero nunca fue así”, dijo la dirigente estudiantil.

En la misma línea, la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios consideró que “con estos proyectos de ley el gobierno asume un compromiso con los empresarios dedicados al sector educativo”.

El vocero nacional de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios, Ricardo Paredes, dijo en tanto que confía en poder debatir los tres borradores con el Gobierno: “Esperamos que el ministro de Educación nos los haga llegar a nuestras manos”.

En definitiva, lo más trascendente en Chile no es el cambio de gobierno (por supuesto que es mejor Bachelet que Piñera, aunque no suficiente) ni esta parodia de reforma, sino el despertar participativo y democrático de un pueblo. En Chile se está gestando un cambio profundo, pero desde abajo. Y si no lo ve y no lo encabeza el actual gobierno de Bachelet, perderá el tren de la historia, porque el cambio llegará, más tarde o más temprano, con o sin ella.



Mariano Saravia.