Los acontecimientos se desencadenan y los mapas cambian en tiempo real, mientras tenemos la certeza como nunca de estar asistiendo en vivo a la historia que acontece ahora. Desde esta semana, existe en el mundo un nuevo Estado de hecho, llamado Novorossia, y conformado por los ex oblast (regiones) del este de Ucrania: Lugansk y Donetsk.
En estas dos regiones el domingo se celebraron sendos referéndums en los que votó más del 75 por ciento del padrón y en los que la mayoría optó por la secesión (90 por ciento en Donetsk y 93 por ciento en Luganks). El lunes se declaró la independencia de ambas regiones y a partir del martes se establecieron contactos entre ellos para darle forma a Novorossia primero, y con la Federación Rusa para una eventual anexión luego.
A pesar de que Ucrania no reconozca estas decisiones, de hecho estas regiones ya se manejan autónomamente desde hace semanas y Kiev ha perdido cualquier control de la situación. Ni siquiera se podrán realizar las elecciones presidenciales del próximo 25 de mayo, para las que el candidato principal (con una intención de voto de cerca del 40 por ciento según todos los sondeos) es Piotor Poroshenko. En los últimos días, Poroshenko sumó un ataque más a los pro rusos, como los otros candidatos. Yulia Timoshenko había llegado a decir que exterminaría a todos los rusos y pro rusos con armas nucleares. Ahora, Poroshenko declaró que si gana, prohibirá la televisión llegada de Moscú y que si tiene que dinamitar las torres para evitar esas emisiones, lo hará.
Estas declaraciones pasan largamente el tono destemplado y no son sólo anecdóticas, sino que pueden explicar en algo el actual caos y la situación actual, al borde de la guerra civil. Es que prácticamente la mitad de los ciudadanos ucranianos son de origen ruso, de lengua y cultura rusa. Es más, lo que enardeció a estas poblaciones en Crimea, Donetsk, Odesa, Slaviansk o Luganks, no fue tanto el neogolpe que desalojó del poder a Víctor Yanukovich. Ni siquiera que el gobierno pro occidental surgido del neogolpe estuviera atravesado por el partido Sboboda, el principal partido neonazi de Europa. No, lo que más enardeció a la población rusófila de Ucrania fue que el nuevo gobierno, como primera medida, aboliera el ruso como segunda lengua oficial.
Ante el ninguneo de las nuevas autoridades de Kiev, e incluso la represión con artillería del ejército ucraniano a poblaciones civiles como en Slaviansk o en Odesa, los rusófilos optan por la vía más lógica: la secesión. Porque el Estado ha dejado de protegerlos y más que eso, se ha transformado en una amenaza contra ellos. Porque tienen razones de peso, tanto culturales como históricas para ello. Y además, porque la correlación de fuerzas (bélica y económica) les da para ello. No hay que olvidar que estamos hablando de la región más industrializada de Ucrania.
Pero entonces viene lo peor de esta película, y es ni más ni menos que el efecto dominó que podría producirse hasta la total balcanización de lo que alguna vez fue Ucrania. Es que no se puede culpar de la actual situación a Putín y su supuesta intención expansionista, sin caer en simplismos y tergiversaciones como lo hace la gran prensa hegemónica de Occidente, incluida la de Argentina. Si fuera sólo un problema achacable a un Putín que quiere recrear el Imperio Ruso o la Unión Soviética, no habría peligro de que las regiones del oeste de Ucrania empiecen a mirar con atención lo que están haciendo los rusófilos del sur y el este. En el oeste, minorías polacas, húngaras y rumanas ya están tendiendo puentes con sus respectivas madre patrias.
Así las cosas, el juego geopolítico parece estarle saliendo mal a los popes de la Unión Europea y Estados Unidos, porque si buscaban acorralar y herir al gran oso blanco ruso, lo que están logrando es destruir a la propia Ucrania. Ya lo dijo y lo sigue diciendo el estratega del Pentágono Zbigniew Brzezinski, quien cuando era asesor de Jimmy Carter dictaminó: “No bastará con destruir a la Unión Soviética, lo que necesita Estados Unidos es destruir la propia Rusia”. El objetivo es dominar el Heartland (corazón de la tierra) que es justamente esta zona geoestratégica de Eurasia.
Pero con las jugadas de los últimos meses, Occidente lo que está logrando es todo lo contrario, destruir la propia Ucrania, un Estado que tenía como razón de ser el funcionar como nexo entre Rusia y Europa.
Cambian los mapas, cambian las situaciones, cambian las correlaciones de fuerza. Y seguimos asistiendo a la historia en tiempo presente.
Mariano Saravia.
¿Nace el Estado de Novorossia?
¿Qué está pasando en Ucrania? ¿Cuál es el papel de Rusia y de Estados Unidos? La mirada del analista internacional Mariano Saravia al respecto.