La tensión en Ucrania se trasladó, desde su capital Kiev, hasta la península de Crimea, en el Mar Negro. Se trata de una región sintomática, porque aquí más que en ningún otro lugar de Ucrania se evidencia el conflicto de identidad de este país. De hecho, Ucrania quiere decir frontera, frontera entre Europa y Rusia. Eso es lo que fue históricamente Ucrania, ya que su parte occidental formó parte de Alemania, de Polonia, del Imperio Austro-Húngaro. Y su parte oriental y sur, del Imperio Ruso.
En los últimos tiempos, Ucrania sirvió de colchón entre la Unión Europea y Rusia, pero la embestida de las últimas semanas que terminó con el derrocamiento de Víktor Yanukovich, tuvo como principal objetivo de los europeos y norteamericanos llevar acabar con ese colchón y llevar la frontera a la mismísima línea del límite con Rusia. El objetivo más que claro es implantar allí un escudo antimisiles y acorralar al “gran Oso Blanco”, que ahora está pareciendo reaccionar herido.
Entonces sí, toda la tensión se traslada a Crimea, donde este conflicto se ve más dramáticamente claro y donde el juego de ajedrez amenaza en convertirse en una guerra franca. Crimea fue primero de los turcos otomanos, pero a partir del siglo XVIII fue del Imperio Ruso, y luego de la República Socialista Soviética de Rusia, dentro de la URSS. Hasta que a José Stalin lo sucedió el ucraniano Nikita Kruschev, quien no tuvo mejor idea que traspasar la penísnsula entera a Ucrania. Esa situación no fue problemática mientras duró el régimen soviético, pero después de 1991 empezaron los reclamos rusos por su histórico territorio.
A eso se suma que Crimea es la región de Ucrania donde es más notoria la mayoría étnica rusa, que llega al 60 por ciento de la población. Y este jueves, su parlamento autonómico votó por unanimidad la anexión lisa y llana a la Federación Rusa. El gobierno de Vladimir Putin, por su parte, hace todo lo posible para fogonear esta movida secesionista y anexionista, luego de la derrota que supuso la caída de Yanukovich.
En la práctica, Moscú está de nuevo en el centro de la escena mundial y tomando cada vez más protagonismo. Estamos frente a los acontecimientos históricos en pleno desarrollo, y lo que genera más incertidumbre es vislumbrar hasta dónde llegará la respuesta de Occidente.
La Unión Europea ha venido actuando según los dictados de Washington, pero en los últimos días y ante la jugada a fondo del Kremlin, la Casa Blanca también está moviendo sus fichas. John Kerry estuvo en Kiev, dando apoyo político y financiero (bastante escaso por cierto, sólo mil millones de dólares) a las nuevas autoridades ucranianas. Y el propio presidente Barack Obama salió con los tapones de punta a cuestionar la legalidad de las acciones de Putin.
La cosa es saber hasta dónde llegará la reacción occidental. La posibilidad de un enfrentamiento armado entre Rusia y Ucrania no es descabellada, basta recordar la guerra relámpago que desató Rusia en 2008 contra Georgia por Osetia del Sur. Es una forma del gigante euroasiático de seguir teniendo influencia en Europa y no quedar restringido a ser una potencia asiática. Necesita por todos los medios mantener su flota del Mar Negro en las bases de Sebastopol y su influencia en los Cárpatos.
Ahora bien, ante una guerra ruso-ucraniana, ¿qué hará Europa, y sobre todo qué hará Estados Unidos? Si me apuran, creo que dejarán sola a la pobre Ucrania, que no tiene ni para empezar una resistencia contra los rusos. Ucrania mantiene el segundo mayor ejército de Europa, justamente atrás de Rusia. Pero las diferencias son abismales. Mientras Moscú tiene 600 mil soldados, Kiev cuenta con 130 mil. Rusia tiene 2.800 tanques y Ucrania 700. Rusia tiene 1.800 aviones y Ucrania 200. Rusia tiene 237 barcos de guerra y Ucrania 26. Y así podríamos seguir comparando.
¿Y por qué digo que dejarán sola a Ucrania? Pues simplemente porque Estados Unidos hace valer su espíritu bélico imperialista contra países indefensos, como Afganistan, Irak y Libia. Pero no se mete con verdaderas potencias, muchísimo menos con una potencia nuclear de la envergadura de Rusia.
La otra posibilidad es una fuerte embestida diplomática y económica, que ya estamos viendo, de los europeos y yanquis en contra de Rusia. Que sanciones económicas, que la van a expulsar del G8. Que esto, que aquello. Pero también aquí vale preguntarse hasta dónde están realmente dispuestos a llegar. Ya afloró la primera discrepancia, cuando Angela Merkel puso en dudas la conveniencia de sanciones tan severas. Es que Europa en general, pero sobre todo Alemania, Austria, Italia y otros países europeos dependen absolutamente del gas ruso, que llega justamente a través de Ucrania.
Ucrania y Crimea han sido históricamente lugares de cruces de civilizaciones, lugares de fronteras y escenarios de guerra. La Guerra de Crimea, entre 1854 y 1856, enfrentó por un lado a turcos, ingleses y franceses contra los rusos. En la Primera Guerra mundial la mitad de los ucranianos estuvo con Alemania y la otra mitad con los rusos. Y luego en la Segunda Guerra Mundial pasó algo parecido. Muchos de los ucranianos pro occidentales tomaron a los nazis como salvadores y colaboraron con el exterminio de los judíos. Pero también es cierto que la mayoría de las batallas se dieron en el llamado “Frente Oriental”, donde el Tercer Reich tuvo el 93 por ciento de sus bajas. En ese freno al nazi fascismo, los ucranianos pusieron 5 millones de muertos, y los soviéticos 9 millones de soldados que cayeron en los rubios campos de trigo de Ucrania. En Crimea la cosa fue más emblemática, porque todavía se nombra como heroica a la ciudad de Sebastopol, por su resistencia al sitio nazi. Lo mismo cuenta para el puerto de Odesa. Y en el balnerario más famoso de Crimea, Yalta, se desarrolló la conferencia de paz entre Stalin, Churchill y Roosevelt, en donde las potencias se repartieron el mapa.
Todo esto está en juego por estas horas en Crimea, más allá de sus 26.000 kilómetros cuadrados (poco menos que la provincia de Misiones).
En realidad, no está en juego la integridad territorial de Ucrania ni la recuperación de un territorio históricamente ruso para Moscú. Lo que está en juego es la resignificación del mapa europeo y geoestratégicamente la posibilidad de seguir en un mundo cada vez más multipolar o volver al hegemón que fue Estados Unidos.
Mariano Saravia es periodista y magister en Relaciones Internacionales
Autor de los siguientres libros:
- Naciones Secuestradas (País Vasco, Irlanda del Norte y Quebec)
- Embanderados (el por qué de los diseños y colores de nuestras banderas)
- La sombra azul (la represión ilegal de la Policía de Córdoba en los '70)
- El grito armenio (crónica de un genocidio y de la lucha por su reconocimiento)
- Honduras Hoy (el golpe, la resistencia, la represión)
- El golpe paraguayo
- Genocidios Argentinos del siglo XX
- El Plan de Operaciones de Mariano Moreno
- Belgrano, el preferido
- Fiestas populares de Córdoba
En Facebook: marianosaraviaperiodista
En Twitter: @marianosaravia7
Análisis internacional: Lo que se juega en Crimea
El analista político Mariano Saravia, nos ofrece una mirada sobre lo que está ocurriendo en Ucrania y las luchas de poder entre Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea.