Crimea es el Estado que duró menos tiempo, un día. El lunes pasado declaró su independencia y el martes firmó su anexión a la Federación Rusa. De hecho, después de 60 años, volvió a ser parte de Rusia, a la cual perteneció históricamente la península sobre el Mar Negro. En 1954, el presidente de la Unión Soviética, el ucraniano Nikita Krushev, “regaló” Crimea a Ucrania, pero como todos estaban dentro de la URSS, no hubo grandes problemas en ese momento. Pero luego de 1991, con el desmembramiento de la Unión Soviética, los rusos comenzaron a reclamar la vuelta de Crimea a la Madre Patria.
Ahora, con el neogolpe contra Yanukovich, Occidente intentó acorralar a Rusia y llevar sus fronteras hasta su mismísima entrada. Fue un movimiento de ajedrez dentro de la reeditada y remozada Guerra Fría.
Pero si en algún momento hubo alguna duda sobre la reacción rusa, esta semana se vio claramente, con la reincorporación de Crimea. Rusia actuó decidida y contundentemente ante lo que fue una agresión que tuvo su origen en Occidente. Rusia con esto mostró sus dientes y demostró que sigue es un jugador de peso en el contexto internacional.
Y ante la jugada rusa, la contrarrespuesta de Occidente también es digna de analizar por partes.
En cuanto a la retórica y el declaracionismo, hubo denuncias contra Rusia por un supuesto afán expansionista y por actuar fuera de la legalidad internacional. Vladimir Putin se lo dejó muy claro en una conversación telefónica a Barack Obama: “No hemos hecho ni más ni menos que lo que hicieron ustedes con la secesión de la provincia serbia de Kosovo”. También allí hubo una declaración unilateral de independencia.
Y nosotros podríamos agregar muchos otros ejemplos, sobre todo la impresionante expansión de los Estados Unidos en el siglo XIX robándole a México más de la mitad de su territorio. Pero el mejor ejemplo es Texas, un territorio mejicano adonde empezaron a llegar colonos estadounidenses que en 1836 se levantaron en armas (apoyados por el vecino del norte) y declararon la independencia del estado. Más adelante, en 1845, decretaron su anexión a Estados Unidos.
Desde el punto de vista bélico, más allá de los temores no hubo ningún atisbo de reacción. El mundo occidental, que había embarcado a los ucranianos proeuropeos en esta aventura antirusa, los dejó solos y éstos no tuvieron otro remedio que rendirse rápidamente y desalojar Crimea. Obama dejó muy en claro que su política imperialista le alcanza para meterse con los débiles (Irak, Afganistán, Libia), pero nunca con una potencia nuclear como Rusia.
Y por último, desde el punto diplomático y económico es donde ha habido una reacción un poco más decidida, aunque hasta cierto punto. Rusia fue excluida de la próxima cumbre del G8, y se dio a conocer una lista de funcionarios rusos a los que Estados Unidos les denegará la visa, algo que parece no preocuparles demasiado.
Y aquí es donde se plantea la sospecha. ¿No será que en el fondo Estados Unidos le está jugando en contra a sus propios aliados europeos? Primero porque hay que recordar que todo este caos político que terminó en la destitución de Yanukovich empezó por las protestas fogoneadas por Occidente para firmar un tratado con la Unión Europea. Después de más de 100 muertos y la bancarrota del Estado, ahora Europa tendrá que hacerse cargo de esa mochila que hoy por hoy significa Ucrania, más allá de su valor geoestratégico. Estamos hablando de un país que tiene comprometido el 99 por ciento de su PIB en deuda y que tiene su economía destruida. Además, que dependía mayoritariamente de su intercambio comercial con Rusia, sobre todo en cuestión de provisión de hidrocarburos.
Y ese problema de la provisión de gas y petróleo también podría sufrilo la propia Europa, que depende en gran parte de la energía que viene de Rusia. Entonces la pregunta se cae de maduro, ¿qué margen tienen Ángela Mekel y los otros líderes europeos para seguirle el juego a Obama en este ajedrez contra Moscú?
¿No será que Washington está jugando a dos puntas, intentando dañar a sus socios europeos, tensando la cuerda para que los grandes capitales rusos saquen sus pies de la Bolsa de Londres para que los activos que se salven vayan a parar a Wall Street?
Los millonarios rusos tienen hasta equipos de fútbol en Europa, son dueños de medio continente. Es fácil imaginar qué pasará si buscan otros horizontes.
Y en el ámbito estatal sucede algo parecido, ante la hostilidad económica de Occidente, Rusia no tendrá problemas en acercarse cada vez más a China, a India, a otros países emergentes e, incluso, a Sudamérica.
Por eso, esta crisis puede incluso constituir una oportunidad para nosotros, si es que sabemos aprovecharla. Y más allá de eso, sin creer que en esta historia hay buenos y malos, lo cierto es que siempre será una buena noticia que alguien le ponga límites a una potencia con aspiraciones de hegemón, como lo es Estados Unidos.
Hoy, después de la crisis de Crimea, para bien de todos, estamos en un mundo más multipolar.
Mariano Saravia.
Crimea, el Estado más efímero de la historia
Dice el columnista: “Crimea es el Estado que duró menos tiempo, un día. El lunes pasado declaró su independencia y el martes firmó su anexión a la Federación Rusa”.